Este inicio de año es un buen momento para reflexionar sobre uno de los retos más apremiantes que enfrentamos: el empleo. Canarias lleva sobre sus hombros el peso de unos índices de pobreza y exclusión social que se resisten a ceder pese a los esfuerzos que hemos desplegado durante años. Tres de cada diez ciudadanos viven en una situación que no debería ser aceptable en una sociedad que se precie de equitativa

La pobreza y la exclusión son problemas estructurales y, como tales, requieren soluciones estructurales. Es fácil decirlo, pero no así lograrlo. Sin embargo, no hay otra vía. Las herramientas están sobre la mesa: diversificar nuestra economía, apostar por la profesionalización de sectores estratégicos, revitalizar el sector primario y aprovechar las enormes posibilidades que nos brinda la innovación, el desarrollo tecnológico y las energías renovables. Esta última, en particular, representa una oportunidad ineludible. No solo para mitigar los efectos del cambio climático, sino también para generar empleo de calidad y sostenible. Pero no se trata solo de una transformación económica: se trata de una transformación social.

En este esfuerzo, La Gomera no puede ni quiere quedarse al margen. Desde el Cabildo hemos asumido un compromiso inequívoco con quienes encuentran mayores dificultades para acceder al mercado laboral. Pienso, por ejemplo, en esas personas mayores de 60 años que, tras toda una vida de esfuerzo, ven cómo las puertas del empleo se cierran sin razones aparentes. Es injusto y, además, una pérdida inmensa de talento, experiencia y compromiso. Por eso, hemos desplegado iniciativas dirigidas a su inserción laboral, porque creemos firmemente en el valor que aportan y en la dignidad que supone ofrecerles nuevas oportunidades.

Nuestro papel también pasa por convertirnos en facilitadores. No podemos hacer esto solos. Necesitamos de la implicación del sector privado, de los agentes sociales y, por supuesto, del respaldo de otras instituciones. El reto de diversificar la economía y fortalecer nuestra competitividad es de todos, y solo juntos podemos hacer frente a los desafíos sociales que, aún hoy, nos golpean con dureza.

También debemos ser conscientes de que no se trata de sustituir nuestro modelo económico, sino de corregir sus debilidades. Nadie duda de que el turismo es y seguirá siendo un pilar fundamental para Canarias. Pero debemos avanzar hacia un modelo que sea más inclusivo, cualificado, con salarios dignos, que no deje a nadie atrás y que permita que las bondades de nuestra economía lleguen a todas las familias.

Tenemos por delante una oportunidad única. No podemos permitir que las dificultades actuales nos paralicen, sino que deben servirnos de acicate para impulsar el cambio que necesitamos. Nuestra tierra tiene un potencial extraordinario y es nuestra responsabilidad colectiva convertirlo en resultados tangibles. Canarias puede y debe ser un referente no solo en turismo, sino también en sostenibilidad, innovación y empleo digno.

La solución no llegará de la noche a la mañana, pero cada paso que demos en la dirección correcta cuenta. Y en La Gomera lo estamos dando, convencidos de que el empleo no es solo una estadística: es la llave para reducir la pobreza, combatir la exclusión social y garantizar un futuro digno para todos nuestra ciudadanía. Porque, al final, ese es el verdadero objetivo: que nadie se quede atrás.

Casimiro Curbelo. Presidente del Cabildo de la Isla de La Gomera.

La televisión pública, como servicio financiado por todos, tiene la responsabilidad de ofrecer contenidos que reflejen el respeto a la diversidad de creencias y sensibilidades de su audiencia. Sin embargo, en el reciente programa de fin de año, fuimos testigos de un lamentable episodio protagonizado por una de sus presentadoras. En una parodia que pretendía ser humorística, la conductora utilizó una imagen del Sagrado Corazón de Jesús de una manera que muchos consideran irrespetuosa y ofensiva

unnamedEsto nos lleva a una pregunta inevitable: ¿Es necesaria tanta zafiedad y vulgaridad para triunfar? Parece que en ciertos sectores existe la creencia de que el escándalo y la provocación son ingredientes esenciales para captar audiencia. Pero, ¿a qué precio? El derecho a la libertad de expresión es indiscutible, pero cuando este se ejerce desde la grosería y el menosprecio hacia los sentimientos religiosos, se convierte en un ejercicio de irresponsabilidad.

La parodia en cuestión no solo careció de gracia, sino que dejó en evidencia una preocupante falta de talento. Eres zafia. Eres vulgar. Así podría resumirse la actuación de quien parece haber olvidado que la verdadera grandeza del humor radica en su capacidad de unir, no de dividir. Atacar símbolos religiosos, ridiculizarlos y banalizarlos con el pretexto del entretenimiento, resulta una estrategia fácil y, a menudo, carente de ingenio.

El problema no reside únicamente en la burla. Lo verdaderamente preocupante es la selección de los objetivos. Da la impresión de que solo atacan a los que ponen la otra mejilla. Rara vez vemos parodias que apuntan hacia otros colectivos con la misma intensidad, lo que sugiere una lógica de provocación selectiva. ¿Se atreverían con la misma ligereza a burlarse de otros símbolos sagrados que cuentan con defensores más intransigentes? Difícilmente. El respeto no debería depender del temor a las consecuencias, sino del reconocimiento mutuo y la empatía hacia el otro.

El humor crítico tiene un papel fundamental en la sociedad. Despierta conciencias, denuncia injusticias y permite visibilizar problemáticas sociales. Pero cuando se convierte en un simple acto de ofensa gratuita, pierde su razón de ser. La televisión pública debería aspirar a ser un espacio de encuentro y diálogo, no un escenario de provocaciones banales que siembran discordia.

Este episodio es una oportunidad para reflexionar sobre los límites del humor y la necesidad de construir un entretenimiento que no se base en el agravio ajeno. No se trata de censura, sino de buen gusto y responsabilidad. La crítica es necesaria, pero también lo es la autocrítica. Quizá, en lugar de buscar el aplauso fácil a través de la ofensa, algunos deberían preguntarse qué están aportando realmente a la sociedad con sus actuaciones.

El respeto no está reñido con el humor. La inteligencia y la creatividad pueden ofrecer espectáculos memorables sin recurrir a la zafiedad. Ojalá este incidente sirva para recordar que la calidad y el respeto son aliados, no enemigos, en la búsqueda de un entretenimiento que enriquezca a todos.

En un mundo cada vez más globalizado y dependiente de actividades como el turismo y los servicios, el sector primario se presenta como una pieza clave para garantizar la sostenibilidad económica y social de territorios como La Gomera. Nuestra isla, que atesora una rica tradición agrícola, ganadera y pesquera, tiene en su sector primario no solo una fuente de identidad, sino también una oportunidad crucial para diversificar su economía y generar empleo de calidad

Actualmente, este sector genera más de 160 puestos de trabajo directos en La Gomera, una cifra significativa para un territorio insular. Sin embargo, estoy convencido de que el potencial para incrementar estos números es evidente. Con una inversión estratégica y políticas públicas bien definidas, el sector primario puede convertirse en un motor aún más potente para el desarrollo sostenible de nuestra isla de la mano de la cualificación y la profesionalización.

Por este motivo, desde el Cabildo hemos redoblado esfuerzos para modernizarlo y fortalecerlo. La inversión de 1.150.000 euros para atender sus necesidades es un paso importante, especialmente al tratarse de un incremento de 650.000 euros respecto al año pasado, que ha venido de la mano de incentivos extraordinarios que estarán vigentes en pocas semanas para responder a los desafíos del cambio climático y los crecientes costes de producción. Aunque, estos incentivos deben ir de la mano de una planificación que contribuya al relevo generacional y a orientar la formación hacia las demandas del mercado de trabajo.

Estas medidas están diseñadas para garantizar la sostenibilidad y resiliencia del sector. Con acciones específicas para la agricultura, la ganadería, la pesca, la apicultura, el guarapeo y la viticultura. Este enfoque no solo nos permite contribuir a mitigar los efectos de la sequía y otros problemas derivados del cambio climático, sino también fomentar la continuidad de actividades esenciales para nuestro tejido productivo y continuar afianzando la calidad agroalimentaria gomera.

Es más que evidente que estas medidas representan un apoyo crucial para los productores locales, garantizando que puedan continuar desarrollando su actividad en un contexto más estable. La sostenibilidad no solo se refiere al respeto por el medioambiente, sino también a la creación de sistemas económicos robustos y capaces de hacer frente a los retos del futuro.

Nadie duda que el sector primario de La Gomera es una oportunidad para construir un modelo económico más equilibrado y diversificado. Frente a los riesgos de depender exclusivamente del turismo, la agricultura, la ganadería y la pesca se perfilan como pilares estratégicos para garantizar el fortalecimiento económico.

La Gomera tiene la oportunidad de liderar con el ejemplo, demostrando que el desarrollo económico puede ir de la mano de la protección de nuestros recursos naturales. Ahora es el momento de seguir atendiendo al sector primario, con la mirada puesta en el bienestar de nuestros habitantes y en la construcción de un modelo económico que inspire a otros territorios. Porque en cada agricultor, ganadero y pescador de La Gomera reside una pieza fundamental para la isla que queremos.

Al acercarnos al final de este 2024, quiero dirigirme a todos los grancanarios y grancanarias con un mensaje de agradecimiento, esperanza y compromiso para el futuro. Este ha sido un año extraordinario, nuestra isla ha demostrado una vez más su liderazgo en sostenibilidad, inclusión social y capacidad para afrontar los desafíos globales con soluciones locales. Mientras celebramos la Navidad y damos la bienvenida al 2025, es importante reflexionar sobre los logros alcanzados y renovar nuestro compromiso colectivo con una Gran Canaria más fuerte y sostenible

Captura 2Estas buenas noticias vienen junto a nubarrones e incertidumbre que pueden quebrar nuestro ánimo y nuestra ilusión. Porque, como siempre pasa, las buenas noticias para la mayoría conviven con problemas en colectivos más vulnerables. Y es que aunque no siempre las veamos, hay realidades individuales o familiares que rompen esta tendencia general. Por eso, al valorar el año que acaba y sobre todo al mirar hacia el año que empieza, no cabe la autocomplacencia o el olvido de quienes lo pasan mal.

Pero, al mismo tiempo, encarar los próximos meses con optimismo y con determinación nos ayudará a conseguir mejor los objetivos. En psicología se habla de la profecía autocumplida porque sucede que tenemos más probabilidades de tener éxito cuando afrontamos la realidad con actitudes positivas que cuando la afrontamos con pesimismo o resignación. Eso es lo que trato de imprimir a la acción de nuestro gobierno en el Cabildo de Gran Canaria y, después de casi diez años, podemos decir humildemente que está dando resultado.

Deseo para el año 2025 mantener las claves que están permitiendo una estrecha colaboración entre la iniciativa pública del Cabildo de Gran Canaria y la iniciativa privada. Y está siendo posible fundamentalmente porque las prioridades están claras y trasladadas a los presupuestos, de manera que no son meras declaraciones de intenciones sino acciones realmente ejecutadas. Se reconoce que Gran Canaria tiene un libro de ruta, unas prioridades mantenidas y programadas. La estabilidad de gobierno y estar centrados en la atención a las personas, son otros factores que debemos prolongar el próximo año. Y la consecución de grandes consensos que permitan una coincidencia de la mayor parte de la población con un cabildo cercano y próximo, es la tercera de nuestras intenciones.

Si miramos hacia el año que acaba, uno de los hitos más destacados que ratifica esta valoración general que he realizado, ha sido la confirmación de Gran Canaria como una de las sedes del Mundial de Fútbol 2030. Este reconocimiento es fruto del esfuerzo conjunto de instituciones y hombres y mujeres que han trabajado incansablemente para situar a nuestra isla en el mapa global. El estadio de Gran Canaria será renovado para este evento, con una infraestructura moderna y sostenible que estará a la altura de las exigencias internacionales. Las obras empezaran en el nuevo año que comienza dentro de pocos días. Más allá del impacto económico que supondrá para el turismo y el comercio local, el Mundial será una oportunidad para mostrar al mundo los valores de hospitalidad, diversidad y excelencia que definen a nuestra comunidad. Se iniciarán, igualmente, las obras del nuevo Centro Insular de Deportes.

Otro logro destacado es el avance en el proyecto Salto de Chira, una iniciativa clave para nuestra transición energética y la lucha contra el cambio climático. En el 2025 veremos entrar el agua a las presas. La próxima inauguración de la desaladora asociada al proyecto representa un paso firme hacia la seguridad hídrica y la soberanía energética de Gran Canaria. El Salto de Chira es mucho más que una obra de ingeniería; es una declaración de intenciones sobre el tipo de isla que queremos ser: innovadora, sostenible y resiliente.

Gran Canaria ha reafirmado su liderazgo en materia de transición energética y ecológica, convirtiéndose en un referente a nivel nacional e internacional. El próximo año será clave para la eólica marina, que permitirá aprovechar los recursos naturales de nuestra isla con el fin de generar energía limpia y reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles. También la geotermia nos empezará a mostrar sus inmensas posibilidades en el año que está por empezar.

Acabamos de aprobar nuestra Estrategia para la Transición Energética y el próximo año tendremos la de Economía Circular. Estas acciones no solo protegen nuestro entorno natural, sino que también generan nuevas oportunidades económicas y empleos verdes. El compromiso de Gran Canaria con la sostenibilidad es claro: ser una isla que cuida su biodiversidad y garantiza un futuro habitable para las próximas generaciones.

En 2024 también hemos seguido avanzando en el desarrollo de infraestructuras sociosanitarias, que incluye tanto la creación de 2.000 nuevas plazas como la mejora de instalaciones existentes. Hemos caminado hacia un modelo que prioriza la dignidad y el bienestar de nuestras personas mayores y colectivos vulnerables. Este esfuerzo responde a una demanda histórica de nuestra sociedad, a la necesidad de dar una respuesta adecuada a la dependencia y refuerza nuestro compromiso de garantizar servicios públicos de calidad. En 2025 inauguraremos distintos centros sociosanitarios en la isla e iniciaremos otros tan importantes como el situado en el antiguo psiquiátrico o en las antiguas oficinas de la Seguridad Social. La atención sociosanitaria no es solo una política social, sino un acto de justicia y humanidad. Estos avances son posibles gracias a una gestión responsable y a la colaboración entre instituciones, que seguirá siendo clave para afrontar los retos del futuro.

En el ámbito cultural, el año 2025 nos pondrá a las puertas de la inauguración del Museo de Bellas Artes de Gran Canaria, conocido como MUBEA. Este espacio se convertirá en uno de los museos más importantes de Canarias, albergando una colección que reunirá lo más destacado de la excepcional producción artística canaria, enriqueciendo nuestra vida cultural y reforzando nuestra identidad como isla de creatividad y talento.

Pero el próximo año nos traerá muchos más grandes desafíos y oportunidades. Empezaremos con las expropiaciones para las obras del tren de Gran Canaria; iniciaremos las obras del nuevo edificio icónico y emblemático de Infecar, lo que nos hará ser el espacio ferial más importante de Canarias; empezará a funcionar el plató virtual, con la tecnología más puntera del estado español; pondremos la primera piedra del Radiotelescopio de Temisas, lo que nos hará estar presente en una red mundial de 80 radiotelescopios para hacer un seguimiento del calentamiento global; continuaremos impulsando el puerto de Taliarte como centro estratégico de la economía azul en esta isla e iniciaremos las obras de 63 viviendas de alquiler social en El Secadero.

Y si todo esto está siendo posible es gracias a que Gran Canaria está viviendo el periodo de estabilidad política y progreso más prolongado de su historia reciente. También los indicadores de creación de empleo son los más positivos desde la crisis económica de 2008. El proyecto de cambio ecosocial que ha propuesto el gobierno del Cabildo de Gran Canaria ha conseguido concitar el apoyo mayoritario de la ciudadanía de la isla y la colaboración de todos los ayuntamientos así como de las instituciones públicas y privadas convencidas de colaborar en este proyecto común.

En estas fechas, quiero invitar a todos los grancanarios y grancanarias a reflexionar sobre los valores que nos unen. La solidaridad, el respeto y la capacidad de superar adversidades son pilares que nos han llevado hasta aquí y que seguirán guiándonos en el futuro. Aunque los desafíos globales son inmensos, desde la crisis climática hasta las desigualdades sociales, estoy convencido de que Gran Canaria tiene la fortaleza y el talento necesario para afrontarlos con éxito.

La Navidad es también un momento para expresar gratitud. Agradezco a todas las personas que, desde diferentes ámbitos, contribuyen diariamente al bienestar de nuestra isla. Desde los trabajadores sanitarios y educadores hasta los agricultores y pequeños empresarios, cada esfuerzo cuenta y construye el futuro que deseamos.

Quiero desearles a todos y a todas unas fiestas de Navidad llenas de alegría y paz, rodeados de sus seres queridos. Que este año nuevo venga cargado de oportunidades, salud y éxitos para cada uno y cada una de ustedes y para nuestra isla. Juntos, seguiremos construyendo una Gran Canaria que sea motivo de orgullo para sus hombres y sus mujeres.

Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria.

Nos encontramos a tan solo unos días de cerrar un año cargado de retos y desafíos que han marcado profundamente nuestra realidad. Este 2024 ha sido un período de grandes tensiones que nos obligan a hacer balance sobre lo vivido y, sobre todo, a reflexionar sobre lo que estamos haciendo y hacia dónde nos dirigimos. La crisis migratoria, la inestabilidad internacional y la urgente necesidad de afrontar la planificación territorial, demográfica y social en las islas han sido algunos de los temas que han dominado la agenda política y social

Sin lugar a dudas, uno de los mayores retos que hemos enfrentado ha sido la crisis migratoria. Este fenómeno ha puesto a prueba la capacidad de respuesta ante una emergencia humanitaria sin precedentes. Más de 5.500 menores migrantes han llegado a nuestras costas en busca de un futuro mejor, y la respuesta ha sido, lamentablemente, insuficiente. La política, atrapada en sus dinámicas partidistas y en un tablero que parece más enfocado en la lucha por el poder que en dar soluciones efectivas, ha demostrado su incapacidad para abordar la crisis migratoria con la seriedad y urgencia que la situación requiere. Este es un claro ejemplo de la ausencia de una política de altura, capaz de mirar más allá de los intereses particulares y poner por encima de todo el bienestar de la sociedad en su conjunto.

Pero no todo ha sido negativo. A pesar de las dificultades, hemos sido testigos de avances significativos en otros frentes. Uno de los más importantes ha sido la reflexión colectiva del futuro de Canarias, que hemos realizado sobre el Reto Demográfico, una meta que busca sentar las bases de lo que queremos para nuestra tierra en las próximas décadas. Los trabajos desarrollados desde el Parlamento de Canarias y las mesas de trabajo creadas por el Ejecutivo autonómico han sido pasos cruciales para definir una estrategia que nos permita afrontar con éxito los desafíos demográficos y sociales que se nos vienen encima. Este proceso, aunque no exento de dificultades, ha sido un ejercicio de unidad política, uniendo fuerzas para pensar y planificar el futuro de la región con un horizonte claro, en el que podamos crecer de manera equilibrada, garantizando la sostenibilidad de nuestros recursos naturales, culturales y patrimoniales, y la calidad de los servicios públicos esenciales.

En un contexto de incremento de la conflictividad bélica y la inestabilidad económica global, la situación de Canarias no ha sido ajena a los efectos de la crisis internacional. La prórroga de los Presupuestos Generales del Estado ha generado incertidumbre sobre lo que nos depara el futuro económico y sobre cómo se distribuirán los recursos necesarios para afrontar los retos de las islas. Aún así, debemos centrar nuestros esfuerzos en dar respuesta a la necesidad de vivienda; la reforma de la administración pública; la actualización del Sistema de Financiación Autonómica para atender al crecimiento demográfico y la planificación urbanística, territorial y de los recursos naturales como finalidades irrenunciables.

En el caso de La Gomera, a pesar de las dificultades, hemos mantenido el rumbo marcado. Nuestra isla ha logrado consolidarse como un modelo de desarrollo sostenible, equilibrado entre el progreso social y la conservación de nuestros valores naturales. El trabajo realizado en el ámbito energético, con un impulso decidido hacia las energías renovables, y la planificación para el aprovechamiento de los recursos hídricos, nos coloca a la vanguardia de la transición hacia un modelo económico más verde y justo.

A nivel social, hemos dado pasos importantes con el desarrollo de una red de centros sociosanitarios que ya comienza a dar frutos en San Sebastián. Este proyecto es un claro ejemplo de cómo la colaboración entre diferentes administraciones puede generar soluciones innovadoras. La atención a nuestros mayores, la apuesta por las familias y el apoyo a los niños y estudiantes siguen siendo pilares fundamentales de nuestra política social.

Y no podemos olvidar a los verdaderos motores de nuestra economía que siguen siendo el turismo, las pequeñas industrias y el sector primario. Autónomos, pequeñas y medianas empresas, que día a día generan empleo y riqueza en la isla. La Gomera es una suma de muchos elementos: ciudadanos comprometidos, instituciones cercanas y una tierra que, poco a poco, va demostrando su capacidad para adaptarse y prosperar.

Hoy, cuando echamos la vista atrás, es evidente que los esfuerzos realizados no han sido suficientes para responder a todos los retos que hemos tenido que afrontar, pero también es cierto que hemos recorrido un camino en positivo. Y es que, aunque los desafíos continúan, tenemos razones para ser optimistas. Podemos decir con orgullo que La Gomera sigue adelante, dando ejemplo de cómo la transformación social y económica es posible cuando se apuesta por las personas y por un modelo de desarrollo equilibrado.

El trabajo realizado hasta ahora ha sido el cimiento sobre el que construiremos el futuro. Pero debemos seguir añadiendo nuevos elementos para que nuestra isla, y Canarias en su conjunto, se conviertan en un referente mundial de sostenibilidad, solidaridad y progreso.

El 2025 será otro año de nuevas oportunidades. Solo con unidad, compromiso y una política que mire hacia el futuro, podremos garantizar lo mejor para nuestras islas y para todos sus habitantes.

Casimiro Curbelo. Presidente del Cabildo de la isla de La Gomera

Nos acercamos al centenario del triunfo de los hombres y mujeres de La Aldea en su lucha por la propiedad de la tierra. Se saldó con un decreto del ministro Galo Ponte en 1927 por el que se expropiaba la histórica Hacienda Aldea de San Nicolás, de 1.950 hectáreas, valorada en quinientas cinco mil pesetas de entonces, y se entregaba a los 400 agricultores que venían cultivándola hasta que se generó el pleito a comienzos del siglo XX. Estamos ante un hecho histórico muy importante que corre el peligro de olvidarse o desconsiderarse por la catarata de acontecimientos que vinieron posteriormente y por la vertiginosa marcha de la historia contemporánea que pareció acelerarse justo años después de estos sucesos

Captura 1El pleito por la propiedad de la tierra agrícola de La Aldea comienza a principios del siglo XVII cuando los campesinos cuestionan la posesión de la nobleza, que reside fuera de la isla, sobre los espacios que cultivan y reclaman su derecho a disponer de esos terrenos. La esperanza de la llegada de gobiernos liberales en España anima a los colonos a amotinarse a comienzos del siglo XIX, repartiendo la Hacienda en la confianza de un cambio de Régimen. Esa esperanza se frustra y tendrá que pasar un siglo más para que, con nuevas y significativas movilizaciones, obliguen a una intervención del Estado que culmina con el famoso Decreto expropietario de Galo Ponte que reparte las tierras entre los agricultores que las cultivaban. Tres siglos de lucha con un final que hizo justicia.

Aquella reivindicación y aquella victoria fueron decisivas para entender el progreso de La Aldea durante el siglo XX y su conformación como una sociedad agraria que generó empleo, atrajo nueva población y propició la creación de un tejido empresarial en torno a la agricultura de exportación. Supuso el tránsito de una sociedad feudal a una sociedad moderna gracias al empuje y a la determinación de una población que no se rindió a las presiones del poder caciquil y aristocrático de entonces.

En la historia de los pueblos hay experiencias decisivas que condicionan su identidad y determinan su organización, sus relaciones y su proyección de futuro. La historia es “un incesante volver a empezar” y puede ser esa constancia de volver a empezar lo que le ocurriera al pueblo aldeano desde el principio de sus tiempos históricos después del derrumbe de la sociedad aborigen.

La trascendencia de aquellos acontecimientos va más allá de La Aldea y repercute en el conjunto de Gran Canaria. No solo por su ejemplaridad sino porque permitió la modernización de la producción agraria consiguiendo condiciones similares en toda la isla y garantizó unos ingresos dignos a la mayoría de la población. Las nuevas empresas que se constituyeron con ocasión del reparto de tierras legalizado pudieron organizarse en cooperativas y sociedades que dieron fortaleza a la estructura empresarial agraria grancanaria.

De aquellas movilizaciones quedó en la memoria colectiva el convencimiento de que La Aldea era un pueblo resistente y decidido y de que los poderes que nacieron de la conquista y que dominaban la política y la judicatura generaban una fractura y una parálisis social que obstaculizaban la modernización de la isla. La revuelta de La Aldea vino a denunciar esa situación y a terminar con las consecuencias de los injustos repartos de tierras y agua que se habían producido a partir de la conquista castellana.

Estos acontecimientos vienen a desmentir la idea de que la sociedad canaria ha sido incapaz de enfrentarse a situaciones de injusticia y dependencia que han limitado nuestros derechos y retrasado el progreso social. Es cierto que, como en el caso de La Aldea, no son acciones inmediatas y tenemos que esperar demasiado tiempo para resolverlas, pero se desmorona el mito de nuestra pasividad o de nuestra tendencia a la resignación. Las canarias y los canarios tenemos capacidad y experiencias de transformación que nos sirven para confiar en nuestra capacidade de crear futuro.

Lo que sí podemos comprobar es que somos un pueblo resiliente que resiste las adversidades sin destruirse y aprovecha esa energía para mantener la búsqueda de los objetivos que necesitamos. Lo que ocurrió con el Motín de Agüimes, lo que ocurrió en la Aldea, se había producido una década antes con la creación del Cabildo de Gran Canaria o poco después con la división provincial para aumentar nuestro autogobierno o con la expansión del puerto de La Luz. Y en tiempos más cercanos lo hemos vivido con la creación de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

Y una enseñanza fundamental de la historia aldeana es que garantizar la máxima unidad entre todos los sectores implicados y el conjunto de la ciudadanía es la condición indispensable para avanzar como pueblo en cuestiones decisivas. Sucedió en los grandes acontecimientos que he citado, pero debemos mantenerla en los retos que tenemos que afrontar para el futuro inmediato.

Tenemos que avanzar unidos en la adaptación al cambio climático con la necesaria transición energética, hídrica y alimentaria. Es un reto en el que debemos comprometernos sin excepciones. Lo mismo tiene que ocurrir en nuestra justa reivindicación ante el Estado de encauzar equilibrada y solidariamente la acogida de los niños y niñas migrantes y sin referencias familiares entre todas las comunidades autónomas de España. Y con la misma resolución debemos reducir los niveles de pobreza de nuestra gente de manera que cada sector social asuma su parte de responsabilidad en la mejora de las condiciones de vida de la mayoría. Es imprescindible que rememos en el mismo sentido, como sociedad articulada, para diversificar nuestra economía alrededor de iniciativas verdes, azules o circulares.

La expropiación de las tierras benefició directamente a quienes las cultivaban. Estoy convencido de que Galo Ponte comprobó que no tenía sentido defender una propiedad que rentaba a quienes ni vivían, ni producían en la isla en contra de quienes sí generaban riqueza y progreso social ligado al territorio. Por eso hoy también necesitamos autogestionar nuestra riqueza para reducir la dependencia del exterior. Tenemos que favorecer un turismo sostenible que distribuya sus beneficios, incentivar al pequeño y mediano empresariado para que innove y aporte los nuevos servicios que la digitalización impone y formar a nuestra gente para que aporte talento y valor añadido.

Esta es la historia y a partir de aquí, desde el Cabildo de Gran Canaria y el ayuntamiento de La Aldea queremos conmemorar, difundir y compartir con toda la población la significación de estos acontecimientos, las enseñanzas que debemos extraer para afianzar nuestros valores y garantizar que las nuevas generaciones hagan suyas las conquistas que han hecho posible que La Aldea haya progresado y afianzado su identidad como sociedad libre.

Por eso, el Cabildo de Gran Canaria y el ayuntamiento de La Aldea han acordado un programa de actividades para actualizar la memoria de unos hechos que deben llenar de orgullo a toda la población, justa heredera de aquellas conquistas. Pretendemos también difundir ampliamente entre la sociedad aldeana y grancanaria en general la información y el significado de unos hechos relevantes al comienzo del siglo XX en nuestra isla. Y debemos impulsar la investigación histórica, sociológica y política de unos hechos que han tenido gran repercusión.

La historia es para aprender de ella, más en unos tiempos modernos donde resurgen ideologías que parecían desterradas y que ahora, en tiempos de crisis, reaparecen. No debemos repetir los errores colectivos del pasado y la celebración del Centenario del Pleito de La Aldea en este bienio de 1925-1927, va a ser un motivo para continuar unidos, labrando día a día la tierra que nuestros abuelos conquistaron. Renovamos así nuestro compromiso democrático por la igualdad y la dignidad de nuestra gente formando en ello a las nuevas generaciones para que promuevan la justicia social que la lucha de La Aldea nos facilitó.

Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria.

En el contexto de tensión geopolítica mundial y de incertidumbre económica como el que vivimos, estoy convencido de que el presupuesto de la Comunidad Autónoma de Canarias para 2025 es el mejor posible. Lo afirmo con plena seguridad porque hemos trabajado con rigor y responsabilidad para que estas cuentas respondan a las verdaderas necesidades de nuestra gente

El proyecto aprobado prioriza la cobertura de los servicios esenciales que sostienen la calidad de vida de nuestra ciudadanía. Que el 70% de las cuentas esté destinado a Sanidad, Educación, Bienestar Social, Empleo, Vivienda, Justicia y Seguridad no es un dato menor; es una declaración de principios y, más importante, una garantía de que estas cuentas han sido elaboradas pensando en las personas.

Desde Sanidad, que recibirá 220 millones más que en 2024, hasta Educación, Bienestar Social y Empleo, el compromiso de este presupuesto con el bienestar ciudadano es indiscutible. En concreto, asignar 4.598 millones de euros a Sanidad y 2.155 millones a Educación refuerza áreas esenciales que sostienen el futuro de nuestra comunidad.

Además, estas cuentas demuestran que no hemos olvidado a los más vulnerables ni las necesidades específicas de cada territorio. Las medidas fiscales que hemos incorporado, como la mejora de las deducciones del IRPF, el fomento del acceso a la vivienda para jóvenes y mayores, y la reducción del IGIC en actividades deportivas, son decisiones que tendrán un impacto directo y positivo en el bolsillo de los ciudadanos.

Por otro lado, la aplicación de las bonificaciones en el impuesto sobre combustibles para las islas no capitalinas es una muestra de nuestro compromiso con la igualdad de oportunidades en las Islas Verdes, donde las especificidades insulares requieren una atención diferenciada.

También destaca la inversión en proyectos concretos que impactan directamente en el desarrollo sostenible y la mejora de la calidad de vida. Los fondos destinados al ciclo del agua en La Gomera, el Parque Nacional de Garajonay o la desaladora de Valle Gran Rey son ejemplos de políticas que no solo miran al presente, sino también al futuro. De igual manera, la apuesta por la generación de energía renovable y la construcción de viviendas, subraya nuestro compromiso claro con el desarrollo sostenible, la equidad social y el progreso.

Entiendo que desde algunas formaciones se argumente que este presupuesto podría haber sido más ambicioso en ciertos aspectos o que se podrían haber fijado las prioridades de otra manera. Sin embargo, también debemos reconocer las limitaciones estructurales y la complejidad de elaborar unas cuentas en un contexto donde ni siquiera los Presupuestos Generales del Estado han sido aprobados, y donde el Ministerio de Hacienda no ha proporcionado datos cruciales como las entregas a cuenta o los objetivos de estabilidad presupuestaria.

Aunque siempre habrá espacio para la crítica y la mejora, estoy convencido de que el presupuesto autonómico de 2025 refleja nuestro compromiso con las personas y el bienestar de todos los canarios. Ahora toca afrontar el reto de materializarlo y alcanzar los objetivos marcados.

Casimiro Curbelo. Presidente del Cabildo de la isla de La Gomera.

Esta semana, hemos vuelto a centrar el debate político en una de las cuestiones más delicadas y urgentes a las que se enfrenta Canarias: la atención a los menores migrantes no acompañados. Estos niños, niñas y adolescentes no son cifras en un informe ni herramientas para alimentar el debate político. Son personas que, huyendo de la desesperación y la falta de oportunidades, llegan a nuestras costas en busca de esperanza y un futuro digno

En la reunión del Pacto Canario por la Migración, desarrollada el lunes con el presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo, expuse la necesidad de elaborar un plan específico que contemple la atención integral de estos menores. Un plan que no recaiga exclusivamente sobre los hombros de Canarias, sino que cuente con una implicación real del Estado y de la Unión Europea (UE), y que incluye, además de reforzar la protección de las fronteras y garantizar la cooperación económica, asumir la distribución equitativa de los menores entre las comunidades autónomas.

Lo digo con claridad: estoy profundamente decepcionado por los continuos fracasos de la solidaridad voluntaria y por la ausencia de lo que llamo "la Política con mayúsculas". La política debe servir para construir, no para dividir. La atención a los menores migrantes no puede seguir tratándose como un tema secundario o una herramienta para desgastar al adversario. Es hora de cambiar la forma de hacer política, poniendo a las personas en el centro, en lugar de los intereses partidistas.

Es inadmisible que, hasta ahora, este asunto no se haya abordado como una política de Estado. Estamos ante una emergencia humanitaria que necesita respuestas urgentes, eficaces y coordinadas. Canarias no genera esta problemática, pero la vive cada día. Y mientras no haya soluciones estructurales, nosotros no vamos a rendirnos ni a mirar hacia otro lado.

Además, es fundamental actuar en el origen. Por eso, he insistido en que Canarias debe participar en el Programa de Migración Circular, promovido por el Gobierno estatal. Este modelo no solo aliviaría la presión migratoria irregular, sino que también fomentaría el desarrollo en los países de origen. Es una solución que mira al futuro y que debe complementarse con un plan integral europeo para frenar la migración por mar.

La clave está en la cooperación. No podemos avanzar sin reforzar los lazos con el tercer sector, las instituciones y las personas que trabajan día a día en las tareas humanitarias de gestión y apoyo a estos menores. Este es un esfuerzo colectivo que necesita coordinación, recursos y transparencia.

Hoy, más que nunca, necesitamos compromiso, valentía y visión. Los menores migrantes no acompañados nos recuerdan que somos una sociedad que debe priorizar la humanidad sobre la indiferencia. Ahora toca seguir trabajando incansablemente para que este problema deje de ser motivo de debate y se convierta en una solución. Porque estas vidas no pueden esperar.

Casimiro Curbelo. Presidente del Cabildo de la isla de La Gomera.

Pino Ojeda, PinOjeda como ella firmaba, es una extraordinaria autora grancanaria, nacida en 1916 y fallecida en 2002, que ha permanecido olvidada durante décadas. Como muchas, desgraciadamente, por la sombra gris de la dictadura y el fanatismo. Afortunadamente, ha llegado la hora de redescubrirla y compartirla con todas las generaciones que no han tenido la posibilidad de conocerla y disfrutarla

Captura 2Entre las prioridades culturales del Cabildo de Gran Canaria está el recuperar y reconocer el valor literario, creativo y artístico de muchas personalidades que han permanecido en el olvido durante casi un siglo por razones políticas, de género, etc. Para iniciar este apasionante reto hemos organizado un programa que pretende extenderse en el tiempo y en toda la geografía de Gran Canaria bajo el sugestivo título de EL PODER DE LA PALABRA.

Y la mejor imagen de este proyecto la tuvimos el pasado miércoles 23 de octubre en el Teatro Cuyás de nuestra capital, cuando 650 estudiantes de institutos de Gran Canaria conectaron por primera vez con la obra de Pino Ojeda presenciando la representación de su obra inédita “Morir una sola vez“. Reconozco que hacía tiempo que no me emocionaba y esperanzaba a la vez al comprobar de nuevo el poder de la obra literaria en contacto directo con una juventud abierta y expectante.

Aprovechamos la ocasión para visibilizar y reconocer la producción literaria de una mujer vanguardia en su tiempo e invisibilizada como lo han sido decenas de mujeres canarias de gran talento. Este acto se va a divulgar con otros recursos comunicativos como videos, relatos y documentos que proyectarán una experiencia que estoy seguro hará disfrutar a miles de grancanarios y grancanarias.

Este proyecto se va a extender a nuevos autores y autoras canarias y va a reforzar la apuesta del Gobierno de la isla, a través de su área de Cultura, por la creación y la libertad en todos los centros educativos de secundaria de Gran Canaria y en el conjunto de la sociedad. Es una manera también de poner a disposición de los centros educativos los recursos culturales, patrimoniales, museísticos y documentales de los que disponemos para que el alumnado y el profesorado cuenten con referencias y estímulos acerca de los valores que nos identifican.

La campaña enlaza cultura, juventud e inteligencia artificial. Hemos recuperado una obra de teatro inédita e inconclusa de Pino Ojeda y se ha completado utilizando la herramienta de la inteligencia artificial. Es todo un llamamiento para aprender a utilizar los nuevos recursos tecnológicos desde la autonomía personal, entroncándolos con la mejor creación literaria de las islas.

Pino Ojeda tuvo que sentirse muy feliz ese miércoles por vernos reunidos disfrutando de la palabra y valorando su obra como un pilar fundamental de la cultura canaria y universal. Estamos hechos de palabras. Nos hace humanos y nos hace libres. Porque la palabra es poderosa, tiene la capacidad de cambiar vidas, de mover corazones, de abrazarnos a otras culturas y de unir a los pueblos.

Y es más necesaria ahora que nunca para hablar de paz en un mundo convulso, para denunciar las guerras genocidas como las de Israel en Gaza así como las violaciones de los derechos humanos en el mundo, el aumento de la pobreza y las desigualdades y los cercos a las democracias.

Como escribió Pedro Salinas, “No hay duda de que en la palabra cordial e inteligente tiene la violencia su peor enemigo (…) Solo cuando se agota la esperanza en el poder suasorio del habla, en su fuerza de convencimiento, rebrillan las armas y se inicia la violencia”.

Está en nuestras manos usarla para dejar una huella en el mundo. Si no fuera por la palabra en estos momentos no estaríamos hablando de Pino Ojeda y de su legado. Hoy Pino Ojeda nos sigue acompañando, nos sigue ayudando a comprender su época, a entender lo avanzada que era su visión y cómo gracias a mujeres como ella en la actualidad tenemos más derechos y somos más felices.

La palabra me sirve, como presidente del Cabildo, para pedir la confianza de las grancanarias y grancanarios, para informar de la ecoísla que se afianza en Gran Canaria, para compartir las preocupaciones por los riesgos del cambio climático, para defender a las personas más vulnerables.

Me marcaron las palabras de mis abuelos, de mis padres, de mis mejores profesoras y profesores. Sus consejos, sus enseñanzas, me vienen a la memoria muchísimas veces. Son como farolillos encendidos que guían mi camino en los momentos de oscuridad.

Quiero escuchar la palabra de la juventud porque las necesitamos valientes, críticas, solidarias, canarias, creativas, respetuosas, firmes pero sin violencias…”Para que tú me oigas/ mis palabras/ se adelgazan a veces,” nos dijo Pablo Neruda. Sin temor a equivocarnos y, por tanto, a rectificar. Churchill lo expresó de una manera muy simpática: “A menudo me he tenido que comer mis palabras y he descubierto que eran una dieta equilibrada”.

El poder de la palabra es lo que nos da identidad, nos conecta con quienes queremos, da forma a nuestra memoria y a nuestras ideas. Siempre nos va a quedar la palabra, nadie nos la debe quitar. No podemos permitir que nos dejen sin ella. Debemos pensar con Blas de Otero cuando escribe: “Si he perdido la vida, el tiempo, todo/ lo que tiré, como un anillo, al agua;/ si he perdido la voz en la maleza/ me queda la palabra/.”

Le dije al alumnado que participaba en el acto del Cuyás que me gustaría que descubrieran la magia que hay en cada palabra que elijan, que encuentren en la literatura un refugio, un lugar donde volverse fuertes, críticos y, sobre todo, libres. Les insistí en que es el arma más poderosa para cambiar el mundo, y está en sus manos hacerla suya. “Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos”, como cantó Gabriel Celaya

Los eventos que estamos organizando para recuperar la figura de Pino Ojeda y los que haremos para dar a conocer a otros creadores y creadoras de Gran Canaria, si dejan alguna huella, un legado, será gracias a la palabra. Pino Ojeda lo sabía. Le dolía hasta el mar en silencio: “¡Qué tristeza me invade en lo más hondo/ al verte tan sumiso y tan callado/.”

Con sus palabras llegó a nuestro interior, donde siguen resonando. Para ella, como le contó en su día en una entrevista a Eugenio Padorno, “es el único medio para expresar lo inefable. La poesía no podría existir sin la palabra, porque la palabra es lo único que existe”. Por eso su verbo es una herencia imborrable. En tiempos convulsos, su obra es una inexpugnable fortaleza que nos permite protegernos de las tormentas y mirar con esperanza el futuro.

La crisis hídrica es una realidad patente en nuestras islas. Ya nadie puede negar que la sequía prolongada que venimos padeciendo desde hace años ha comenzado a hacer estragos en muchas zonas de cultivo de Canarias, poniendo en jaque los actuales sistemas de abastecimiento en muchos de estos territorios, y abriendo camino a múltiples soluciones ante la merma de la capacidad de generación de los pozos y nacientes

Leonardo Da Vinci decía que el agua es la fuerza motriz de toda la naturaleza. Y estaba en lo cierto. Este elemento no sólo mueve el mundo, sino que ha sido motivo de conflictos cuando se han vivido etapas de carencia. Es cierto que los tiempos han cambiado, y hoy disponemos de numerosas herramientas para mitigar esta falta, pero ante todo es necesario disponer de una planificación real.

Lo hemos hecho cooperando con los ayuntamientos para minimizar las pérdidas en red o cofinanciando mejoras en infraestructuras hidráulicas de ámbito municipal a través del Plan de Cooperación en Obras y Servicios, sin olvidar los recursos que otorgamos directamente a las comunidades de regantes para que hagan lo propio con sus instalaciones, porque el desafío que tenemos con el agua es un asunto vital para esta isla.

Si bien es cierto que en estos años nos hemos ido preparando con la construcción de dos infraestructuras de desalación a punto de entrar en funcionamiento, también es cierto que esta no puede ser la única pieza que utilicemos para atajar este problema, sino una suma en la que deben materializarse otras actuaciones que el Estado aún no ha concluido como el sondeo del Barranco de La Negra, en Alajeró; la Galería de Ipalán, en San Sebastián de La Gomera; o la Galería de El Altito, en Valle Gran Rey.

Estas semanas hemos elaborado una hoja de ruta para dotar a La Gomera de más y mejores medios técnicos y materiales para atender esta situación. El plan de trabajo diseñado tiene una inversión de 46 millones de euros y aglutina 22 proyectos en cuatro ejes: encauzamiento de barrancos, depuración de aguas, actuaciones para agua potable y en agua de riego.

Esta apuesta estratégica no solo busca optimizar más los recursos, sino que también asegura la coherencia en la planificación de La Gomera que queremos. Al igual que hacemos en materia energética o de bienestar social, las administraciones públicas tenemos que velar por garantizar la accesibilidad a este bien tan preciado y no sólo para el consumo humano, también para que nuestro sector primario sea capaz de mantener su actividad.

Superar el desafío hídrico requiere de la colaboración de todos: administraciones locales, regionales y estatales, junto con el compromiso de la ciudadanía. Solo con una acción coordinada será posible transformar esta crisis en una oportunidad para innovar y construir un futuro sostenible.

Ese es el compromiso que tenemos en La Gomera con una gestión responsable y sostenible del agua, asumiendo el papel como garante de este recurso esencial para sentar las bases de un modelo hídrico más resiliente, donde el agua deje de ser una preocupación y se convierta en una fortaleza para la isla.