Una plaza llena acompañó un recorrido en primera persona por su infancia, las familias, las tradiciones y las vivencias que han marcado su trayectoria en el barrio
Barrial vivió este domingo una de las noches más especiales de sus fiestas con el pregón de Antonio María Benítez Melián, una intervención que consiguió llenar la plaza y que estuvo marcada por la emoción, los recuerdos y el profundo vínculo del pregonero con el barrio.
El acto estuvo precedido por los Papagüevos Infantiles y la izada de la bandera, dando paso posteriormente al acto institucional que abrió oficialmente las Fiestas en honor a Nuestra Señora de los Desamparados 2026.
Antonio María Benítez presentó un pregón construido desde la primera persona y acompañado por un vídeo realizado con imágenes grabadas en diferentes rincones de Barrial, en el que los propios vecinos y vecinas adquirieron también protagonismo. Desde el primer momento dejó claro que pregonar las fiestas suponía para él un enorme orgullo y llegó a definir el hecho de ser pregonero como el mayor de los regalos que Barrial podía hacerle”.
Su recorrido comenzó en su niñez, recordando su nacimiento en La Montaña y el arraigo que posteriormente fue adquiriendo en Barrial. “Barrial no es un barrio cualquiera, es Barrial de Gáldar”, destacó en una de las frases que mejor resumieron el sentimiento que impregnó toda su intervención.
El pregonero recordó especialmente su infancia y la vida en las conocidas Casas Baratas, poniendo en valor la unidad existente entre las familias que allí residieron desde los primeros años y las generaciones posteriores. Recordó cómo los vecinos se ayudaban unos a otros y cómo aquellas relaciones terminaron convirtiendo al barrio en una auténtica familia.
También tuvieron un lugar destacado sus recuerdos junto a su abuelo materno, las anécdotas compartidas con otros vecinos y las personas que formaron parte de aquella época. En varios momentos, la emoción se hizo visible sobre el escenario, especialmente al recuperar recuerdos de personas que ya no están.
Benítez Melián habló también de su infancia vinculada a la agricultura y la ganadería, una etapa que calificó como una de las mejores de su vida y que le permitió conocer desde pequeño el significado de palabras como esfuerzo, trabajo y responsabilidad. Entre las confesiones más cercanas de su pregón estuvo también su recuerdo de las “perrerías”, aquellas cosas propias de los niños que forman parte de sus recuerdos más entrañables.
Tras el fallecimiento de su abuelo, su familia comenzó a pasar temporadas en Barrial, especialmente durante el verano. El pregonero recordó la alegría que sentía cuando veía el coche de su padre cargado enseres para trasladarse al barrio y realizó un recorrido por cómo era su día a día en Barrial en las diferentes épocas del año, deteniéndose especialmente en la llegada de las fiestas.
Sus primeros pasos en las celebraciones también ocuparon un espacio importante, así como aquella frase que recuerda de Pepe el de Kika: “Ay, Melián, ya te cogieron por...”, en referencia a su incorporación y vinculación con la organización de las fiestas.
Uno de los momentos más significativos estuvo dedicado precisamente a Pepe el de Kika, al que Antonio María definió como uno de sus grandes maestros. A pesar de las diferencias que pudieron existir en determinados momentos, el pregonero destacó que siempre estuvo presente el respeto y recordó su trayectoria y su aportación a las fiestas, especialmente durante su etapa como vicepresidente, así como a los compañeros que compartieron aquella etapa. También tuvo un gesto hacia la familia de Pepe y dedicó un recuerdo especial al cielo para Pepe el de Kika.
La Virgen de los Desamparados ocupó igualmente un lugar destacado. Antonio María, reconocido devoto de la patrona, relató dos situaciones personales relacionadas con sendos accidentes en las que se encomendó a la Virgen y pidió con devoción por su recuperación, asegurando que encontró en ella ayuda y consuelo.
La memoria festiva apareció nuevamente al recordar el antiguo grupo de Escala en Hi-Fi y a quienes formaron parte de él, compartiendo algunas curiosidades relacionadas con sus ensayos y repertorios.
También hubo espacio para su grupo de excursiones “Amigos del Norte”, colectivo al que agradeció haber formado parte de su vida y con el que compartió experiencias, consejos y amistades. El negocio familiar ocupó igualmente un capítulo cargado de nostalgia, al recordar el momento en que tuvo que hacerse cargo de él.
En otro momento del pregón tuvo palabras para Lolita, a quien atribuyó haberle introducido en el mundo de los rezados y santiguados. También recordó su pasión por el belenismo y los carnavales, una afición que forma parte de su trayectoria personal y que, según relató, comenzó cuando apenas tenía cinco meses, cuando ya fue disfrazado. Dentro de este recorrido por sus vivencias carnavaleras tuvo además un recuerdo especial para Laly La Panadera, vinculada a una etapa importante de esta faceta de su vida.
Su vinculación con la Asociación de Vecinos Amagro también tuvo un espacio destacado, al igual que su etapa como concejal del Ayuntamiento de Gáldar. En este punto dirigió unas palabras al alcalde, a sus compañeros de Corporación y a los trabajadores municipales, mostrando su satisfacción por el trabajo desarrollado y por las personas que ha encontrado a lo largo de su trayectoria.
Un capítulo especialmente emotivo estuvo relacionado con las dos mujeres que condujeron el acto, Aroa del Carmen Oliva Medina y Cristina Cruz Delgado. Antonio María explicó durante su intervención que, aunque no tiene hermanos de sangre, la vida le había regalado dos hermanas. Aroa y Cristina ocupan precisamente ese lugar afectivo en su vida y fueron las encargadas de acompañarlo como presentadoras en una noche tan especial.
Antes de dar paso al pregón, ambas destacaron la personalidad de Antonio María y su disposición permanente hacia los demás, definiéndolo como una persona que “está cuando se le necesita y nunca dice que no”. También pusieron de relieve su carácter festivo y su condición de auténtico “fiestero”, razones por las que consideraron que era una persona especialmente adecuada para pregonar las fiestas de Barrial.
Antonio María terminó su intervención con un mensaje dirigido a todo Barrial, animando a la participación en las fiestas y pidiendo que el barrio conserve siempre ese carácter hospitalario que lo ha distinguido, sin olvidar nunca el orgullo de ser barrialense.
Pero la noche todavía guardaba un último momento. Antes de comenzar su interpretación de “Mi gran noche” de Raphael, Antonio María quiso despedirse de una manera muy personal, enviando a todos los presentes sus particulares “besitos de colores”. A continuación, comenzó a cantar y, desde los primeros compases, la plaza se puso en pie para acompañarlo con una gran ovación, poniendo el broche final a un pregón que había conseguido conectar plenamente con el público.
Tras la intervención, el presidente de la Asociación de Vecinos Amagro, Pepe García, felicitó al pregonero y destacó la gran noche que había protagonizado. Posteriormente, el alcalde de Gáldar le hizo entrega de un presente como recuerdo de este momento.
La Comisión de Fiestas quiso también que quienes asistieron conservaran un recuerdo de la jornada y entregó a los presentes un bolígrafo conmemorativo del pregón.
El alcalde Teodoro Sosa, durante su intervención, destacó que “el cariño no se compra, se gana”, relacionando el lleno de la plaza con el afecto que Antonio María ha sabido cosechar durante su trayectoria. También señaló que, aunque conserva mucho del niño que fue, dentro de él “vive un viejo”, en referencia a la experiencia acumulada.
Asimismo, le trasladó un mensaje sobre su trayectoria profesional y política, defendiendo que no disponer de una carrera universitaria no supone ningún demérito y que una institución necesita tanto personas de despacho como personas de calle. En este sentido, situó a Antonio María entre quienes conocen y viven directamente la realidad de la gente.
El alcalde puso además en valor el trabajo de la Asociación de Vecinos Amagro, asegurando sentirse orgulloso de trabajar junto a la entidad y animando a continuar desarrollando la labor que viene realizando en Barrial.
Como despedida, Antonio María sorprendió al público con una banda que había preparado especialmente para la ocasión, poniendo música a este último momento y simbolizando con ella La Rama de Barrial, uno de los actos estrella de las fiestas. La sorpresa fue recibida con una gran ovación por parte de una plaza que volvió a ponerse en pie.
Así concluyó una noche en la que Barrial no solo dio comienzo oficialmente a sus fiestas, sino que también se miró a sí mismo a través de la memoria de uno de sus hijos, recuperando personas, lugares, anécdotas y sentimientos que forman parte de la historia de un barrio que, como recordó su pregonero, no es un barrio cualquiera: es Barrial de Gáldar.