
La popular y veterana emisora de radio "Radio faro del Noroeste" sigue su proyección hacia una mayor ampliación de su cobertura.
La diversificación económica es clave para las islas porque reduce la dependencia del exterior, aumenta la resiliencia ante crisis externas y genera empleo más estable. Además, permite aprovechar mejor los recursos propios, protege el territorio y favorece un desarrollo sostenible con mayor equilibrio social y capacidad de futuro. En Gran Canaria, el modelo de ecoísla que defendemos avanza en este sentido
Más allá del modelo turístico, que representa el 35% del PIB insular, impulsamos la economía circular, la movilidad sostenible, la economía verde, el sector audiovisual, las políticas de cuidados, deportivas y culturales, la innovación y la digitalización, la industria y el comercio, la soberanía alimentaria, las acciones de mitigación y adaptación frente al cambio climático o la economía azul
Los datos avalan en estos momentos el papel de Gran Canaria como motor de la economía azul en Canarias. Según el Informe de Economía Azul en Gran Canaria elaborado por la SPEGC, con el aporte fundamental del Informe del CETECIMA de Actividad de la Economía Azul en Canarias 2024, la producción total desee sector en Canarias alcanzó en 2022 los 3.521,8 millones de euros, lo que equivale al 7,18 % del PIB regional.
De esa cifra, Gran Canaria genera 1.901,3 millones de euros, es decir, el 54 % de toda la producción azul del archipiélago, y un 3,87 % del PIB regional canario atribuible exclusivamente a la isla. Muy por detrás se sitúan Tenerife, con el 19 %, y Lanzarote, con el 13 % de la producción regional.
En términos insulares, la producción de la economía azul en Gran Canaria (1.901,3 millones de euros, sobre un PIB insular de 18.786,4 millones de euros) supone un peso directo del 10,12 % del PIB. Incorporando estimaciones conservadoras de actividades no plenamente cuantificadas —desalación, biotecnología marina y energías renovables offshore—, la aportación se sitúa entre el 10,5 % y el 11 % del PIB insular. Además, la isla concentra el 90 % de la producción regional en reparación naval, el 71,7 % en puertos y servicios portuarios y el 69,8 % en pesca, liderando prácticamente todos los subsectores de la economía azul.
Para que nos hagamos una dimensión real de este salto importante de la economía azul, recuerden que la industria en Canarias representa un 2,8% del PIB y que si sumamos industria+construcción llegamos a un 5,8% del PIB
Las actividades económicas vinculadas al mar son ya un pilar estructural de la economía de Gran Canaria, con un nivel de especialización muy superior a la media regional y un papel central como motor logístico, industrial y portuario del archipiélago. La isla se consolida así como el principal nodo azul en Canarias y como un referente en el ámbito atlántico.
En un momento en el que los territorios buscan modelos de desarrollo más sostenibles, resilientes y menos dependientes de sectores volátiles, el mar se ha convertido en una de las grandes oportunidades del siglo XXI. Esta economía, basada en el aprovechamiento responsable de los recursos marinos y costeros, ha pasado de ser un concepto emergente a un pilar estratégico para regiones con fuertes vínculos con el oceáno. En Canarias, y de manera muy destacada en Gran Canaria, esta transformación ya no es una promesa de futuro, sino una realidad económica medible.
Este modelo económico propone una visión integral del mar como fuente de riqueza, empleo, innovación y conocimiento, pero también como un ecosistema que debe ser protegido. Bajo este enfoque conviven actividades tradicionales como la pesca o los servicios portuarios con sectores altamente tecnológicos como la biotecnología marina, las energías renovables offshore o la investigación oceanográfica. En un contexto global marcado por el cambio climático y la presión sobre los recursos naturales, este modelo se presenta como una alternativa necesaria y estratégica.
Gran Canaria es, ante todo, un territorio oceánico. Más del 90 % de su superficie es mar, un dato que explica su historia, su cultura y su posición geoestratégica. El océano ha sido durante siglos vía de comunicación, fuente de alimento y espacio de intercambio comercial. Hoy, además, se ha convertido en uno de los principales ejes de diversificación económica de la isla.
La economía azul en Gran Canaria engloba un amplio abanico de actividades vinculadas directa o indirectamente al mar, desde la logística portuaria y la reparación naval hasta el turismo náutico, la acuicultura sostenible o la investigación científica. Este ecosistema productivo, como ya señalé anteriormente, no solo genera riqueza, sino que contribuye a reforzar el músculo de la economía insular frente a condicionantes geoestratécios o geopolíticos.
Uno de los grandes pilares de este modelo es el Puerto de Las Palmas, una infraestructura clave en el Atlántico medio. Su ubicación estratégica lo ha convertido en un nodo fundamental para las rutas marítimas entre Europa, África y América, consolidando a Gran Canaria como plataforma logística de primer nivel.
En torno al puerto se concentra un potente tejido empresarial ligado a los servicios a buques, la reparación y construcción naval, el suministro energético, el transporte marítimo y las actividades offshore. Este conjunto de sectores genera miles de empleos y explica buena parte del liderazgo de la isla en la economía azul regional.
Otro ámbito esencial es la desalación de agua de mar y la gestión del ciclo integral del agua. En un territorio con escasos recursos hídricos naturales, esta actividad resulta estratégica para garantizar el abastecimiento a la población, al sector turístico y a la agricultura. Gran Canaria ha sido y es pionera en el desarrollo de tecnologías de desalación, impulsando mejoras en eficiencia energética y reducción del impacto ambiental.
Las energías marinas y las renovables vinculadas al mar representan, además, uno de los grandes campos de futuro. Las condiciones oceánicas y climáticas de la isla favorecen el desarrollo de la energía eólica marina, la energía de las olas y otros sistemas experimentales. Más allá de la generación eléctrica, este sector abre oportunidades en investigación, ensayo, mantenimiento y transferencia tecnológica, contribuyendo a la transición energética y a la reducción de la dependencia de combustibles fósiles. ¡Cuánto está tardando el gobierno central para hacerla posible en nuestra isla!
La acuicultura marina sostenible se ha consolidado como una actividad complementaria a la pesca tradicional. Gestionada bajo criterios ambientales rigurosos, permite producir alimentos de calidad, generar empleo local y fomentar la innovación tecnológica. La pesca artesanal, por su parte, mantiene un papel relevante no solo por su aportación económica, sino también por su valor social, cultural y patrimonial.
El turismo costero y las actividades náutico-deportivas constituyen otro de los ejes de la economía azul en Gran Canaria. Deportes como el surf, la vela o el buceo, junto al turismo náutico o los cruceros, diversifican la oferta turística y generan oportunidades ligadas al ocio, la formación especializada y los servicios avanzados.
Gran Canaria destaca también como polo de conocimiento vinculado al mar. La Universidad de Las Palmas de Gran Canaria alberga centros de referencia como el Banco Español de Algas, el Instituto Universitario de Acuicultura Sostenible y Ecosistemas Marinos (IU-ECOAQUA) o el Instituto Universitario de Oceanografía y Cambio Global (IOCAG). A ellos se suman infraestructuras estratégicas como la Plataforma Oceánica de Canarias (PLOCAN), situada en Taliarte, el gran espacio estratégico de desarrollo azul que impulsa el Cabildo de Gran Canaria
El Instituto Tecnológico de Canarias (ITC) y la Sociedad de Promoción Económica de Gran Canaria (SPEGC) completan este ecosistema impulsando proyectos de biotecnología azul, acuicultura sostenible y emprendimiento innovador, como la plataforma Bioasis o la Incubadora de Alta Tecnología Marino-Marítima.
Salto de Chira es una infraestructura clave para profundizar en la economía azul de Gran Canaria. Gracias a esta central hidroeléctrica, la isla podrá integrar de forma segura energías marinas como la eólica offshore superando el problema de la intermitencia. Además, facilita que la desalación de agua de mar, actividad estratégica de este modelo económico, funcione con mayor peso de energías limpias, reduciendo costes y emisiones. Hará de infraestructura habilitadora para hacer posible una economía azul más sostenible, innovadora y fuerte.
Más allá de los datos, el reto ahora es mantener este liderazgo con una visión de largo plazo. Apostar por la economía azul implica coordinación institucional, inversión en conocimiento, apoyo al tejido empresarial y una ciudadanía consciente del valor del mar. En Gran Canaria, el océano no solo define su geografía: se perfila como una de las claves más sólidas para construir un futuro sostenible, innovador y competitivo.
Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.
El sector primario canario atraviesa uno de los momentos más delicados de las últimas décadas. Agricultura, ganadería y pesca se encuentran en una encrucijada marcada por decisiones que se están tomando fuera del archipiélago, principalmente en el ámbito europeo aunque también en el del Gobierno español, pero cuyas consecuencias recaen de forma directa sobre un territorio ultraperiférico con marcadas singularidades económicas, sociales y ambientales
Las posibles modificaciones del Programa de Opciones Específicas por la Lejanía y la Insularidad (POSEI), el avance del acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur, el debate en torno a la pesca del atún mediante redes de cerco y la entrada en vigor de nuevas normas de control pesquero que afectan a la flota artesanal configuran un escenario de gran incertidumbre para el campo y el mar canarios.
El POSEI ha sido, desde su creación, una de las principales herramientas de compensación de los sobrecostes estructurales que sufren las regiones ultraperiféricas de la Unión Europea. En el caso de Canarias, este programa -que inyecta 300 millones anuales al sector- ha permitido sostener producciones agrarias y ganaderas que, sin ese apoyo, difícilmente podrían competir en un mercado único diseñado para territorios continentales. La insularidad, la fragmentación del territorio, la lejanía de los principales mercados y la dependencia del transporte marítimo encarecen tanto la producción como la comercialización, situando a los productores canarios en clara desventaja frente a competidores de otras regiones europeas. Así está reconocido expresamente en el artículo 349, que costó tanto conseguir, del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea.
Durante años, el POSEI ha servido para garantizar el abastecimiento del mercado interior, apoyar cultivos estratégicos como el plátano, el tomate o la vid y mantener viva una actividad económica que cumple también una función social, territorial y ambiental. No obstante, en el contexto de las negociaciones del próximo Marco Financiero Plurianual de la Unión Europea, han surgido propuestas que apuntan a una posible integración del POSEI dentro de instrumentos más generales de la Política Agrícola Común. Esta opción supondría diluir el carácter específico del programa y poner en riesgo su financiación directa, vinculada precisamente al reconocimiento de las desventajas permanentes de las regiones ultraperiféricas.
Cualquier debilitamiento del POSEI tendría consecuencias inmediatas sobre la viabilidad de miles de explotaciones. En un contexto de aumento de los costes energéticos, encarecimiento de los insumos y presión creciente sobre los precios en origen, perder un instrumento diseñado a medida del archipiélago aceleraría el abandono del campo, aumentaría la dependencia exterior y comprometería la ya frágil soberanía alimentaria de las islas. Es necesario, igualmente, que se extienda una filosofía similar al ámbito pesquero, con un POSEI específico para la pesca y la acuicultura que tenga en cuenta los costes particulares de la flota canaria.
Paralelamente, el acuerdo de asociación entre la Unión Europea y el Mercosur supone una amenaza adicional. Aunque el pacto persigue la liberalización del comercio entre ambos bloques y se presenta como una oportunidad para determinados sectores industriales y exportadores, el sector primario europeo, y especialmente el de las regiones más vulnerables, se verá seriamente afectado con la apertura del mercado comunitario a productos agrarios procedentes de países con menores costes de producción y normativas diferentes en materia ambiental, sanitaria y laboral.
En el caso canario, la inquietud es doble. Por un lado, la entrada de productos agrícolas a precios más bajos ejercerá una presión a la baja sobre los precios locales, haciendo inviable la producción en un territorio donde los costes son estructuralmente superiores. Por otro, no genera ninguna confianza la aplicación de “cláusulas espejo”, para que los productos importados de terceros países estén sujetos a los mismos estándares sanitarios, medioambientales, laborales y de bienestar animal que se exigen a los productores europeos.
La combinación de un POSEI debilitado y un acuerdo comercial de gran alcance como el de Mercosur es un cóctel extremadamente peligroso. La pérdida de ayudas específicas, unida a una mayor presión competitiva en el mercado, acelerará la desaparición de explotaciones agrarias y ganaderas, con efectos en cascada sobre el empleo, el paisaje, la cohesión territorial y la economía rural. En este contexto, es imprescindible que Canarias, en su condición de región ultraperiférica, sea tenida en cuenta no solo en las políticas de cohesión, sino también en los grandes acuerdos comerciales de la Unión.
En el ámbito pesquero, el debate se intensifica en torno a la posible introducción o ampliación de técnicas de pesca industrial, especialmente el uso de redes de cerco para la captura de atún. La pesca del atún es una actividad estratégica para la flota artesanal canaria, que tradicionalmente ha utilizado métodos altamente selectivos, como el anzuelo, con un impacto ambiental reducido y una elevada calidad del producto. La entrada de flotas industriales o la autorización de técnicas como el cerco con grandes redes supone una amenaza directa a este modelo y elimina la zafra de la pesca del atún que es la que mantiene viva en la actualidad a nuestra flota pesquera artesanal. La utilización de pescado de la zona para alimentar a las crías de atún, con ratios de 15:1 sería realmente insostenible y realmente dañina para la fauna local.
Las organizaciones de pescadores y también el Cabildo de Gran Canaria han alertado de que la pesca industrial del atún altera los equilibrios del caladero, reduce la disponibilidad del recurso para la flota local y provoca un impacto ecológico significativo, especialmente si se utilizan dispositivos de agregación de peces. Más allá del daño ambiental, el riesgo principal es socioeconómico: la flota artesanal no puede competir con la capacidad extractiva ni con la escala de la pesca industrial, lo que podría llevar a la desaparición de un sector que genera empleo y forma parte de la identidad cultural de Canarias.
A esta preocupación se suman las nuevas normas europeas de control pesquero que han entrado en vigor recientemente con el objetivo de reforzar la trazabilidad, mejorar la gestión de los recursos y luchar contra la pesca ilegal. Aunque el principio de sostenibilidad es compartido por el sector, la aplicación práctica de estas normas ha generado un fuerte malestar entre los pescadores artesanales canarios. Muchas de las obligaciones administrativas y tecnológicas que se exigen, como el registro electrónico detallado de capturas o los avisos previos de llegada a puerto, están diseñadas para flotas de mayor tamaño y no se adaptan a la realidad de pequeñas embarcaciones de bajura.
Para la pesca artesanal, estas exigencias suponen un aumento de los costes y una carga burocrática difícil de asumir. La falta de adaptación normativa a las particularidades de Canarias puede convertir una actividad tradicional y sostenible en económicamente inviable. Las cofradías advierten de que, si no se introducen excepciones o ajustes específicos, muchas embarcaciones se verán obligadas a abandonar la actividad, con la consiguiente pérdida de empleo y de conocimiento tradicional.
En conjunto, las tensiones actuales reflejan un problema de fondo: la dificultad de encajar políticas europeas de carácter general en territorios con características excepcionales como Canarias. La defensa del sector primario no pasa por rechazar la sostenibilidad, la modernización o el comercio internacional, sino por exigir que estos procesos tengan en cuenta la singularidad insular y ultraperiférica. El futuro del campo y del mar canarios depende de que la Unión Europea mantenga instrumentos específicos, escuche a los territorios afectados y diseñe políticas que no sacrifiquen a los sectores más frágiles en nombre de un mercado globalizado.
Y como señalé en mi artículo de la semana pasada, pasados los años, la UE y el Gobierno español de turno, se darán cuenta del error y del daño producido, como acaban de reconocer con la casi desaparición del tomate canario cuya fortaleza estaba en Gran Canaria. El Tribunal de Cuentas Europeo acaba de certificar que las ayudas comunitarias no han servido para proteger al tomate canario frente a las importaciones marroquíes. Se dan cuenta muy tarde, después de que lo mataran. Lo mismo que hicieron con la pesca artesanal situándola al borde del precipicio.
Desde el Cabildo de Gran Canaria, comprometido con la defensa del sector primario, la soberanía alimentaria y el desarrollo sostenible, consideramos imprescindible alzar la voz y trasladar a las instituciones competentes nuestra oposición a unas medidas que ponen en riesgo el presente y el futuro del campo canario. De esta manera reafirmamos el compromiso del Gobierno de la isla con la defensa del sector primario, la soberanía alimentaria, el producto local y el mantenimiento de un medio rural vivo y sostenible.
En última instancia, lo que está en juego no es solo la rentabilidad económica de unas actividades productivas, sino un modelo territorial, social y cultural que ha dado forma a Canarias durante siglos. Preservar el sector primario significa también comer más fresco y más sano y proteger el paisaje, la biodiversidad, la lucha contra los incendios, la reducción de la huella ecológica en el consumo de alimentos, la identidad y la capacidad del archipiélago para decidir sobre su propio abastecimiento y su relación con el entorno. No podemos aceptar que otros decidan por nosotros qué comemos, en qué condiciones y a qué precio. La respuesta que se dé hoy a estos desafíos marcará el rumbo del sector primario canario durante las próximas décadas.
Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.
Gran Canaria ha construido durante décadas un ecosistema científico, tecnológico y empresarial vinculado al mar que hoy es referencia en el Atlántico. En torno a Taliarte se ha consolidado un polo de conocimiento y economía azul en el que conviven centros de excelencia, universidad, empresas innovadoras e infraestructuras singulares que sitúan a la isla en una posición estratégica para afrontar retos globales como la transición energética, la adaptación al cambio climático y la soberanía tecnológica
En el corazón de ese ecosistema se encuentra la Plataforma Oceánica de Canarias (PLOCAN), una Infraestructura Científico-Técnica Singular (ICTS) única en España, clave para el desarrollo de la eólica marina flotante, las energías marinas, la robótica submarina, la observación oceánica, los nuevos vectores energéticos y la investigación aplicada al medio marino
Sin embargo, mientras el contexto internacional acelera la inversión en tecnologías oceánicas y energías renovables marinas, PLOCAN permanece atrapada en una hibernación institucional prolongada que amenaza seriamente su viabilidad futura.
Esta situación no es coyuntural ni accidental. Es el resultado de una congelación presupuestaria sostenida, de la ausencia de inversiones estructurales, del abandono del mantenimiento de sus instalaciones y de la parálisis de su estructura de personal, con consecuencias directas sobre su capacidad científica, tecnológica y de innovación.
De manera especialmente grave, la masa salarial de la Plataforma Oceánica de Canarias permanece estancada desde, al menos, el año 2014, sin que se haya producido desde entonces una actualización estructural de las retribuciones, ni adaptación al incremento del coste de la vida, ni equiparación con otras infraestructuras científico-técnicas singulares del sistema estatal de I+D+i. Este estancamiento salarial, que se prolonga ya más de una década, sitúa al personal investigador, técnico y de gestión de PLOCAN en una clara desventaja comparativa frente a otras ICTS y tiene efectos directos sobre la capacidad de la institución para retener talento, captar perfiles altamente cualificados y consolidar equipos estables.
El contraste con el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) resulta evidente. Mientras PLOCAN mantiene salarios congelados desde 2014 y financiación estructural estancada, el IAC ha visto incrementados de forma progresiva sus presupuestos y su capacidad de consolidación de personal, permitiendo atraer talento, estabilizar equipos y planificar estratégicamente su crecimiento. Este diferente tratamiento no se explica por resultados ni por impacto, ya que PLOCAN ha atraído a Gran Canaria más de 100 millones de euros en inversión apalancada, lidera ensayos internacionales de eólica marina y forma a especialistas de decenas de países.
Resulta especialmente llamativo que, mientras el Instituto de Astrofísica de Canarias cuenta en su Consejo Rector con la participación de los cabildos insulares de Tenerife y La Palma, garantizando respaldo territorial, coordinación institucional y alineamiento estratégico, el Ministerio de Ciencia, Innovación, y Universidades y el Gobierno de Canarias impidan al Cabildo de Gran Canaria su presencia en el Consejo rector de la Plataforma Oceánica de Canarias pese a estar ubicada en Gran Canaria y a estar situada físicamente en un terreno cedido por el Gobierno insular. Conviene subrayar, además, que el Cabildo de Gran Canaria ha invertido directamente 1,45 millones de euros en la PLOCAN entre 2017 y 2024, a través de distintas actuaciones vinculadas a la investigación marina, la explotación sostenible de recursos y programas educativos como EDUROV, sin haber formado parte en ningún momento de su Consejo Rector.
Por otro lado, lejos de encontrarse inactiva, la Plataforma Oceánica de Canarias mantiene en la actualidad un volumen muy elevado de actividad internacional, gestionando más de cuarenta proyectos de investigación e innovación en curso, en su mayoría financiados por programas europeos como Horizon Europe, Interreg, CINEA y otras iniciativas comunitarias, tal y como se recoge en su propia página web institucional. Estos proyectos abarcan ámbitos estratégicos como la eólica marina flotante, las energías del mar, la observación oceánica, la restauración de ecosistemas marinos, la robótica submarina, los sistemas multipropósito mar-energía-acuicultura y las infraestructuras de ensayo offshore.
Este elevado número de proyectos europeos en ejecución demuestra que PLOCAN conserva prestigio científico, capacidad técnica y reconocimiento internacional, y que su situación actual no responde a una falta de actividad ni de resultados, sino a una infrafinanciación estructural deliberada de su núcleo institucional. En la práctica, Europa está sosteniendo la actividad de PLOCAN, mientras el Estado y el Gobierno de Canarias mantienen congelada su estructura básica.
La consecuencia directa de esta situación no es únicamente un problema laboral o presupuestario: es un riesgo estratégico para Gran Canaria y para Canarias. La pérdida de investigadores altamente cualificados, la dificultad para atraer nuevos perfiles especializados y la dependencia excesiva de contratos temporales ligados a proyectos competitivos debilitan la capacidad institucional de PLOCAN y comprometen su liderazgo internacional.
A esta situación se suma, repito, un problema institucional de fondo, a pesar de que PLOCAN está ubicada en Gran Canaria y constituye uno de sus principales activos científicos, el Cabildo de Gran Canaria ha sido excluido reiteradamente de su Consejo Rector, pese a haber solicitado formalmente su incorporación en distintos mandatos autonómicos y estatales. Esta negativa resulta aún más difícil de justificar si se tiene en cuenta que el Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía (IDAE), adscrito al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), sí ha sido incorporado al Consejo Rector sin que ello haya supuesto ningún obstáculo ni conflicto institucional.
La pregunta es inevitable: si se permitió sin problema la entrada de un organismo estatal, ¿por qué se veta sistemáticamente la presencia del Cabildo de Gran Canaria, administración del territorio donde se asienta la infraestructura? ¿Acaso no se quiere que haya testigos institucionales de una degradación progresiva que amenaza con convertirse en una muerte lenta y silenciosa? Todo ello se produce, además, en un contexto de deterioro físico de las instalaciones, con problemas de mantenimiento no resueltos desde hace años impropios de una ICTS de primer nivel, lo que refuerza la percepción de una estrategia de dejación sostenida. Es necesario que se acometa un plan urgente de inversiones para la rehabilitación, mantenimiento y modernización de las instalaciones de PLOCAN y que se apruebe un plan de recursos humanos y de actualización salarial que permita corregir el estancamiento de la masa salarial existente desde 2014, estabilizar equipos y evitar la fuga de talento.
La PLOCAN no es un lujo prescindible ni una infraestructura secundaria. Es un pilar de la estrategia energética, científica y económica de Gran Canaria y de Canarias. Permitir su degradación silenciosa equivale a renunciar al futuro. El Cabildo de Gran Canaria no puede ni va a ser cómplice de este proceso.
El Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y el Gobierno de Canarias deben poner fin de manera inmediata a la hibernación institucional de la Plataforma Oceánica de Canarias, garantizando una financiación estructural suficiente, estable y acorde a su condición de Infraestructura Científico-Técnica Singular y Estratégica. De la misma manera, el Cabildo de Gran Canaria debería acceder al Consejo Rector de la Plataforma Oceánica de Canarias (PLOCAN) en igualdad de condiciones que otras administraciones públicas ya integradas en dicho órgano, tal y como se hace en otros territorios insulares y en otras entidades e instituciones de la misma dimensión. La discriminación y el abandono son flagrantes.
Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.
La acuicultura, definida como el cultivo de organismos acuáticos bajo control humano, es una actividad clave para afrontar los retos alimentarios, económicos y ambientales del siglo XXI. Su expansión responde al aumento de la demanda de productos marinos, la presión sobre las pesquerías tradicionales y la necesidad de producir alimentos de forma más sostenible. Actualmente, es un pilar de la seguridad alimentaria global y del desarrollo económico
Según la FAO, la producción acuática mundial alcanzó en 2022 los 223,2 millones de toneladas, un 6,6 % más que en 2020, superando por primera vez la acuicultura a la pesca extractiva. Este organismo impulsa el sector mediante la iniciativa de Transformación Azul, promoviendo prácticas sostenibles orientadas a la seguridad alimentaria y la resiliencia climática. Los productos acuícolas aportan proteínas de alta calidad (de menor impacto medioambiental que las de la carne) y nutrientes esenciales como omega-3, vitaminas y minerales. Ante una población mundial que superará los 9.700 millones en 2050, la acuicultura destaca por su eficiencia, al requerir menos recursos que la ganadería terrestre.
Más allá de su valor nutricional, la acuicultura refuerza la seguridad alimentaria local y preserva tradiciones en comunidades costeras. Al mismo tiempo, el sector avanza hacia modelos más sostenibles gracias a la innovación tecnológica, la automatización, la biotecnología y el desarrollo de viveros offshore con menor impacto ambiental. En un contexto de cambio climático y agotamiento de los recursos pesqueros, la acuicultura se consolida como una herramienta estratégica, complementaria a la pesca extractiva, capaz de satisfacer la demanda global sin comprometer los ecosistemas marinos.
Gran Canaria desde los años ochenta del siglo pasado ha sido el motor productor e investigador de la acuicultura en mar abierto de Canarias, con la aparición de las primeras empresas de viveros marinos en Arguineguín y su posterior desarrollo en la Bahía de Melenara, Castillo del Romeral y Arinaga. Y ha tenido que ver también en ello la existencia de centros investigadores de reconocimiento internacional como el instituto universitario ECOAQUA-ULPGC, entre otros.
Según la Asociación Empresarial de Acuicultura de España (APROMAR), la cosecha de acuicultura en España en 2024 fue de 268.564 toneladas (t), con un valor en primera venta de 856,5 millones de euros. La especie más abundante fue la de mejillón, con 184.593 t y un valor estimado de 138,1 M€. Le siguen la lubina con 27.376 t y un valor de 138,1 M€, la trucha arco iris con 16.693 t y un valor de 54,6,7 M€, la dorada con 10.765 t y con un valor de 72,0 M€ y el atún rojo con 10.312 t, con un valor de 184,4 M€. En Europa, la producción fue de casi tres millones de toneladas.
La cosecha de lubina en España en 2024 fue de un 11,4% más que en 2023 (24.580 t) y un valor de 123,7 M€. La Comunidad Valenciana ha encabezado la producción con 8.592 t (el 31,4% del total), seguida por la Región de Murcia (6.692 t, el 24,4%), Canarias (6.594 t, el 24,1%), Andalucía con 4.797 t (el 17,5%) y Cataluña con 701 t (el 2,6%).
Las cifras hablan por sí mismas: Gran Canaria genera actualmente más del 65% de la producción acuícola de Canarias, con un enfoque especial en la producción de lubina, representando un impresionante 88,5% de la producción regional. Estos logros demuestran no solo nuestra capacidad productiva, sino también el compromiso y la visión de un futuro próspero y sostenible de la isla.
Dos empresas copan la producción insular de manera preferente: AQUANARIA, que hasta 2023 contaba con dos instalaciones en mar abierto, en Melenara y Castillo del Romeral, donde producían y comercializaban 3.200 t/año, con un valor comercial de 35 M€, empleando para ello, de forma directa, a unas ciento ochenta personas. Además, dispone, en Castillo del Romeral, de una instalación en tierra de “preengorde”, donde se crían las lubinas antes de ser llevadas a las instalaciones en mar abierto, y una planta comercializadora en Las Majoreras (Ingenio).
Con una presencia menor opera también en la isla CANEXMAR, con una instalación de viveros en el mar en Tufia, Telde. Producen 550 t/año, con un valor comercial de 3,3 M€. Cuenta igualmente con una planta de procesado de pescado en Castillo del Romeral y emplea a una veintena de personas..
Las dos comercializan hasta la fecha un total insular de 3.750 toneladas /año, con un valor comercial de 38,3 M€ y unos doscientos empleos directos.
Tras la aprobación en 2018 del Plan Regional de Ordenación de la Acuicultura en Canaria (PROAC), las instalaciones de AQUANARIA en Salinetas y de CANEXMAR en Tufia se quedaron “fuera de ordenación”, debiendo por tanto reubicarlas a una zona de interés para la acuicultura (ZIA), a través de concurso público para el otorgamiento de nuevas concesiones en ese espacio. Tras los correspondientes concursos y otorgamientos, la empresa AQUANARIA consiguió en 2022 autorizaciones de producción de una máxima anual total de 9.150 t/año, entre las tres concesiones: Castillo del Romeral, Arinaga y Melenara (para trasladar más al sur, más lejos de la costa y a más profundidad la situada frente a la Playa de Salinetas). Cada una con una autorización de producción de hasta 3.050 t/año.
La inversión de estas dos ampliaciones y de una nueva instalación superan los 41 M€. En ello se incluye además una inversión importante de ampliación de sus instalaciones en tierra para el preengorde de alevines que luego irán al mar. El personal necesario para la gestión de las actuales y futuras instalaciones será de unas 400 personas.
Esta estrategia empresarial de crecimiento se inicia en 2015, decidiendo orientar toda su producción a un producto gastronómico selecto como es la lubina de gran tamaño, de entre 2 y 4 kilos cada pez, que tardan 42 meses en conseguir. Actualmente esta empresa comercializa un 50% fuera de España, en más de 24 países, a través de una red de 200 distribuidores, lo que la hace ser el mayor exportador por vía aérea de producto fresco de Canarias, ya que tienen envío por avión todos los días de la semana.
El Cabildo de Gran Canaria, a través de la Consejería de Sector Primario y de la SPEGC, ha apoyado este proceso, promoviendo y apoyando activamente el desarrollo de la acuicultura sostenible a través de iniciativas como BIOASIS Gran Canaria. Este programa, en colaboración con entidades públicas de investigación, proporciona apoyo especializado y soluciones concretas para los promotores y empresas que buscan invertir en nuestra isla.
Bioasis Gran Canaria no solo ha asesorado y acompañado a los promotores de proyectos acuícolas en la isla, sino que, además, a través de la Incubadora de Alta Tecnología en Biotecnología Azul y Acuicultura del Cabildo de Gran Canaria (en las instalaciones del ITC de Pozo Izquierdo) ha apoyado a más de 30 empresas emergentes que desarrollan proyectos innovadores. Y se ha hecho en procesos de investigación de tecnología para la cría y cultivo de algas, con aplicaciones en sectores como la alimentación, cosmética y biomedicina, en biotecnología azul que ha trabajado en innovación en la producción de bioplásticos a partir de recursos marinos, contribuyendo a la sostenibilidad y reducción de plásticos convencionales y, por último, en acuicultura de especies marinas, optimizando la acuicultura de de alto valor comercial mediante prácticas sostenibles y eficientes.
La polémica suscitada, tras la contaminación de diversas playas grancanarias por la muerte masiva de peces provenientes de la acuicultura, ha generado un importante debate social y cierto cuestionamiento de la acuicultura. Es un error, un tremendo error, demonizar a la acuicultura. Es una enorme irresponsabilidad el que desde las administraciones públicas se aliente el ataque y el rechazo a una práctica sostenible, clave para la alimentación del futuro y para la diversificación económica de Gran Canaria. Hace falta una política rigurosa de apoyo y desburocratización por parte de la administración responsable.
Gran Canaria ha conseguido ser pionera y puntera en el desarrollo científico, empresarial y económico del cultivo de peces y microalgas, haciendo de este sector una actividad compatible con otros usos de nuestro mar. Ha logrado una plena convivencia con la pesca artesanal de la que demanda servicios, conocimientos e infraestructuras para sus actuaciones.
Pero no es menos cierto que se hace urgente e imprescindible el conocer las causas de las muertes de los peces para que se asuman las responsabilidades a las que haya lugar. Y no se ha actuado con diligencia ni con transparencia por parte de las instituciones competentes. Está claro también que los viveros deben estar alejados lo más posible de la población para evitar alarmas sociales innecesarias, y en eso estaba la empresa. En cualquier caso, la mesura, la transparencia y la rigurosidad en las actuaciones deben ser el eje central sobre el que gire la necesaria convivencia entre la acuicultura, las instituciones y la sociedad grancanaria.
Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.
A principios de diciembre de 2025 escribí un artículo, que se publicó en este mismo medio, titulado “Dajla, una expansión que compromete a Canarias”. Lo hacía en el contexto de una misión comercial al citado puerto, diseñada por PROEXCA (Gobierno de Canarias) con la federación empresarial portuaria FEDEPORT, para animar al empresariado local a invertir en ese espacio del Sáhara Occidental. Denunciaba en aquel artículo la inoportunidad y la ilegalidad flagrante de la propuesta, al plantearse en un territorio ocupado y sometido a un proceso de descolonización, y porque supone, de facto, potenciar un puerto llamado claramente a competir con el Puerto de la Luz y de Las Palmas.
En el brindis de Navidad celebrado por FEDEPORT unos días después, su presidente hizo frente a estas críticas planteando que detrás de ellas se encontraban deslealtades empresariales y rechazando cualquier “manipulación pública”.
Unas semanas más tarde, y dejo para otro momento el análisis y sus posibles consecuencias, se hizo pública la adquisición del 45% de Boluda por parte de la empresa semipública marroquí Marsa Maroc. Dudo de que eso no afecte a Canarias ni a la seguridad del Estado. Entiendo que pasará por el control de la Junta de Inversiones Exteriores y el Consejo de Ministros. Insistiré en ello y ya he encargado un informe para valorar su alcance.
En medio de todo esto, Fernando Clavijo ha anunciado que viaja este mes a Marruecos para impulsar la cooperación con ese país en sectores sensibles como el turismo, entre otros. Más de lo mismo, de nuevo se anima a invertir en un sector que compite directamente con Canarias. No creo en las casualidades. Y me preocupa que muy pocos alcen la voz frente a hechos consumados que ponen en riesgo nuestro futuro.
Yo sigo en mis treces y así lo planteé en la última Junta de la Autoridad Portuaria. Potenciar Dajla, llamar a invertir en Dajla, supone un atentado al derecho internacional y también al Puerto de la Luz y de Las Palmas, especialmente. Y me pregunto si todo sería igual si el perjudicado fuera otro puerto canario. Pongo un ejemplo real: fíjense en lo que ha sucedido en los último años con el Puerto de Algeciras.
El desarrollo del puerto Tánger Med se ha presentado durante años como un éxito logístico incuestionable y como una oportunidad de cooperación regional en el entorno del Estrecho de Gibraltar. Sin embargo, desde la orilla norte, la lectura es necesariamente distinta. Para el puerto de Algeciras, el impulso sostenido de Tánger Med ha supuesto una pérdida progresiva de centralidad, tráfico y capacidad de influencia, con efectos económicos y laborales que no pueden seguir considerándose daños colaterales inevitables. Más preocupante aún es que este proceso se haya producido con la aquiescencia —cuando no con la colaboración indirecta— de España y de la Unión Europea, sentando un precedente que amenaza con repetirse en otros enclaves estratégicos como el del puerto grancanario.
Algeciras fue durante décadas el gran puerto de transbordo del Mediterráneo occidental, un nodo esencial de las rutas Asia-Europa y un pilar económico del Campo de Gibraltar. Hoy, ese liderazgo ha sido desplazado por Tánger Med, un puerto que ha crecido al calor de inversiones masivas, una estrategia de Estado claramente definida y un marco regulatorio mucho más permisivo que el europeo. La consecuencia es clara: tráficos que antes recalaban en Algeciras se concentran ahora en la orilla sur, atraídos por menores costes operativos, mayor capacidad instalada y la ausencia de determinadas exigencias normativas.
La aplicación del Sistema de Comercio de Emisiones de la UE al transporte marítimo ha actuado como un acelerador de esta dinámica. Mientras los puertos comunitarios asumen nuevos costes ambientales —legítimos desde el punto de vista climático, pero mal calibrados desde el estratégico—, puertos no comunitarios como Tánger Med compiten sin esa carga adicional. A ello se suman los costes salariales más bajos, la normativa de seguridad más laxa, las tarifas más reducidas… El resultado es una competencia desequilibrada que penaliza a Algeciras no por ineficiencia, sino por pertenecer al espacio europeo. Desde la Bahía de Algeciras se ha advertido reiteradamente del riesgo de desvío de tráficos, ingresos y empleo, sin que hasta ahora se haya articulado una respuesta eficaz a escala estatal o comunitaria.
Lo ocurrido con el puerto de Algeciras no puede seguir presentándose como un simple ajuste del mercado ni como una consecuencia inevitable de la globalización. Ha sido, en gran medida, el resultado de decisiones políticas concretas, de omisiones estratégicas deliberadas y de una colaboración europea mal entendida que ha fortalecido a un gran hub portuario extracomunitario —Tánger Med— a costa de debilitar uno de los puertos más estratégicos del sistema portuario español y europeo.
Desde Algeciras se alertó. Se advirtió del riesgo de pérdida de tráficos, de empleo y de centralidad estratégica. No se escuchó. Hoy, el puerto sigue siendo relevante, pero ya no lidera y el Campo de Gibraltar paga las consecuencias de una política que sacrificó soberanía logística en nombre de una supuesta cooperación regional.
Lo más inquietante es que este patrón amenaza con reproducirse casi punto por punto en el Atlántico. El Puerto de La Luz y de Las Palmas, uno de los grandes hubs logísticos de África occidental y pieza clave para Canarias, debe observar con inquietud el impulso al puerto de Dajla (Dakhla) en el sur de Marruecos. Dajla aspira a convertirse en un gran nodo logístico y energético entre Europa, África y América, replicando el modelo de Tánger Med: grandes infraestructuras, fuerte respaldo estatal y un entorno regulatorio más flexible que el europeo.
Si no se extraen lecciones del caso de Algeciras, el riesgo es evidente. Las Palmas podría verse sometido en los próximos años a la misma presión competitiva: desvío de tráficos de transbordo, pérdida de servicios marítimos, reducción de actividad logística y debilitamiento de su papel estratégico. Y, de nuevo, no por falta de capacidad, experiencia o posición geográfica, sino por competir desde un marco normativo más exigente frente a un puerto extracomunitario diseñado expresamente para captar esos tráficos.
Existe además, insisto en ello, un elemento político que no puede ignorarse. El desarrollo de Dajla no es solo una cuestión portuaria, sino que se inserta en una estrategia geoeconómica y geopolítica más amplia de Marruecos. Que España y la UE miren hacia otro lado —o incluso faciliten indirectamente esta dinámica mediante acuerdos comerciales, inversiones o regulaciones asimétricas— supondría repetir el error cometido con Algeciras, esta vez con consecuencias potencialmente graves para Canarias.
Pero hay un elemento que hace el caso de Dajla cualitativamente más grave y que no puede ser soslayado: Dajla se proyecta en un territorio ocupado, el Sáhara Occidental, pendiente de descolonización según el derecho internacional. España, potencia administradora de iure reconocida por la ONU, no puede alegar ignorancia. Impulsar, respaldar o tolerar el desarrollo de un gran puerto estratégico en ese enclave supone normalizar una ocupación ilegal y convertir la logística, el comercio y la inversión europea en instrumentos de consolidación de un hecho consumado contrario a resoluciones internacionales.
Si con Algeciras el daño fue económico y estratégico, con Dajla el error sería además jurídico y ético. Facilitar —directa o indirectamente— que Dajla compita con Las Palmas significa no solo poner en riesgo uno de los pilares económicos de Canarias, sino también legitimar un modelo de desarrollo asentado sobre la negación del derecho de autodeterminación del pueblo saharaui. No es una cuestión ideológica: es una cuestión de legalidad internacional.
El Puerto de La Luz y de Las Palmas es hoy un nodo esencial para el suministro, el transbordo y la proyección atlántica de España y de la UE. Si se permite que Dajla crezca bajo las mismas condiciones que hicieron de Tánger Med un competidor imbatible para Algeciras —y, además, en este caso un territorio ocupado—, el mensaje será demoledor: Europa está dispuesta a sacrificar sus propios puertos estratégicos y sus principios jurídicos a cambio de estabilidad aparente y ventajas a corto plazo.
Algeciras fue el aviso. Las Palmas puede ser la repetición y si no se actúa a tiempo, podría convertirse en el siguiente eslabón de una cadena de pérdidas estratégicas. Dajla, en estas condiciones, debería ser la línea roja. Porque cuando un Estado renuncia a defender sus puertos, renuncia a su economía; pero cuando renuncia a defender el derecho internacional, renuncia también a su credibilidad y pone en peligro su soberanía. Y eso, a largo plazo, no se compensa con ningún contenedor más movido al sur del Atlántico.
La lección es clara: no puede haber una política portuaria europea que fortalezca hubs extracomunitarios a costa de debilitar sus propios puertos estratégicos. La transición ecológica, la cooperación regional y la apertura comercial son objetivos legítimos, pero deben ir acompañados de mecanismos que eviten la deslocalización de actividad portuaria y logística fuera de la UE.
Si se pierde un puerto no se pierde solo tráfico: se pierde empleo, capacidad industrial, autonomía logística y peso geopolítico. Y eso, a largo plazo, es un precio demasiado alto para cualquier país y para Europa en su conjunto. Imagínense lo que supondría para Gran Canaria y para Canarias, aunque a algunos interlocutores políticos y empresariales les preocupe poco el puerto grancanario.
Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.
En 1949, apenas una década después finalizada de la Guerra Civil Española, Agüimes, como el resto de Canarias, se enfrentaba a una realidad marcada por la represión, el racionamiento y una pobreza severa. La escasez de alimentos, la precariedad en el transporte, la sanidad y la educación definían la vida diaria en un municipio esencialmente rural y aislado. Las escuelas eran pequeñas y con recursos mínimos, y muchos niños alternaban los estudios con el trabajo en el campo
En este contexto difícil, María Jesús Melián Alvarado, una rica hacendada agüimense, aconsejada por sus albaceas, tomó una decisión trascendental: destinar recursos a la construcción de un colegio en lugar de un hospital. Esta elección buscaba acercar la educación a los niños del pueblo, una iniciativa que marcaría el futuro de la comunidad.
La llegada de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (La Salle) en 1949, para cumplir ese objetivo supuso una revolución educativa, social y cultural. Primero impartieron clases en las Casas Nuevas -hoy Complejo Parroquial- y, desde 1952, en el colegio Jesús Sacramentado. La pedagogía lasaliana, fundada en la inclusión, la gratuidad y la formación integral, se enfocaba especialmente en los más desfavorecidos. Su labor rompió el aislamiento secular de Agüimes, abriendo horizontes y formando en diversos oficios y disciplinas a profesionales que nunca imaginaron que se pudieran acoger a un ascensor social de esa magnitud en aquellos momentos.
Yo tuve la fortuna de ser educado por ellos hasta su marcha en 1968. Con ellos viví mis primeras experiencias culturales: cine, teatro, conciertos y deportes. También participé en un teleclub autogestionado por los alumnos. Estas vivencias, únicas en la Gran Canaria de la época, ampliaron nuestra mirada crítica y transformaron nuestro futuro, aunque hay que decir también, que todo este desarrollo estaba limitado a los niños, puesto que era un colegio masculino y que por tanto, las niñas quedaron excluidas. Ahora, afortunadamente, eso sería impensable
De ese espíritu transformador nació, impulsada por la Asociación de Antiguos Alumnos de La Salle, la Cabalgata-Auto de los Reyes Magos de Agüimes. La Asociación se creó para mantener los vínculos con el colegio y continuar la labor cultural iniciada por los hermanos. Su consolidación fue posible gracias a la voluntad de un maestro, el Hermano Lorenzo Martín González, y al impulso de más de un centenar de antiguos alumnos como Bernardino Romero Melián (presidente) y Orlando Hernández Martín (secretario).
El 5 de enero de 1956, con un texto de Orlando Hernández, se celebró por primera vez la Magna Cabalgata de Reyes. Hernández, Hijo Predilecto de la Villa, es un novelista, poeta, periodista y dramaturgo que renovó el teatro religioso en Canarias, adaptando la tradición medieval del auto sacramental a un lenguaje cercano y comunitario. Esta obra, junto al auto de Pasión "... y era el Hijo del Hombre", creada también por él, forman un eje cultural central en la identidad de Agüimes, compartiendo origen, autor y raíz dramática.
La Cabalgata-Auto no es un desfile convencional, sino una profunda manifestación cultural que embelesa, ilusiona y crea complicidad en la comunidad. Representa un mecanismo de cohesión social, identidad local y transmisión intergeneracional. Cientos de vecinos y vecinas participan voluntariamente como actores, figurantes o técnicos, haciendo de esta una obra colectiva donde el pueblo es creador, protagonista y transmisor.
Manteniendo la estructura de la Epifanía, el Auto combina devoción, teatro y participación popular. Los espectadores recorren con la comitiva las calles del casco histórico, convertidas en escenario, siguiendo el camino narrativo hacia el Nacimiento. Esta ritualización refuerza el valor patrimonial de Agüimes y atrae a miles de visitantes cada año, potenciando su visibilidad cultural sin perder su esencia comunitaria.
El auto es poesía viva. Cerremos los ojos y veamos cómo el desfile avanza por las calles del pueblo como una visión que entrelaza historia, tradición y sueño. Desde lejos se escucha el rumor de los pasos, el tintineo de los adornos y el murmullo expectante de quienes esperan cada año este momento. Vemos desfilar a los pastores y pastoras y a las hebreas, con sus telas suaves que se mecen al ritmo de la marcha, portando cántaros y lámparas que parecen traer consigo el eco de tierras antiguas. Sus rostros serenos y su caminar pausado abren la puerta a un tiempo remoto, casi sagrado.
Detrás irrumpen los romanos, imponentes y solemnes, con sus armaduras que reflejan la luz de las farolas y sus estandartes ondeando como lenguas de fuego. A su paso, se siente un leve estremecimiento, como si el pavimento recordara historias de poder y disciplina. Las cornetas y tambores nos llevan en volandas, con las mejores notas, a espacios celestiales. Los gladiadores, vigorosos y orgullosos, completan este bloque con su fuerza simbólica, representando la dureza del mundo que rodeaba el misterio del nacimiento.
Y entonces llega el corazón del desfile: los Reyes Magos. Se acercan montados en sus camellos, envueltos en capas que brillan con tonos de oro, púrpura y esmeralda. Melchor, Gaspar y Baltasar avanzan con una dignidad luminosa, saludando a los niños que levantan las manos con una mezcla de inocencia y veneración.
Repartiendo caramelos, recogiendo cartas, encendiendo miradas. Cada gesto suyo parece sembrar un pedacito de ilusión en el aire. A su alrededor, los pajes tejiendo un puente entre la nobleza de los Reyes y la emoción del público.
La Noche de Reyes en Agüimes brilla con luz propia. Es una noche de ilusión para los niños y niñas, que dejan agua y alfalfa para los camellos y sus zapatos en la ventana, y de emoción revivida para los adultos.
Porque la Noche de Reyes no es sólo el brillo de un milagro antiguo; es el mapa íntimo de nuestros deseos, la ventana por donde la inocencia vuelve a entrar, y la música secreta que cada corazón escucha cuando decide creer. Cada regalo al amanecer representa mucho más que un objeto: es un gesto de afecto, un símbolo de sueños compartidos y el eco de esa leyenda antigua que sigue viva.
Y para hacerlo posible, los Reyes Magos llegan hasta las casas de Agüimes en la madrugada del 6 de enero. Sí, realmente, físicamente. No estoy expresándome en lenguaje figurado. Nos lo anuncian de madrugada las cornetas y los tambores. Imaginen ese instante como un destello suspendido en el tiempo.
El niño, la niña, aún envueltos en la tibieza del sueño, abren los ojos, y de pronto descubren una silueta majestuosa inclinada sobre ellos: un Rey Mago, con su aroma a noche estrellada y viaje largo, sus ropajes que parecen traer consigo un murmullo de campanas lejanas. En sus manos, un juguete que brilla como si guardara dentro una promesa.
Primero llega la sorpresa, pura y desbordante: el corazón se acelera, los ojos se agrandan, la respiración se corta por un segundo. Luego asoma la incredulidad maravillada, esa mezcla de querer creer y no atreverse, hasta que el Rey sonríe y todo se vuelve cierto, tangible, inevitablemente mágico. Y finalmente, un torrente de emoción: alegría que sube desde el pecho, una ternura que lo envuelve todo, la sensación de que el mundo es más grande y más hermoso de lo que imaginaban.
Ese instante se clava para siempre en la memoria: no es solo un juguete, es el descubrimiento íntimo de que los sueños pueden tocarse, de que lo imposible puede entrar en la habitación a media noche y pronunciar su nombre. Es el tipo de emoción que, aun cuando pasan los años, sigue iluminando desde dentro.
Esta tradición no es un mero recuerdo del pasado, sino una forma de caminar juntos hacia el futuro sin olvidar los orígenes. Agüimes ha sabido equilibrar el progreso con el respeto a sus raíces, manteniendo vivas sus tradiciones como herencia activa y compartida. El Auto de Reyes, la Semana Santa y sus remates (donde La Salle también tiene un papel fundamental), el Carnaval y otras festividades son encuentros que fortalecen la identidad colectiva y el sentido de pertenencia.
La Asociación La Salle, con setenta años de trayectoria, es el pilar de esta continuidad. Su capacidad para reinventarse sin perder sus raíces, superando desafíos de espacio, recursos y nuevos tiempos, es admirable. Como alcalde, he compartido sus retos y he visto su compromiso inquebrantable.
Por ello tenemos que dar las gracias siempre a quienes trajeron a los Hermanos de La Salle, a los hermanos que educaron, a los antiguos alumnos y a todos los que mantienen viva esta tradición. A quienes ensayan, organizan y participan año tras año. A cada agüimense que aporta su grano de arena para que Agüimes siga siendo un lugar auténtico, con alma.
Mientras nuestras tradiciones vivan, vivirá lo mejor de nosotros. Honrando legados como este, en tantos lugares de nuestra isla, es la manera de afianzar el futuro de cada municipio, de Gran Canaria entera.
Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.
“El pasado nunca muere. Ni siquiera es pasado”. Estas palabras de William Faulkner invitan a reflexionar sobre la resonancia en el presente de acontecimientos y procesos sociales que tuvieron lugar tiempo atrás. En Gran Canaria lo sabemos bien porque nuestra fuerte identidad atlántica es resultado de la cristalización a lo largo de los siglos de una realidad construida con diversos materiales, como la fusión de culturas y la adaptación al territorio. Si se evaporara el mar, quedaría la sal. Si se desvaneciera el tiempo, permanecería la cultura. La huella
Seguimos adelante porque tenemos un horizonte, pero sobre todo un punto de partida. El Cabildo de Gran Canaria es consciente de la importancia de preservar el legado histórico y arqueológico. Y actúa en consecuencia. Lo hacemos porque preservar un edificio, una fachada o un yacimiento aborigen es mucho más que proteger un espacio o un material determinado. El bien superior que amparamos es la memoria. Y también las enseñanzas que entrañan momentos, lugares y episodios que nos hablan de resistencia y evolución, al tiempo que ponen sobre la mesa aspectos tan trascendentes y actuales como las migraciones humanas, la relación con el entorno, la sostenibilidad, la identidad, el sentimiento de comunidad, la condición insular o la resiliencia.
Además, descubrimos que ese hilo ininterrumpido que llamó la atención de Faulkner enhebra pasado, presente y futuro. El Cabildo ha dado recientemente una puntada muy significativa en este sentido con la segunda pieza de su plan de apoyo al gran proyecto de modernización del Museo Canario con la adquisición, por cuatro millones de euros, del antiguo hogar infantil de Santa Rosalía, en Telde, propiedad hasta ahora de la sociedad científica. La compra permitirá a la entidad culminar el proceso de reforma y ampliación de su sede en Vegueta y se suma a la inyección financiera inicial de otros cuatro millones, dinero que resultó crucial para romper con el bloqueo del proyecto tras más de una década.
La compra de Santa Rosalía cumple con un triple objetivo en el que vemos con claridad cómo se dan la mano el ayer, el hoy y el mañana, en este caso con una mejora para la sociedad grancanaria. Por un lado, damos el impulso definitivo al Museo Canario, guardián de nuestra historia y del fondo concertado insular de arqueología. En segundo lugar, contribuimos a la salvaguarda de un inmueble de elevado valor patrimonial en Telde, que fue propiedad del doctor Gregorio Chil y Naranjo, fundador de la sociedad científica, y que sirvió desde principios del siglo XX como hospital, orfanato y centro de acogida. Y, por último, convertiremos a Santa Rosalía en un espacio de uso sociosanitario.
Con ello, respetamos el deseo del doctor y su familia de que este inmueble fuera destinado en todo momento a las personas que precisan de cuidados. Insisto en un concepto: protegemos el patrimonio, pero respetamos ante todo la idea, el espíritu, en este caso plasmado en piedra y en la voluntad de quien deseó mejorar las condiciones de vida de los grancanarios y grancanarias. Proyectamos a los días que están por venir lo mejor que nos entrega el pasado.
La indudable visión del Cabildo que entiende el patrimonio como argamasa de la construcción social ha alentado la articulación y desarrollo de una estrategia que destaca su valor y que abarca conservación, investigación y acciones de sensibilización. En la última década hemos impulsado nuevas excavaciones, restaurado estructuras, reforzado la labor de inspección y mejorado los sistemas de documentación. Prueba de ello es también la activación del programa de Protección del Patrimonio Cultural, que agilizará las declaraciones y delimitaciones de los Bienes de Interés Cultural, además de sentar las bases del Centro de Documentación del Patrimonio Cultural y planificar el cuidado del patrimonio religioso, trascendental junto a los 1.400 yacimientos arqueológicos distribuidos por el mapa insular. Esta diversidad refleja las capas históricas superpuestas en la isla.
La isla es una pirámide de memoria. Bloque a bloque, persona a persona, se ha levantado sobre el Atlántico y alcanza su cima en la cumbre, declarada Patrimonio Mundial. Es un cofre, una llave y a la vez una enorme responsabilidad. La creación del Instituto para la Gestión Integrada del Patrimonio Mundial y la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria, con la que convive en el territorio, se ha confirmado como una herramienta esencial para su preservación. Su existencia se ha traducido en múltiples hitos, como la puesta en marcha de los Senderos de Gran Recorrido o las líneas de apoyo directo a proyectos de los ayuntamientos y de las entidades sin ánimo de lucro enraizadas en el Paisaje Cultural de Risco Caído y las Montañas Sagradas de Gran Canaria. También la reciente ampliación de la red de centros de interpretación con la apertura del nuevo espacio en Degollada de Becerra, que se suma al de Artenara o el Bentayga, así como la apertura del Centro de Información y Gestión de Tejeda. Son igualmente espacios que propician la dinamización social, cultural y económica.
Hemos buscado también la complicidad del conocimiento científico. Actualmente se ejecuta la segunda fase del convenio con la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria para estudiar el origen y evolución del poblamiento humano en la cumbre, proyecto que en su primera etapa abrió nuevas líneas de investigación apoyadas en técnicas de última generación y que ha revelado, por ejemplo, la complejidad del asentamiento de la Sierra del Bentayga. Escuchamos la voz del pasado indígena y contribuimos a escribir un relato todavía incompleto. Y hace poco, presentamos las nuevas instalaciones del Laboratorio de Arqueología de la ULPGC, el más importante del archipiélago y cuya dotación ha financiado el Cabildo.
Otro convenio, en este caso con la Universidad de La Laguna, nos permite contar con instrumental de última generación y personal para interpretar los datos que recogen los sensores instalados en los espacios, evaluar la evolución de manifestaciones pictóricas en enclaves sensibles mediante obtención de imágenes en infrarrojo, el escaneo láser o la caracterización de la evolución natural de esos lugares, desde la visera rocosa de Risco Caído a las Cuevas del Rey.
A veces la memoria equivale a justicia. A veces el patrimonio es el eco de un disparo, el rastro de una infamia, el casquillo de una bala, una moneda o un peine sepultados en las entrañas de la tierra. Es lo que encontramos, entre otros ejemplos, en el fondo de la chimenea volcánica de la Sima de Jinámar en el transcurso de la intervención arqueológica que tendrá continuación próximamente y en la que se documentaron restos pertenecientes a varios varones adultos con evidencias de impactos craneales. Constituyen una prueba de valor científico en el contexto de la represión franquista. Pasado el 20N, y ante el avance del negacionismo de la democracia, el rescate de la verdad se alza como tarea prioritaria de las políticas de patrimonio histórico.
Las actuaciones alrededor del patrimonio son un latido permanente en el Cabildo. Y no estamos solos. Valga el dato de que más de 7.000 personas están inscritas en la plataforma del Servicio de Patrimonio Histórico para seguir sus contenidos y actividades. Hace unas semanas se exhibió en el Patio del Cabildo una recopilación de los numerosos materiales arqueológicos que se documentan y estudian cada año gracias a notificaciones de la ciudadanía. Su título es elocuente: ‘Un compromiso común. Patrimonio Arqueológico y Participación Ciudadana’. Revela que nunca sobran manos para guarecerlo. La memoria es una criatura tan prodigiosa como frágil. Si recibe el cuidado que merece, se torna en un poderoso instrumento de transformación. Porque el legado no es un ancla. Es una vela que propulsa. Y una brújula. Y de las más fiables. Es, de hecho, la adecuada para que el futuro contenga lo mejor del pasado, y no lo peor.
Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.
Celebramos en estos días el 75 aniversario del inicio de la repoblación forestal de Gran Canaria. Setenta y cinco años de un recorrido compartido que se ha convertido en una parte esencial de la historia de esta isla. No lo planteamos como un ejercicio de nostalgia, sino como un acto de memoria útil, que nos ayuda a comprender mejor quiénes somos y hacia dónde queremos ir como sociedad
La repoblación forestal iniciada a finales de los años cuarenta supuso una de las transformaciones territoriales más profundas del siglo XX en Gran Canaria. En una isla muy castigada por siglos de deforestación, aquella política pública alteró de manera decisiva el paisaje, los usos del suelo y del bosque y la relación de la población con su entorno natural.
Hoy, cuando miramos nuestras cumbres, medianías y barrancos, vemos masas forestales consolidadas que forman parte de nuestra identidad colectiva. Pero nada de eso fue espontáneo. Fue el resultado de decisiones humanas, planificación técnica y un enorme esfuerzo colectivo que se prolongó durante décadas.
Es importante situar aquel proceso en su contexto histórico real. La repoblación se desarrolló en un tiempo muy distinto al actual: en plena dictadura, en una sociedad profundamente empobrecida, con una economía de subsistencia frágil y con una relación entre las administraciones y la población completamente diferente a la que hoy defendemos. Las políticas se imponían desde estructuras centralizadas, sin participación de las comunidades que habitaban los territorios y sin los espacios de diálogo social que hoy consideramos esenciales.
Entender ese contexto no resta valor al esfuerzo realizado. Al contrario, nos permite comprenderlo con mayor profundidad, reconocer sus aciertos y también sus límites, así como extraer aprendizajes fundamentales para el presente. Por eso días atrás se rindió un homenaje, con nombre y apellido, a quienes representan esa historia plural de la repoblación forestal de Gran Canaria. A Milagrosa Marrero Mayor, viverista, por el trabajo silencioso y paciente de cuidar cada planta desde su origen, haciendo posible que los árboles llegaran vivos y fuertes al monte. A Antonio González Herrera y Orlando Guillén Díaz, jornaleros, por el esfuerzo físico sostenido durante años en condiciones extremas, abriendo hoyos en laderas imposibles y levantando con su trabajo buena parte de los bosques que hoy conocemos. A Mariano Domínguez Gutiérrez, del Grupo Montañero Gran Canaria, por su compromiso continuado con la mejora, la defensa y la protección social del monte. A Domingo Moreno Moreno, pastor, por representar una actividad tradicional inseparable del paisaje insular y hoy reconocida como aliada imprescindible en la gestión del territorio y la prevención de incendios. A Pedro Herminio Santiago Henríquez, “Mino”, trabajador de la Heredad de Aguas de Arucas y Firgas, porque sin agua no hay bosque, y porque la gestión colectiva del agua ha sido uno de los pilares invisibles que han hecho posible la repoblación y la vida en las medianías y cumbres. A los herederos de Pedro Suárez Suárez, en representación del Monte Consorciado, reflejo de una etapa histórica compleja de nuestra política forestal que hoy abordamos desde el conocimiento, la justicia territorial y la corresponsabilidad. Y a Manuel Cardona Sosa, divulgador, por haber sembrado cultura forestal, conciencia ambiental y compromiso cívico durante generaciones.
Todas estas personas representan saberes distintos pero complementarios: el saber del trabajo, el saber del territorio, el saber comunitario y el saber de la transmisión cultural. Sin ninguno de ellos, la repoblación forestal de Gran Canaria habría sido posible tal y como hoy la conocemos.
Este proceso tampoco se entiende sin el trabajo técnico que lo hizo viable. Es de justicia reconocer el papel de los ingenieros y técnicos forestales que planificaron y dirigieron la repoblación en condiciones extremadamente difíciles. Queremos recordar de manera expresa al ingeniero de montes Juan Nogales Hernández, que llegó a Gran Canaria en 1949 para organizar la Brigada del Patrimonio Forestal del Estado y dirigir los primeros trabajos de repoblación. Y al ingeniero Jaime O’Shanahan Bravo de Laguna, primer responsable de la Sección Forestal del Cabildo, cuya labor fue decisiva para estructurar viveros, planificación y coordinación institucional.
Ellos, junto a las personas homenajeadas, forman un mismo relato colectivo: el de una transformación territorial construida a partir del conocimiento, el esfuerzo y la implicación de muchas personas distintas. Setenta y cinco años después, la realidad de Gran Canaria es muy diferente. Vivimos en una sociedad democrática, con mayor conocimiento científico, con instituciones cercanas y con una ciudadanía cada vez más consciente del valor del territorio.
Hoy sabemos que no existe política ambiental eficaz sin la implicación activa de las personas que viven y trabajan en el territorio.Y, sin embargo, el desafío vuelve a ser enorme. La emergencia climática se manifiesta ya en forma de sequías más intensas, aumento de temperaturas, fenómenos meteorológicos extremos y riesgo creciente de grandes incendios forestales.
En este nuevo contexto, los montes de Gran Canaria han pasado a ser una infraestructura estratégica para la seguridad hídrica, la biodiversidad, la protección del suelo y el bienestar colectivo. De esta lectura nace Gran Canaria Mosaico. Un programa que entiende el territorio como un paisaje diverso, vivo y habitado, donde la gestión forestal, la agricultura, la ganadería, el pastoreo y la conservación se integran para reducir riesgos y aumentar su fortaleza.
Gran Canaria Mosaico rompe con la idea del monte como espacio aislado. Apuesta por mosaicos de usos del suelo que reducen la continuidad del combustible vegetal, previenen grandes incendios, generan oportunidades en el medio rural y fortalecen la adaptación al cambio climático. Es una política territorial basada en ciencia, conocimiento local y participación social. Ese enfoque es el que nos permite hablar hoy de territorio resiliente. Un territorio capaz de responder mejor al fuego, a la sequía y a los impactos del cambio climático. Un territorio gestionado con visión de largo plazo, sin imposiciones, aprendiendo de la historia y actuando desde la corresponsabilidad.
Y esto es, en el fondo, lo que define nuestro proyecto de ecoísla. No un lema, sino una visión política clara: entender que el futuro de Gran Canaria depende del equilibrio entre naturaleza, economía y cohesión social. Que no hay desarrollo duradero sin territorio cuidado. Y que no hay justicia social sin sostenibilidad ambiental. Si hace 75 años la repoblación forestal fue una respuesta a una isla empobrecida y degradada, hoy la respuesta tiene que ser distinta: más democrática, más participativa, más integrada y más consciente de los límites del territorio. El reto ya no es solo plantar árboles, sino construir resistencia, reducir riesgos y garantizar bienestar para las generaciones presentes y futuras.
Este aniversario no es un punto final. Es un punto de apoyo. Nos recuerda que Gran Canaria ha sabido afrontar desafíos enormes cuando ha actuado con visión colectiva y sentido público. Y nos invita a hacerlo de nuevo, ahora desde el conocimiento, la democracia y la implicación compartida.
Que este 75 aniversario de la repoblación forestal sirva para honrar a quienes nos trajeron hasta aquí y para reafirmar un compromiso claro: seguir construyendo una Gran Canaria resistente, justa y sostenible, una Gran Canaria que convierte su territorio en fortaleza compartida y proyecto común.
Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.
El pasado jueves participé en un reconocimiento a tres deportistas canarios que simbolizan la excelencia, la resistencia y la humanidad que caracterizan a nuestro pueblo y que se amplifican en el deporte. Carla Suárez, Kirian Rodríguez y Juan Espino representan el esfuerzo, la habilidad y la positividad de las personas jóvenes por alcanzar sus metas, obtener resultados óptimos en la competición y practicar el juego limpio que distingue a quienes son referencia para el conjunto de la sociedad
El deporte para un grancanario o grancanaria forma parte de nuestra forma de ser, de la manera en que nos relacionamos con nuestras amistades y con la naturaleza que nos acoge. Nos anima a disfrutar de unas condiciones únicas que nos permiten practicarlo durante los doce meses del año.
Los deportistas que reconocimos encarnan fielmente estos valores. Con Carla hemos subido a la red, hemos defendido bolas desde el fondo de la pista y, siempre, siempre, hemos admirado su combinación de resistencia y calidad humana y deportiva. Kirian es la expresión del exquisito y apreciado fútbol canario. Es el portador de la pausa, de la sutileza y de la capacidad del isleño para imprimir su sello en todas las manifestaciones de la vida. También de una enorme capacidad de recuperación. Juan Espino es la raíz en el terrero y la prolongación de la isla al mundo. Es el puntal canario y es el león blanco africano. Es la Gran Canaria que alcanzó sus metas porque no permitió que nadie le pusiera límites.
Estoy seguro de que Carla, Kirian y Juan estarán de acuerdo en que nadie gana en solitario, ni tan siquiera el corredor de fondo. Detrás de cada trayectoria deportiva de éxito siempre hay alguien más que, en algún momento del camino, entregó su comprensión y apoyo incondicional. El Cabildo asume el respaldo al deporte como parte intrínseca de sus obligaciones con la sociedad insular a la que sirve.
Esta identificación del deporte y Gran Canaria la entendió desde siempre el Cabildo cuando tomó la iniciativa de construir instalaciones decisivas como el histórico estadio insular, la ciudad deportiva Gran Canaria o el Centro Insular de Deportes. Y a lo largo de la historia ha modernizado esos equipamientos y ha incrementado el apoyo a los clubs de élite, al deporte base, a los deportes autóctonos y a los ayuntamientos, hasta el punto de que hoy en día es el sostén fundamental de la práctica deportiva en la isla.
La confluencia entre características naturales de nuestros deportistas, cultura deportiva de nuestro pueblo y condiciones de nuestra tierra ha generado una pasión por el deporte compartida por la mayoría de nuestra población y, a la vez, ha impulsado la proyección de deportistas excepcionales que simbolizan el carácter de nuestro pueblo.
Este sentimiento de pasión colectiva, perseverancia y trabajo solidario es uno de los innumerables elementos de inspiración que el deporte entrega a la acción pública. Son ejemplos que perduran cuando se apagan el clamor de la grada y las luces de la pista. Porque, como nos recordó Jorge Luis Borges, “cuando los jugadores se hayan ido, cuando el tiempo los haya consumido, ciertamente no habrá cesado el rito”.
Para mantener el pulso de ese ritual, el Cabildo de Gran Canaria ha apostado de manera decidida en la última década por el deporte, elevado a parte esencial de las iniciativas del Gobierno de la isla. Es una actuación que refuerza objetivos esenciales de una sociedad de progreso y sostenible como la que queremos afianzar desde el gobierno insular. Consolida nuestra apuesta por la salud para todas y todos, afianza el arraigo y el sentimiento de pertenencia en todas las personas que lo practican o se identifican con los equipos representativos, mejora las relaciones sociales y supone un atractivo para miles de personas que encuentran en Gran Canaria un espacio incomparable para la práctica de todos los deportes durante todo el año. Por añadidura, impulsa la industria deportiva, la cual supone un revulsivo económico muy relevante. Contamos para ello con un Instituto Insular de Deportes altamente cualificado para hacerlo posible y con profesionales implicados , de la mano del responsable del área, Aridany Romero.
La importancia de estos objetivos reclama una actuación exigente en distintas direcciones y respaldada por unos presupuestos que hemos duplicado y que justifican el incremento de participación y de actividad deportiva. Una línea fundamental es la renovación de instalaciones y equipamientos que nos permiten aspirar a celebrar las mayores competiciones internacionales. Nuestra estrategia pasa por modernizar el Estadio de Gran Canaria con una inversión de 106 millones de euros para disponer de unas instalaciones polivalentes que acogerán los partidos del Mundial de Fútbol 2030, que seguirá siendo la sede estable de la Unión Deportiva Las Palmas y que hará posible acoger cualquier actividad social, cultural, gastronómica, tecnológica, etc, con un equipamiento del máximo nivel internacional. Lo mismo ocurre con la rehabilitación del Centro Insular de Deportes, el acondicionamiento de la Ciudad deportiva Gran Canaria o el avance enmascaramiento la autosuficiencia energética del Gran Canaria Arena y el Estadio Gran Canaria.
Esta línea ambiciosa se complementa con las obras de los campos municipales de Maspalomas o de Telde, que serán sedes complementarias durante el mundial de fútbol. Y también con actuaciones en infraestructuras deportivas en todos los municipios de la isla bajo el principio de la democratización del deporte. Porque el deporte no es una ‘maría’. Es una asignatura de primer orden.
Sabemos el papel que representan los equipos de alta competición en el fútbol, baloncesto, voleibol, hockey, automovilismo, natación o vela para identificar y animar al conjunto de la población a practicar los valores que el deporte encarna. Como expresan los propios representantes de estos clubs, su participación y continuidad se deben fundamentalmente a la colaboración del Cabildo de Gran Canaria. Lo mismo ocurre con el deporte base y con los deportes autóctonos. El Cabildo sirve a menudo de catalizador de la enorme vocación colectiva para que nadie se quede sin practicar el deporte que elige y que le ayuda a crecer. Y lo mismo pasa con los deportes autóctonos como la lucha, la vela o el juego del garrote, que encuentran en nuestra institución el apoyo permanente para su continuidad y crecimiento.
El deporte, en efecto, habita en nuestro interior. Y en el caso de las islas, supone una extensión de la historia, la evolución, la adaptación al entorno, la resiliencia y la nobleza de esta tierra. Con esta lógica, es evidente que sociedad insular y deporte son un espejo frente a frente que devuelve un reflejo constante.
Priorizamos el deporte porque nos identifica. Lo hacemos porque permite proyectar a la isla internacionalmente, siempre en base a principios éticos, democráticos y de defensa de los derechos humanos y la paz. Lo dijo Nelson Mandela: “El deporte tiene el poder de transformar el mundo y de unir a la gente como muy pocas cosas”. Por ello, hay que hacer lo imposible para que esta afirmación no se convierta en una frase hecha, desterrando cualquier manifestación o acto que atente contra la dignidad de las personas o la diversidad que nos enriquece.
Lo hacemos también porque es un factor de diversificación económica y generación de empleo. Pero lo hacemos, sobre todo, porque resulta esencial en el engranaje de la cohesión y la justicia social que tratamos de consolidar para el conjunto de la población. Por eso es tan importante un título de baloncesto o tener una sede mundial como garantizar que las instalaciones deportivas de nuestros barrios y pueblos reúnan las condiciones que necesita la ciudadanía, en especial nuestros niños y niñas, así como las personas con necesidades especiales. Ese, y no otro, es el partido más importante que tenemos que ganar día tras día.
Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.
El pasado miércoles se inauguró en el Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas de Gran Canaria el Congreso de la Asociación Española de Semiconductores e Industrias Afines. Se trata de un encuentro científico de primer nivel que refleja la pujanza de un sector que desempeñará un papel importante en el futuro tecnológico y económico del Estado español
La elección de Gran Canaria como sede de este foro no es casual: responde al reconocimiento de nuestra isla como un territorio capaz de acoger y promover proyectos estratégicos de innovación y desarrollo industrial. Aquí se está construyendo, con paso firme, un marco de trabajo en el que la ciencia, la empresa y la administración cooperan de manera decidida para generar oportunidades de negocio sostenibles y de alto valor añadido.
La industria tecnológica es uno de los sectores con mayor crecimiento mundial. Con altos niveles de inversión y rentabilidad, creación constante de nuevos mercados e incremento de la productividad en otros ámbitos económicos y sociales como los de la salud, el transporte, la educación o el sector primario. Su desarrollo, motor de innovación, profundiza en una enorme transformación social, supone un potencial para el bienestar y adquiere una dimensión estratégica y geopolítica de primer orden.
Vivimos una etapa apasionante y compleja en la que Europa se ha propuesto reforzar su soberanía tecnológica y su autonomía industrial. En ese contexto, la industria de los semiconductores y la microelectrónica ocupa una posición central como base de la digitalización, la transición energética y la modernización productiva.
Gran Canaria quiere formar parte de ese esfuerzo colectivo. Queremos contribuir a que Canarias, España y Europa fortalezcan sus capacidades científicas e industriales, mediante la conjunción de la cooperación, la especialización y el talento, con el objetivo de favorecer un desarrollo sostenible integral.
Un ecosistema de estas características en territorios insulares cambia completamente el tipo de desarrollo posible: menos dependencia del turismo y del transporte, más empleo altamente cualificado, acceso a cadenas de valor globales, impulso a la innovación local, mejora del equilibrio territorial y conexión con el talento y la ciencia ya presentes. De la misma manera, reequilibra el mapa tecnológico estatal, fortalece la presencia científica y tecnológica fuera de la península y aumenta el peso político y económico en programas de soberanía tecnológica como el PERTE chip y otras iniciativas europeas.
En este marco queremos y estamos en condiciones de aportar las capacidades y las ventajas de nuestro ecosistema. La Universidad de Las Palmas de Gran Canaria aporta a este esfuerzo un valor incalculable. En primer lugar, la variada y cualificada oferta de titulaciones STEM: en el último curso, más 3.300 estudiantes accedieron a ellas, lo que supone, sin lugar a dudas, una potente cantera de profesionales para empresas tecnológicas.
La ULPGC, dispone, igualmente, de institutos de investigación reputados y consolidados en estos ámbitos: el Instituto Universitario de Microelectrónica Aplicada (IUMA), el Instituto de Sistemas Inteligentes y Aplicaciones Numéricas en Ingeniería (SIANI) y el Instituto Universitario para el Desarrollo Tecnológico y la Innovación en Comunicaciones (IDETIC). Desde hace años, con más de 200 investigadores e investigadoras adscritos, realizan una labor de investigación aplicada, reconocida nacional e internacionalmente, en áreas relacionadas con las Tecnologías Avanzadas de la Información.
Para reforzar todo este engranaje, y de la mano del Cabildo, a través de la sociedad de Promoción Económica de Gran Canaria (SPEGC), y de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, se ha puesto en marcha un proceso de diseño y construcción de un centro dotado de laboratorios y salas blancas para la localización de empresas y proyectos de los ámbitos de la microelectrónica, la óptica y la fotónica, así como de la industria aeroespacial.
Este edificio, que estará ubicado en el Parque Científico Tecnológico de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, ofrecerá 7.000 metros cuadrados de espacios e infraestructuras adaptados a las necesidades de las empresas y sus proyectos y estarán disponibles para el acogimiento de empresas en 2027. Desde ya se puede contactar con la SPEGC o con el Parque Tecnológico de la Universidad para evaluar las posibilidades de uso o de instalación en este nuevo centro que marcará un antes y un después en la consolidación de Gran Canaria como un enclave de referencia para la industria de la microelectrónica y la industria aeroespacial.
No debemos olvidarnos de que, además de nuestras capacidades, ofrecemos un entorno fiscal altamente competitivo para la inversión, la investigación y la innovación. El Régimen Económico y Fiscal de Canarias (REF) proporciona instrumentos únicos en Europa para impulsar la I+D+i, con deducciones fiscales de hasta el 75% en actividades de investigación y desarrollo, así como otros incentivos para la implantación de empresas de base industrial y tecnológica. A ellos se suman los de la Zona Especial Canaria (ZEC), que permiten operar con un tipo impositivo reducido al 4% del Impuesto de Sociedades.
Todas estas condiciones, junto con la estabilidad institucional, la seguridad jurídica europea, la conectividad internacional, la calidad de vida y el creciente dinamismo de nuestro tejido empresarial, hacen de Gran Canaria un lugar excepcional para invertir e innovar. El Cabildo de Gran Canaria seguirá apoyando decididamente este camino, fortaleciendo las alianzas con la universidad, el sector privado y las instituciones nacionales e internacionales que comparten esta visión de futuro.
Mi agradecimiento más sincero a la Asociación Española de Semiconductores e Industrias Afines por su confianza a la hora de elegir a Gran Canaria como sede de este encuentro y por permitirnos avanzar juntos en este camino. Y también mi reconocimiento a todas las personas que trabajan en la investigación, la ingeniería, la empresa o la representación pública y que impulsan cada día una industria tecnológica más fuerte, más sostenible y más humana. Estoy convencido de que, desde la unidad, avanzaremos con rumbo fijo en pos de ese objetivo estratégico.
Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.

La popular y veterana emisora de radio "Radio faro del Noroeste" sigue su proyección hacia una mayor ampliación de su cobertura.