
La popular y veterana emisora de radio "Radio faro del Noroeste" sigue su proyección hacia una mayor ampliación de su cobertura.
“El pasado nunca muere. Ni siquiera es pasado”. Estas palabras de William Faulkner invitan a reflexionar sobre la resonancia en el presente de acontecimientos y procesos sociales que tuvieron lugar tiempo atrás. En Gran Canaria lo sabemos bien porque nuestra fuerte identidad atlántica es resultado de la cristalización a lo largo de los siglos de una realidad construida con diversos materiales, como la fusión de culturas y la adaptación al territorio. Si se evaporara el mar, quedaría la sal. Si se desvaneciera el tiempo, permanecería la cultura. La huella
Seguimos adelante porque tenemos un horizonte, pero sobre todo un punto de partida. El Cabildo de Gran Canaria es consciente de la importancia de preservar el legado histórico y arqueológico. Y actúa en consecuencia. Lo hacemos porque preservar un edificio, una fachada o un yacimiento aborigen es mucho más que proteger un espacio o un material determinado. El bien superior que amparamos es la memoria. Y también las enseñanzas que entrañan momentos, lugares y episodios que nos hablan de resistencia y evolución, al tiempo que ponen sobre la mesa aspectos tan trascendentes y actuales como las migraciones humanas, la relación con el entorno, la sostenibilidad, la identidad, el sentimiento de comunidad, la condición insular o la resiliencia.
Además, descubrimos que ese hilo ininterrumpido que llamó la atención de Faulkner enhebra pasado, presente y futuro. El Cabildo ha dado recientemente una puntada muy significativa en este sentido con la segunda pieza de su plan de apoyo al gran proyecto de modernización del Museo Canario con la adquisición, por cuatro millones de euros, del antiguo hogar infantil de Santa Rosalía, en Telde, propiedad hasta ahora de la sociedad científica. La compra permitirá a la entidad culminar el proceso de reforma y ampliación de su sede en Vegueta y se suma a la inyección financiera inicial de otros cuatro millones, dinero que resultó crucial para romper con el bloqueo del proyecto tras más de una década.
La compra de Santa Rosalía cumple con un triple objetivo en el que vemos con claridad cómo se dan la mano el ayer, el hoy y el mañana, en este caso con una mejora para la sociedad grancanaria. Por un lado, damos el impulso definitivo al Museo Canario, guardián de nuestra historia y del fondo concertado insular de arqueología. En segundo lugar, contribuimos a la salvaguarda de un inmueble de elevado valor patrimonial en Telde, que fue propiedad del doctor Gregorio Chil y Naranjo, fundador de la sociedad científica, y que sirvió desde principios del siglo XX como hospital, orfanato y centro de acogida. Y, por último, convertiremos a Santa Rosalía en un espacio de uso sociosanitario.
Con ello, respetamos el deseo del doctor y su familia de que este inmueble fuera destinado en todo momento a las personas que precisan de cuidados. Insisto en un concepto: protegemos el patrimonio, pero respetamos ante todo la idea, el espíritu, en este caso plasmado en piedra y en la voluntad de quien deseó mejorar las condiciones de vida de los grancanarios y grancanarias. Proyectamos a los días que están por venir lo mejor que nos entrega el pasado.
La indudable visión del Cabildo que entiende el patrimonio como argamasa de la construcción social ha alentado la articulación y desarrollo de una estrategia que destaca su valor y que abarca conservación, investigación y acciones de sensibilización. En la última década hemos impulsado nuevas excavaciones, restaurado estructuras, reforzado la labor de inspección y mejorado los sistemas de documentación. Prueba de ello es también la activación del programa de Protección del Patrimonio Cultural, que agilizará las declaraciones y delimitaciones de los Bienes de Interés Cultural, además de sentar las bases del Centro de Documentación del Patrimonio Cultural y planificar el cuidado del patrimonio religioso, trascendental junto a los 1.400 yacimientos arqueológicos distribuidos por el mapa insular. Esta diversidad refleja las capas históricas superpuestas en la isla.
La isla es una pirámide de memoria. Bloque a bloque, persona a persona, se ha levantado sobre el Atlántico y alcanza su cima en la cumbre, declarada Patrimonio Mundial. Es un cofre, una llave y a la vez una enorme responsabilidad. La creación del Instituto para la Gestión Integrada del Patrimonio Mundial y la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria, con la que convive en el territorio, se ha confirmado como una herramienta esencial para su preservación. Su existencia se ha traducido en múltiples hitos, como la puesta en marcha de los Senderos de Gran Recorrido o las líneas de apoyo directo a proyectos de los ayuntamientos y de las entidades sin ánimo de lucro enraizadas en el Paisaje Cultural de Risco Caído y las Montañas Sagradas de Gran Canaria. También la reciente ampliación de la red de centros de interpretación con la apertura del nuevo espacio en Degollada de Becerra, que se suma al de Artenara o el Bentayga, así como la apertura del Centro de Información y Gestión de Tejeda. Son igualmente espacios que propician la dinamización social, cultural y económica.
Hemos buscado también la complicidad del conocimiento científico. Actualmente se ejecuta la segunda fase del convenio con la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria para estudiar el origen y evolución del poblamiento humano en la cumbre, proyecto que en su primera etapa abrió nuevas líneas de investigación apoyadas en técnicas de última generación y que ha revelado, por ejemplo, la complejidad del asentamiento de la Sierra del Bentayga. Escuchamos la voz del pasado indígena y contribuimos a escribir un relato todavía incompleto. Y hace poco, presentamos las nuevas instalaciones del Laboratorio de Arqueología de la ULPGC, el más importante del archipiélago y cuya dotación ha financiado el Cabildo.
Otro convenio, en este caso con la Universidad de La Laguna, nos permite contar con instrumental de última generación y personal para interpretar los datos que recogen los sensores instalados en los espacios, evaluar la evolución de manifestaciones pictóricas en enclaves sensibles mediante obtención de imágenes en infrarrojo, el escaneo láser o la caracterización de la evolución natural de esos lugares, desde la visera rocosa de Risco Caído a las Cuevas del Rey.
A veces la memoria equivale a justicia. A veces el patrimonio es el eco de un disparo, el rastro de una infamia, el casquillo de una bala, una moneda o un peine sepultados en las entrañas de la tierra. Es lo que encontramos, entre otros ejemplos, en el fondo de la chimenea volcánica de la Sima de Jinámar en el transcurso de la intervención arqueológica que tendrá continuación próximamente y en la que se documentaron restos pertenecientes a varios varones adultos con evidencias de impactos craneales. Constituyen una prueba de valor científico en el contexto de la represión franquista. Pasado el 20N, y ante el avance del negacionismo de la democracia, el rescate de la verdad se alza como tarea prioritaria de las políticas de patrimonio histórico.
Las actuaciones alrededor del patrimonio son un latido permanente en el Cabildo. Y no estamos solos. Valga el dato de que más de 7.000 personas están inscritas en la plataforma del Servicio de Patrimonio Histórico para seguir sus contenidos y actividades. Hace unas semanas se exhibió en el Patio del Cabildo una recopilación de los numerosos materiales arqueológicos que se documentan y estudian cada año gracias a notificaciones de la ciudadanía. Su título es elocuente: ‘Un compromiso común. Patrimonio Arqueológico y Participación Ciudadana’. Revela que nunca sobran manos para guarecerlo. La memoria es una criatura tan prodigiosa como frágil. Si recibe el cuidado que merece, se torna en un poderoso instrumento de transformación. Porque el legado no es un ancla. Es una vela que propulsa. Y una brújula. Y de las más fiables. Es, de hecho, la adecuada para que el futuro contenga lo mejor del pasado, y no lo peor.
Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.
Celebramos en estos días el 75 aniversario del inicio de la repoblación forestal de Gran Canaria. Setenta y cinco años de un recorrido compartido que se ha convertido en una parte esencial de la historia de esta isla. No lo planteamos como un ejercicio de nostalgia, sino como un acto de memoria útil, que nos ayuda a comprender mejor quiénes somos y hacia dónde queremos ir como sociedad
La repoblación forestal iniciada a finales de los años cuarenta supuso una de las transformaciones territoriales más profundas del siglo XX en Gran Canaria. En una isla muy castigada por siglos de deforestación, aquella política pública alteró de manera decisiva el paisaje, los usos del suelo y del bosque y la relación de la población con su entorno natural.
Hoy, cuando miramos nuestras cumbres, medianías y barrancos, vemos masas forestales consolidadas que forman parte de nuestra identidad colectiva. Pero nada de eso fue espontáneo. Fue el resultado de decisiones humanas, planificación técnica y un enorme esfuerzo colectivo que se prolongó durante décadas.
Es importante situar aquel proceso en su contexto histórico real. La repoblación se desarrolló en un tiempo muy distinto al actual: en plena dictadura, en una sociedad profundamente empobrecida, con una economía de subsistencia frágil y con una relación entre las administraciones y la población completamente diferente a la que hoy defendemos. Las políticas se imponían desde estructuras centralizadas, sin participación de las comunidades que habitaban los territorios y sin los espacios de diálogo social que hoy consideramos esenciales.
Entender ese contexto no resta valor al esfuerzo realizado. Al contrario, nos permite comprenderlo con mayor profundidad, reconocer sus aciertos y también sus límites, así como extraer aprendizajes fundamentales para el presente. Por eso días atrás se rindió un homenaje, con nombre y apellido, a quienes representan esa historia plural de la repoblación forestal de Gran Canaria. A Milagrosa Marrero Mayor, viverista, por el trabajo silencioso y paciente de cuidar cada planta desde su origen, haciendo posible que los árboles llegaran vivos y fuertes al monte. A Antonio González Herrera y Orlando Guillén Díaz, jornaleros, por el esfuerzo físico sostenido durante años en condiciones extremas, abriendo hoyos en laderas imposibles y levantando con su trabajo buena parte de los bosques que hoy conocemos. A Mariano Domínguez Gutiérrez, del Grupo Montañero Gran Canaria, por su compromiso continuado con la mejora, la defensa y la protección social del monte. A Domingo Moreno Moreno, pastor, por representar una actividad tradicional inseparable del paisaje insular y hoy reconocida como aliada imprescindible en la gestión del territorio y la prevención de incendios. A Pedro Herminio Santiago Henríquez, “Mino”, trabajador de la Heredad de Aguas de Arucas y Firgas, porque sin agua no hay bosque, y porque la gestión colectiva del agua ha sido uno de los pilares invisibles que han hecho posible la repoblación y la vida en las medianías y cumbres. A los herederos de Pedro Suárez Suárez, en representación del Monte Consorciado, reflejo de una etapa histórica compleja de nuestra política forestal que hoy abordamos desde el conocimiento, la justicia territorial y la corresponsabilidad. Y a Manuel Cardona Sosa, divulgador, por haber sembrado cultura forestal, conciencia ambiental y compromiso cívico durante generaciones.
Todas estas personas representan saberes distintos pero complementarios: el saber del trabajo, el saber del territorio, el saber comunitario y el saber de la transmisión cultural. Sin ninguno de ellos, la repoblación forestal de Gran Canaria habría sido posible tal y como hoy la conocemos.
Este proceso tampoco se entiende sin el trabajo técnico que lo hizo viable. Es de justicia reconocer el papel de los ingenieros y técnicos forestales que planificaron y dirigieron la repoblación en condiciones extremadamente difíciles. Queremos recordar de manera expresa al ingeniero de montes Juan Nogales Hernández, que llegó a Gran Canaria en 1949 para organizar la Brigada del Patrimonio Forestal del Estado y dirigir los primeros trabajos de repoblación. Y al ingeniero Jaime O’Shanahan Bravo de Laguna, primer responsable de la Sección Forestal del Cabildo, cuya labor fue decisiva para estructurar viveros, planificación y coordinación institucional.
Ellos, junto a las personas homenajeadas, forman un mismo relato colectivo: el de una transformación territorial construida a partir del conocimiento, el esfuerzo y la implicación de muchas personas distintas. Setenta y cinco años después, la realidad de Gran Canaria es muy diferente. Vivimos en una sociedad democrática, con mayor conocimiento científico, con instituciones cercanas y con una ciudadanía cada vez más consciente del valor del territorio.
Hoy sabemos que no existe política ambiental eficaz sin la implicación activa de las personas que viven y trabajan en el territorio.Y, sin embargo, el desafío vuelve a ser enorme. La emergencia climática se manifiesta ya en forma de sequías más intensas, aumento de temperaturas, fenómenos meteorológicos extremos y riesgo creciente de grandes incendios forestales.
En este nuevo contexto, los montes de Gran Canaria han pasado a ser una infraestructura estratégica para la seguridad hídrica, la biodiversidad, la protección del suelo y el bienestar colectivo. De esta lectura nace Gran Canaria Mosaico. Un programa que entiende el territorio como un paisaje diverso, vivo y habitado, donde la gestión forestal, la agricultura, la ganadería, el pastoreo y la conservación se integran para reducir riesgos y aumentar su fortaleza.
Gran Canaria Mosaico rompe con la idea del monte como espacio aislado. Apuesta por mosaicos de usos del suelo que reducen la continuidad del combustible vegetal, previenen grandes incendios, generan oportunidades en el medio rural y fortalecen la adaptación al cambio climático. Es una política territorial basada en ciencia, conocimiento local y participación social. Ese enfoque es el que nos permite hablar hoy de territorio resiliente. Un territorio capaz de responder mejor al fuego, a la sequía y a los impactos del cambio climático. Un territorio gestionado con visión de largo plazo, sin imposiciones, aprendiendo de la historia y actuando desde la corresponsabilidad.
Y esto es, en el fondo, lo que define nuestro proyecto de ecoísla. No un lema, sino una visión política clara: entender que el futuro de Gran Canaria depende del equilibrio entre naturaleza, economía y cohesión social. Que no hay desarrollo duradero sin territorio cuidado. Y que no hay justicia social sin sostenibilidad ambiental. Si hace 75 años la repoblación forestal fue una respuesta a una isla empobrecida y degradada, hoy la respuesta tiene que ser distinta: más democrática, más participativa, más integrada y más consciente de los límites del territorio. El reto ya no es solo plantar árboles, sino construir resistencia, reducir riesgos y garantizar bienestar para las generaciones presentes y futuras.
Este aniversario no es un punto final. Es un punto de apoyo. Nos recuerda que Gran Canaria ha sabido afrontar desafíos enormes cuando ha actuado con visión colectiva y sentido público. Y nos invita a hacerlo de nuevo, ahora desde el conocimiento, la democracia y la implicación compartida.
Que este 75 aniversario de la repoblación forestal sirva para honrar a quienes nos trajeron hasta aquí y para reafirmar un compromiso claro: seguir construyendo una Gran Canaria resistente, justa y sostenible, una Gran Canaria que convierte su territorio en fortaleza compartida y proyecto común.
Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.
El pasado jueves participé en un reconocimiento a tres deportistas canarios que simbolizan la excelencia, la resistencia y la humanidad que caracterizan a nuestro pueblo y que se amplifican en el deporte. Carla Suárez, Kirian Rodríguez y Juan Espino representan el esfuerzo, la habilidad y la positividad de las personas jóvenes por alcanzar sus metas, obtener resultados óptimos en la competición y practicar el juego limpio que distingue a quienes son referencia para el conjunto de la sociedad
El deporte para un grancanario o grancanaria forma parte de nuestra forma de ser, de la manera en que nos relacionamos con nuestras amistades y con la naturaleza que nos acoge. Nos anima a disfrutar de unas condiciones únicas que nos permiten practicarlo durante los doce meses del año.
Los deportistas que reconocimos encarnan fielmente estos valores. Con Carla hemos subido a la red, hemos defendido bolas desde el fondo de la pista y, siempre, siempre, hemos admirado su combinación de resistencia y calidad humana y deportiva. Kirian es la expresión del exquisito y apreciado fútbol canario. Es el portador de la pausa, de la sutileza y de la capacidad del isleño para imprimir su sello en todas las manifestaciones de la vida. También de una enorme capacidad de recuperación. Juan Espino es la raíz en el terrero y la prolongación de la isla al mundo. Es el puntal canario y es el león blanco africano. Es la Gran Canaria que alcanzó sus metas porque no permitió que nadie le pusiera límites.
Estoy seguro de que Carla, Kirian y Juan estarán de acuerdo en que nadie gana en solitario, ni tan siquiera el corredor de fondo. Detrás de cada trayectoria deportiva de éxito siempre hay alguien más que, en algún momento del camino, entregó su comprensión y apoyo incondicional. El Cabildo asume el respaldo al deporte como parte intrínseca de sus obligaciones con la sociedad insular a la que sirve.
Esta identificación del deporte y Gran Canaria la entendió desde siempre el Cabildo cuando tomó la iniciativa de construir instalaciones decisivas como el histórico estadio insular, la ciudad deportiva Gran Canaria o el Centro Insular de Deportes. Y a lo largo de la historia ha modernizado esos equipamientos y ha incrementado el apoyo a los clubs de élite, al deporte base, a los deportes autóctonos y a los ayuntamientos, hasta el punto de que hoy en día es el sostén fundamental de la práctica deportiva en la isla.
La confluencia entre características naturales de nuestros deportistas, cultura deportiva de nuestro pueblo y condiciones de nuestra tierra ha generado una pasión por el deporte compartida por la mayoría de nuestra población y, a la vez, ha impulsado la proyección de deportistas excepcionales que simbolizan el carácter de nuestro pueblo.
Este sentimiento de pasión colectiva, perseverancia y trabajo solidario es uno de los innumerables elementos de inspiración que el deporte entrega a la acción pública. Son ejemplos que perduran cuando se apagan el clamor de la grada y las luces de la pista. Porque, como nos recordó Jorge Luis Borges, “cuando los jugadores se hayan ido, cuando el tiempo los haya consumido, ciertamente no habrá cesado el rito”.
Para mantener el pulso de ese ritual, el Cabildo de Gran Canaria ha apostado de manera decidida en la última década por el deporte, elevado a parte esencial de las iniciativas del Gobierno de la isla. Es una actuación que refuerza objetivos esenciales de una sociedad de progreso y sostenible como la que queremos afianzar desde el gobierno insular. Consolida nuestra apuesta por la salud para todas y todos, afianza el arraigo y el sentimiento de pertenencia en todas las personas que lo practican o se identifican con los equipos representativos, mejora las relaciones sociales y supone un atractivo para miles de personas que encuentran en Gran Canaria un espacio incomparable para la práctica de todos los deportes durante todo el año. Por añadidura, impulsa la industria deportiva, la cual supone un revulsivo económico muy relevante. Contamos para ello con un Instituto Insular de Deportes altamente cualificado para hacerlo posible y con profesionales implicados , de la mano del responsable del área, Aridany Romero.
La importancia de estos objetivos reclama una actuación exigente en distintas direcciones y respaldada por unos presupuestos que hemos duplicado y que justifican el incremento de participación y de actividad deportiva. Una línea fundamental es la renovación de instalaciones y equipamientos que nos permiten aspirar a celebrar las mayores competiciones internacionales. Nuestra estrategia pasa por modernizar el Estadio de Gran Canaria con una inversión de 106 millones de euros para disponer de unas instalaciones polivalentes que acogerán los partidos del Mundial de Fútbol 2030, que seguirá siendo la sede estable de la Unión Deportiva Las Palmas y que hará posible acoger cualquier actividad social, cultural, gastronómica, tecnológica, etc, con un equipamiento del máximo nivel internacional. Lo mismo ocurre con la rehabilitación del Centro Insular de Deportes, el acondicionamiento de la Ciudad deportiva Gran Canaria o el avance enmascaramiento la autosuficiencia energética del Gran Canaria Arena y el Estadio Gran Canaria.
Esta línea ambiciosa se complementa con las obras de los campos municipales de Maspalomas o de Telde, que serán sedes complementarias durante el mundial de fútbol. Y también con actuaciones en infraestructuras deportivas en todos los municipios de la isla bajo el principio de la democratización del deporte. Porque el deporte no es una ‘maría’. Es una asignatura de primer orden.
Sabemos el papel que representan los equipos de alta competición en el fútbol, baloncesto, voleibol, hockey, automovilismo, natación o vela para identificar y animar al conjunto de la población a practicar los valores que el deporte encarna. Como expresan los propios representantes de estos clubs, su participación y continuidad se deben fundamentalmente a la colaboración del Cabildo de Gran Canaria. Lo mismo ocurre con el deporte base y con los deportes autóctonos. El Cabildo sirve a menudo de catalizador de la enorme vocación colectiva para que nadie se quede sin practicar el deporte que elige y que le ayuda a crecer. Y lo mismo pasa con los deportes autóctonos como la lucha, la vela o el juego del garrote, que encuentran en nuestra institución el apoyo permanente para su continuidad y crecimiento.
El deporte, en efecto, habita en nuestro interior. Y en el caso de las islas, supone una extensión de la historia, la evolución, la adaptación al entorno, la resiliencia y la nobleza de esta tierra. Con esta lógica, es evidente que sociedad insular y deporte son un espejo frente a frente que devuelve un reflejo constante.
Priorizamos el deporte porque nos identifica. Lo hacemos porque permite proyectar a la isla internacionalmente, siempre en base a principios éticos, democráticos y de defensa de los derechos humanos y la paz. Lo dijo Nelson Mandela: “El deporte tiene el poder de transformar el mundo y de unir a la gente como muy pocas cosas”. Por ello, hay que hacer lo imposible para que esta afirmación no se convierta en una frase hecha, desterrando cualquier manifestación o acto que atente contra la dignidad de las personas o la diversidad que nos enriquece.
Lo hacemos también porque es un factor de diversificación económica y generación de empleo. Pero lo hacemos, sobre todo, porque resulta esencial en el engranaje de la cohesión y la justicia social que tratamos de consolidar para el conjunto de la población. Por eso es tan importante un título de baloncesto o tener una sede mundial como garantizar que las instalaciones deportivas de nuestros barrios y pueblos reúnan las condiciones que necesita la ciudadanía, en especial nuestros niños y niñas, así como las personas con necesidades especiales. Ese, y no otro, es el partido más importante que tenemos que ganar día tras día.
Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.
El pasado miércoles se inauguró en el Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas de Gran Canaria el Congreso de la Asociación Española de Semiconductores e Industrias Afines. Se trata de un encuentro científico de primer nivel que refleja la pujanza de un sector que desempeñará un papel importante en el futuro tecnológico y económico del Estado español
La elección de Gran Canaria como sede de este foro no es casual: responde al reconocimiento de nuestra isla como un territorio capaz de acoger y promover proyectos estratégicos de innovación y desarrollo industrial. Aquí se está construyendo, con paso firme, un marco de trabajo en el que la ciencia, la empresa y la administración cooperan de manera decidida para generar oportunidades de negocio sostenibles y de alto valor añadido.
La industria tecnológica es uno de los sectores con mayor crecimiento mundial. Con altos niveles de inversión y rentabilidad, creación constante de nuevos mercados e incremento de la productividad en otros ámbitos económicos y sociales como los de la salud, el transporte, la educación o el sector primario. Su desarrollo, motor de innovación, profundiza en una enorme transformación social, supone un potencial para el bienestar y adquiere una dimensión estratégica y geopolítica de primer orden.
Vivimos una etapa apasionante y compleja en la que Europa se ha propuesto reforzar su soberanía tecnológica y su autonomía industrial. En ese contexto, la industria de los semiconductores y la microelectrónica ocupa una posición central como base de la digitalización, la transición energética y la modernización productiva.
Gran Canaria quiere formar parte de ese esfuerzo colectivo. Queremos contribuir a que Canarias, España y Europa fortalezcan sus capacidades científicas e industriales, mediante la conjunción de la cooperación, la especialización y el talento, con el objetivo de favorecer un desarrollo sostenible integral.
Un ecosistema de estas características en territorios insulares cambia completamente el tipo de desarrollo posible: menos dependencia del turismo y del transporte, más empleo altamente cualificado, acceso a cadenas de valor globales, impulso a la innovación local, mejora del equilibrio territorial y conexión con el talento y la ciencia ya presentes. De la misma manera, reequilibra el mapa tecnológico estatal, fortalece la presencia científica y tecnológica fuera de la península y aumenta el peso político y económico en programas de soberanía tecnológica como el PERTE chip y otras iniciativas europeas.
En este marco queremos y estamos en condiciones de aportar las capacidades y las ventajas de nuestro ecosistema. La Universidad de Las Palmas de Gran Canaria aporta a este esfuerzo un valor incalculable. En primer lugar, la variada y cualificada oferta de titulaciones STEM: en el último curso, más 3.300 estudiantes accedieron a ellas, lo que supone, sin lugar a dudas, una potente cantera de profesionales para empresas tecnológicas.
La ULPGC, dispone, igualmente, de institutos de investigación reputados y consolidados en estos ámbitos: el Instituto Universitario de Microelectrónica Aplicada (IUMA), el Instituto de Sistemas Inteligentes y Aplicaciones Numéricas en Ingeniería (SIANI) y el Instituto Universitario para el Desarrollo Tecnológico y la Innovación en Comunicaciones (IDETIC). Desde hace años, con más de 200 investigadores e investigadoras adscritos, realizan una labor de investigación aplicada, reconocida nacional e internacionalmente, en áreas relacionadas con las Tecnologías Avanzadas de la Información.
Para reforzar todo este engranaje, y de la mano del Cabildo, a través de la sociedad de Promoción Económica de Gran Canaria (SPEGC), y de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, se ha puesto en marcha un proceso de diseño y construcción de un centro dotado de laboratorios y salas blancas para la localización de empresas y proyectos de los ámbitos de la microelectrónica, la óptica y la fotónica, así como de la industria aeroespacial.
Este edificio, que estará ubicado en el Parque Científico Tecnológico de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, ofrecerá 7.000 metros cuadrados de espacios e infraestructuras adaptados a las necesidades de las empresas y sus proyectos y estarán disponibles para el acogimiento de empresas en 2027. Desde ya se puede contactar con la SPEGC o con el Parque Tecnológico de la Universidad para evaluar las posibilidades de uso o de instalación en este nuevo centro que marcará un antes y un después en la consolidación de Gran Canaria como un enclave de referencia para la industria de la microelectrónica y la industria aeroespacial.
No debemos olvidarnos de que, además de nuestras capacidades, ofrecemos un entorno fiscal altamente competitivo para la inversión, la investigación y la innovación. El Régimen Económico y Fiscal de Canarias (REF) proporciona instrumentos únicos en Europa para impulsar la I+D+i, con deducciones fiscales de hasta el 75% en actividades de investigación y desarrollo, así como otros incentivos para la implantación de empresas de base industrial y tecnológica. A ellos se suman los de la Zona Especial Canaria (ZEC), que permiten operar con un tipo impositivo reducido al 4% del Impuesto de Sociedades.
Todas estas condiciones, junto con la estabilidad institucional, la seguridad jurídica europea, la conectividad internacional, la calidad de vida y el creciente dinamismo de nuestro tejido empresarial, hacen de Gran Canaria un lugar excepcional para invertir e innovar. El Cabildo de Gran Canaria seguirá apoyando decididamente este camino, fortaleciendo las alianzas con la universidad, el sector privado y las instituciones nacionales e internacionales que comparten esta visión de futuro.
Mi agradecimiento más sincero a la Asociación Española de Semiconductores e Industrias Afines por su confianza a la hora de elegir a Gran Canaria como sede de este encuentro y por permitirnos avanzar juntos en este camino. Y también mi reconocimiento a todas las personas que trabajan en la investigación, la ingeniería, la empresa o la representación pública y que impulsan cada día una industria tecnológica más fuerte, más sostenible y más humana. Estoy convencido de que, desde la unidad, avanzaremos con rumbo fijo en pos de ese objetivo estratégico.
Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.
La pasada semana, Atalayar, un medio cercano al gobierno de Marruecos, insistió en calentar el ambiente previo a la reunión de alto nivel (RAN) de España y Marruecos, a celebrar los días 4 y 5 de esta semana, adelantando algunos de los objetivos estratégicos que manejan los negociadores alauitas. Ignacio Cembrero, periodista y escritor experto en el Magreb lo ha desnudado todo en los últimos días. Según la narrativa oficial marroquí, ambos países componen hoy un tándem estable basado en una cooperación política al más alto nivel, intercambios comerciales récord -en torno a los 22.700 millones de euros anuales-, cooperación en inversiones, infraestructuras, energía, transporte y tecnología y, además, colaboración en seguridad, migración y lucha contra el terrorismo, áreas en las que Marruecos es considerado un socio clave
No cabe la menor duda de que Marruecos se ha consolidado como el primer socio comercial de España fuera de la UE y en el principal cliente y proveedor español en África. Para las empresas españolas, es un mercado cercano, competitivo y atractivo en costes; para Marruecos, España es puerta de entrada privilegiada a la UE.
Para Atalayar se trata de una relación pragmática en la que todos ganan: España asegura estabilidad fronteriza, comercio previsible y oportunidades para sus empresas y Marruecos obtiene inversiones, reconocimiento implícito a su creciente peso regional y apoyo en sus grandes proyectos económicos. Esta narrativa, sin embargo, deja fuera el principal punto de fricción: el impacto asimétrico de estos acuerdos en un territorio como Canarias, a la que se pretende utilizar como moneda de cambio. Aunque el marco “win-win” -donde todas las partes involucradas buscan y logran un beneficio mutuo- es válido a nivel macroeconómico, en Canarias el panorama es diferente. El archipiélago, por su proximidad a Marruecos y su posición estratégica en el Atlántico, es el territorio español que más puede verse afectado y sacrificado por los pactos bilaterales en aspectos de crucial relevancia.
La delimitación marítima es un conflicto que se recrudece cada vez que se intenta avanzar en negociaciones de este tipo. Marruecos reclama una y otra vez, unilateralmente, zonas marítimas que se solapan con áreas próximas a Canarias lo que afecta a zonas de pesca históricas, recursos submarinos estratégicos (telurio, cobalto y tierras raras) y al control del Atlántico. Una histórica reivindicación marroquí que, en caso de salir adelante, nos llevaría a un profundo daño económico, ecológico y estratégico.
Marruecos argumenta que su extensa costa continental merece un trato "equitativo" frente a las "limitadas" costas de Canarias. Esta retórica, sin embargo, es profundamente engañosa. Se produce una desnaturalización del Estatuto de Canarias porque el archipiélago no es un peñón deshabitado. Es una comunidad autónoma española con más de 2,2 millones de ciudadanía europea, cuya economía y subsistencia dependen directamente del mar. La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR) no distingue entre "costa continental" y "costa insular" a la hora de generar derechos marítimos. Pretender lo contrario es un intento de crear una categoría de segunda clase para los territorios insulares. La equidistancia sí es equidad: la línea media no es un "automatismo" ciego, sino el punto de partida más objetivo y ampliamente aceptado para una delimitación justa. Corregirla sistemáticamente a favor de la parte con la costa más larga no es equidad, es la ley del más fuerte disfrazada de derecho.
Y se apunta una posible “equivalencia” peligrosa. Marruecos ofrecería a España “reconocer la soberanía española sobre Canarias” si España reconoce la marroquí sobre el Sáhara Occidental. Como apuntan distintos análisis diplomáticos se trata de un movimiento altamente inquietante. Canarias es territorio español reconocido internacionalmente -sin discusión jurídica- y por lo tanto introducirla en una negociación implica ponerla al mismo nivel que un territorio en disputa lo que genera un precedente político muy peligroso. La soberanía del archipiélago no debería ser moneda de intercambio. Es inaceptable y no podemos permitirlo.
La propuesta de una Zona de Desarrollo Conjunto (ZDC) alrededor del Monte Tropic suena bien en teoría, pero en la práctica es una trampa para Canarias. Establecer una ZDC en un área que, por geología y proximidad, debería corresponder a la plataforma continental extendida de Canarias, supone legitimar la pretensión marroquí sobre ese espacio. Es ceder antes de negociar. En cualquier empresa conjunta, Marruecos, como estado continental con fuertes apoyos políticos, tendría una posición de fuerza abrumadora frente a los intereses canarios. La historia demuestra que en estos esquemas, la parte más débil suele salir perdiendo.
El intento marroquí de extender su plataforma continental hasta 350 millas al norte de Canarias es el movimiento más agresivo. Es un ataque en la línea de flotación a nuestro futuro. De prosperar, convertiría a nuestras islas en una prisión marítima - rodeada por aguas marroquíes por el este y el sur- y con un acceso al Atlántico profundamente restringido. Estrangula nuestra ZEE potencial -limitando nuestro acceso a recursos pesqueros, minerales y genéticos futuros-, compromete nuestra seguridad y capacidad de vigilancia marítima y amenaza proyectos vitales como la conectividad submarina por cable con África Occidental.
Sorprendentemente, la gestión del espacio aéreo sobre el Sáhara es presentada como una mera cuestión técnica. No lo es. Es una cuestión de soberanía y seguridad para España y para Canarias. El Centro de Control de Gran Canaria es una infraestructura crítica que garantiza la seguridad de una de las rutas aéreas más transitadas del mundo. Ceder su gestión a Marruecos, aunque sea "de forma progresiva”, debilita la posición estratégica de España y de la OTAN en el flanco sur, introduce un riesgo geopolítico innecesario en una infraestructura vital e ignora que la eficacia técnica del servicio actual está más que demostrada.
La grandilocuente "Visión Atlántica" marroquí no incluye a Canarias como socio, sino como un obstáculo a sortear o un botín que incorporar. Para Rabat, el acuerdo con España no es un fin en sí mismo, sino un paso para avanzar en su objetivo estratégico último: debilitar los vínculos de Canarias con España y Europa y aumentar su influencia sobre el archipiélago.
Todo esto nos sitúa ante una grave asimetría territorial dentro de España. Mientras que la península puede beneficiarse del comercio y la inversión, Canarias queda en la periferia económica, en una preocupante primera línea geopolítica y con menor capacidad para influir en la política exterior española.
Las decisiones bilaterales tomadas en Madrid repercuten de forma directa en Canarias, a la que se margina y se le impide participar activamente en la negociación. Una vez más se sitúa a esta tierra en la incertidumbre, ante la pasividad del Gobierno de Canarias. El discurso del “acuerdo win-win” entre España y Marruecos está fundamentado en datos económicos y diplomáticos reales: comercio récord, cooperación reforzada y estabilidad política, pero oculta una asimetría evidente: lo que beneficia al conjunto del Estado no necesariamente beneficia —y puede perjudicar— a territorios como Canarias, cuya posición geográfica la convierte en frontera, plataforma y punto crítico.
Canarias no puede ser un actor secundario en este proceso: es el territorio español más afectado por la delimitación marítima, los recursos estratégicos y la geopolítica atlántica. La clave del futuro será si España integra al archipiélago en la toma de decisiones y protege de forma inequívoca sus intereses —o si, por el contrario, permite que el “win-win” se convierta en un “win para unos, riesgo para otros”. La cooperación con Marruecos debe ser absolutamente respetuosa con Canarias y con una total seguridad jurídica. España debe defender con firmeza la mediana marítima impidiendo que Marruecos amplíe unilateralmente su ZEE. No puede ceder en el establecimiento de mecanismos bilaterales de control y de protección de recursos. Y debe garantizar que Canarias se beneficie del incremento del comercio y de inversiones energéticas y tecnológicas y que el archipiélago se afiance como hub logístico entre Europa, África y América. Que se produzca un win-win real también para Canarias.
Pero además, la dimensión saharaui añade otra capa de complejidad que no puede ser obviada de ninguna de las maneras, a pesar de las últimas decisiones del Gobierno de Pedro Sánchez. Si el Sáhara Occidental sigue siendo reconocido internacionalmente como territorio distinto y pendiente de descolonización, las delimitaciones marítimas deben manejarse con extremo cuidado, pues cualquier redefinición por parte de Marruecos —o en alianza con España— vulneraría derechos reconocidos. Los recursos marítimos y submarinos en disputa en el Atlántico —alrededor de Canarias, Sáhara y aguas marroquíes— se convierten no sólo en un interés económico, sino en una cuestión jurídica internacional. Por tanto, la defensa de los intereses de Canarias no puede desentenderse de la defensa de los derechos del pueblo saharaui. Es necesario exigir, por tanto, legalidad, respeto al derecho internacional y coherencia entre diplomacia, comercio y justicia.
El Sáhara Occidental no es una variable negociable al margen de la ley. Es una cuestión de derechos, soberanía y justicia internacional. Y esto debe contemplar el reconocimiento del derecho del pueblo saharaui a decidir su futuro, la exigencia de su consentimiento para cualquier acuerdo que le afecte y la exclusión clara del Sáhara Occidental de tratados que vinculen a la UE con Marruecos. Si no, lo que se proclama como “cooperación estratégica” puede terminar siendo una construcción frágil -rentable para unos, ilegal para otros-, y moralmente insostenible. Y en ese equilibrio entre geopolítica, economía y derecho internacional, está en juego no solo el futuro del Sáhara, sino la credibilidad de la UE, de España, de Marruecos. Y de todos los que reclamamos justicia.
Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.
La semana pasada, dentro de la estrategia Gran Canaria Mosaico para la prevención de grandes incendios forestales, el Cabildo de Gran Canaria presentó un nuevo paquete de videos divulgativos, protagonizados por el humorista Maestro Florido y por hombres y mujeres del mundo rural. Se trata de un nuevo paso encaminado a la tarea de formar, informar y sensibilizar a la ciudadanía de esta isla, de una manera cercana y accesible y de impulsar la cultura de la prevención, transmitiendo técnicas y consejos para evitar los incendios en nuestros bosques y, en su caso, para impedir o mitigar sus efectos sobre el medio, los bienes materiales, los animales y las personas
La mayoría de los incendios forestales que se registran en Gran Canaria tienen un origen humano y están vinculados, en gran medida, a prácticas negligentes o imprudentes. Entre las causas más frecuentes se encuentran las quemas agrícolas mal planificadas o mal ejecutadas, sin las condiciones de seguridad adecuadas, así como el uso indebido de maquinaria que genera chispas en zonas de riesgo.
Este tipo de incidentes, lejos de ser puntuales, se insertan en un contexto en el que los incendios presentan una intensidad creciente y una mayor capacidad para propagarse rápidamente, hasta afectar incluso a zonas de interfaz urbano-forestal. Esto supone un riesgo directo no solo para la biodiversidad insular y la integridad de nuestros ecosistemas, sino también para infraestructuras, propiedades privadas y, en última instancia, incluso para la seguridad de las personas y los animales.
En este escenario, los grandes incendios forestales se han convertido en un fenómeno recurrente. En los últimos 20 años se han registrado nueve en la isla, lo que implica una media aproximada de un gran incendio cada dos años. La cifra habla por sí sola: más de 32.000 hectáreas se han visto afectadas, lo que ha calcinado masas forestales, zonas agrícolas, áreas de alto valor natural y entornos próximos a núcleos de población. El impacto de estos incendios es multidimensional: condiciona la capacidad de regeneración natural del territorio, reduce la estabilidad de los suelos, compromete la productividad agraria, afecta al ciclo hidrológico y genera severas consecuencias socioeconómicas, incluyendo desplazamientos temporales de habitantes, pérdidas patrimoniales y un coste elevado para la recuperación y restauración ambiental.
El incremento del riesgo asociado al cambio climático —veranos más largos y secos, aumento de las temperaturas medias y de la calima, reducción de la humedad relativa y mayor frecuencia de episodios de viento intenso— agrava aún más la situación. En Gran Canaria, además, confluyen características que elevan la peligrosidad: una orografía abrupta, una elevada densidad demográfica y un patrón de asentamientos que en muchas zonas combina áreas forestales con viviendas dispersas o pequeños núcleos urbanos. Todo ello genera un escenario especialmente sensible en el que es imprescindible que la población adquiera competencias básicas: saber cómo convivir con el fuego, cómo identificar y reducir riesgos en su propio entorno, y cómo actuar con seguridad en caso de emergencia.
Ante esta realidad, la necesidad de prepararse y adoptar medidas preventivas es indiscutible. El Cabildo de Gran Canaria cuenta con un equipo de profesionales puntero en Europa, con un dispositivo de prevención y extinción de incendios que extiende su labor a lo largo de todo el año, frente a los tres meses de etapas anteriores. Este equipo se ha convertido en especialista y vanguardia en las quemas prescritas, en el pago por servicios medioambientales a los pastores y pastoras de la isla, en la dotación de medios a Protección Civil o en trabajos ligados a la silvicultura. Esto, sumado a su elevada capacidad técnica y los medios materiales de los que dispone, ha servido para reducir el impacto de incendios de gran potencial destructivo y para salvar por tanto muchas vidas.
Sin embargo, la responsabilidad de la prevención no puede recaer exclusivamente sobre las administraciones públicas, ni siquiera únicamente sobre el Cabildo de Gran Canaria, que ostenta competencias clave en gestión del territorio y emergencias. La normativa vigente, así como el principio básico de corresponsabilidad civil, establece que la prevención de incendios forestales es una tarea compartida entre instituciones y ciudadanía. Es, en esencia, un trabajo colectivo. La única manera de proteger la isla, sus paisajes y sus valores naturales y culturales es mediante la implicación activa de toda la sociedad, no solo estableciendo medidas de precaución y respetando las normas y las alertas, sino también participando activamente en las soluciones.
La dimensión social es, por tanto, igualmente decisiva en la prevención de incendios y requiere transmitir una cultura del riesgo: un marco social en el que la población grancanaria asuma que vive en un territorio frágil y geográficamente limitado, donde cada decisión, gesto o hábito cotidiano puede aumentar o reducir la vulnerabilidad frente a un incendio forestal.
Por eso, la comunicación institucional orientada a la prevención se concibe en el Cabildo de Gran Canaria como un componente estratégico equiparable a los planes operativos, los protocolos de emergencia o los dispositivos de extinción. La experiencia demuestra que los mejores medios técnicos pierden eficacia cuando la población no adopta comportamientos seguros, desconoce cómo actuar ante una emergencia o percibe las recomendaciones como imposiciones alejadas de su contexto vital. La eficacia de la estrategia depende, entre otros factores, de que la ciudadanía sienta que forma parte de la misma, que interiorice que su papel es determinante y que entienda que cada actuación individual tiene un impacto real en la seguridad colectiva.
Cuando logramos eso, cuando el mensaje se convierte en convicción y hábito, la prevención deja de ser un mandato y se transforma en cultura. Cultura de la prevención. De nada vale la mejor estrategia sin que la población la sienta suya; que entienda que cada gesto puede marcar la diferencia entre la seguridad y la tragedia. Cuando se entiende el motivo, cuando se percibe que lo que decimos y hacemos protege algo valioso como sus casas, sus cultivos, su paisaje o incluso su vida, la respuesta cambia. De la desconfianza se pasa a la cooperación. Una cooperación necesaria.
Pero, además, la experiencia reciente en la península —donde los terribles incendios del pasado verano mostraron la importancia de mantener un territorio activo para evitar la acumulación de combustible— ha puesto de relieve el valor de los usos tradicionales del campo como herramienta de prevención, desde el pastoreo controlado, las actividades agrícolas o las prácticas agroforestales sostenibles.
En Gran Canaria, estos principios no son nuevos: desde hace años el Cabildo trabaja para combinar la gestión forestal y la prevención con los usos tradicionales que han moldeado el paisaje insular durante generaciones desde tiempo inmemorial, con el objetivo de contar con un campo vivo, diverso, productivo y resistente a los grandes incendios.
Integrar a la población rural, reconocer su rol y facilitar su participación activa en la prevención de incendios no es solo un deber social, sino también una necesidad estratégica. Se trata de mirar de igual a igual a la población rural y lanzar mensajes claros: nos necesitamos mutuamente. Tenemos que actuar como un reloj de precisión. Todos somos necesarios. Es hora de tender la mano al campo e integrarlo en la estrategia de prevención de incendios de manera destacada. Y en esas estamos, trabajando de manera transversal desde las áreas que tienen que ver con el medio ambiente, la soberanía alimentaria, la seguridad hídrica, el Patrimonio Mundial y la Reserva de la Biosfera o el turismo activo y de la naturaleza, entre otras.
Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.
El gobierno insular de progreso ha visibilizado en las últimas semanas y en distintos actos una selección de las grandes obras que transforman Gran Canaria
Somos conscientes de que estamos ante actuaciones decisivas, no solo por la cuantía de las intervenciones sino porque abordan necesidades estratégicas para alumbrar una Gran Canaria del siglo XXI capaz de resolver sus retos energéticos, sociales, hídricos, culturales, económicos -azules, verdes y diversificados-, de movilidad o de soberanía alimentaria, con solvencia y con rigor. Hemos pretendido compartir con la sociedad grancanaria una visión de conjunto de una acción de gobierno que es singular porque concentra en este tiempo, simultáneamente, la mayor inversión pública en nuestra isla del periodo democrático. Más de 2.000 millones de euros.
Son actuaciones que coinciden en el tiempo y que generan una sinergia de renovación que afecta a todos los sectores económicos y sociales. No estamos ante una actuación estrella que identifica un mandato, sino ante un racimo de intervenciones que abordan las cuestiones sustantivas de nuestro futuro.
Estamos avanzando en la mejora de la calidad de vida de la ciudadanía y en afianzar un modelo de desarrollo ecosocial que garantice una senda de futuro por la que transitar teniendo en cuenta nuestra realidad insular. Y somos conscientes de nuestras debilidades y fortalezas, de los momentos difíciles que hemos vivido en los últimos años, de la situación convulsa que vive nuestro entorno geoestratégico y de la evolución de un cambio climático que condiciona, necesariamente, nuestra existencia. El despliegue de estas grandes actuaciones parte, por tanto, de un factor sustantivo: disponemos de un modelo de isla claro, identificable. Es la ecoísla que desde su definición original ha apostado por la sostenibilidad social y económica.
Para que este modelo pudiera llevarse a cabo ha hecho falta que la ciudadanía diera en tres ocasiones su confianza y otorgara a nuestro gobierno insular progresista, de izquierdas, la continuidad y estabilidad necesarias. Esto nos ha permitido proyectar, licitar y estar ejecutando grandes obras, infraestructuras y equipamientos como los que hoy repasamos con ustedes. Y también avanzar en un cambio de modelo que ha afianzado la creación de empleo, la lucha por una mayor equidad social, la potenciación de alternativas económicas reales al monocultivo turístico, la sostenibilidad medioambiental o la cohesión social en torno a la cultura, el deporte, la inclusión, la solidaridad o la igualdad.
Esta ejecutoria ha sido posible por la salud financiera del Cabildo que, sin autocomplacencias, es debida fundamentalmente a una gestión profesional austera, donde el control y la ejemplaridad en el gasto facilitan la disposición de los recursos necesarios para ser ambiciosos en los objetivos y en los proyectos. Y el complejo engranaje necesita, además, para hacerse realidad, de la confianza social, de la complicidad de los ayuntamientos y de las organizaciones sociales, económicas, culturales, sindicales o deportivas que conforman el tejido organizado de Gran Canaria. La ecoísla se despliega en cientos de actuaciones que se materializan en los 1.500 km2 de nuestro territorio, pero se visibilizan con mayor nitidez en proyectos estratégicos y obras esenciales que suponen hitos que nos permiten apreciar con claridad la relevancia del tiempo y el calado de las decisiones que estamos acometiendo. Pero insisto en que nosotros ponemos rostro a un trabajo que es colectivo y solidario. Sin el esfuerzo de los 16 miembros del gobierno, de sus equipos directivos, del conjunto de personal del Cabildo y la complicidad de la sociedad civil, este proyecto que hoy ya es realidad no sería posible.
Los sueños y las expectativas de progreso de la sociedad necesitan cristalizar en espacios donde esos anhelos se acomoden, se expandan y se conviertan en realidades tangibles. Son instrumentos valiosos para transformar los territorios, las ciudades, su economía, sus dinámicas sociales, su futuro. A lo largo de la historia, en los lugares más lejanos, y en nuestro entorno más cercano, los elementos arquitectónicos y urbanísticos han definido periodos, personas y lugares. Porque los edificios y los entornos urbanos que creamos hablan de lo que somos. Y también de lo que aspiramos a ser. Uno de los grandes arquitectos del siglo XX, el alemán Van der Rohe, afirmó que la arquitectura es la voluntad de una época traducida en espacios.
Forman parte de este relato, Salto de Chira, patente canaria internacional, única en el mundo, que nos va a permitir garantizar la seguridad hídrica y la soberanía energética de Gran Canaria. Que va a posibilitar que abramos camino en España a la eólica marina y que avancemos hasta en un 70% en la penetración de las renovables y por tanto en la ruptura de nuestra dependencia de los combustibles fósiles para producir energía en la isla. Con más de 600 millones de presupuesto ya estamos en más de un 60% de su ejecución. Pronto empezará a entrar el agua en las presas. Si, además, conseguimos poder disponer de geotermia -estamos haciendo una investigación, con 31 millones de euros, que nos llena de aliento- seremos un territorio insular de referencia a nivel mundial en la transición ecológica.
También, el nuevo Estadio de Gran Canaria que acogerá el Mundial de 2030, otro hito histórico para nuestra isla. Un nuevo estadio que recoge las aspiraciones de una sociedad que vive el fútbol de una manera singular y que se convertirá en un dinamizador social, económico y cultural de Gran Canaria. O el nuevo Centro Insular de Deportes, memoria viva de las grandes gestas deportivas de Gran Canaria en las últimas décadas del siglo pasado, espacio de auténtica cohesión social en torno a la práctica deportiva y la salud.El deporte como motor dinamizador social y económico.
Y el nuevo Infecar, el edifico icónico y la reordenación del espacio, que nos convertirá en vanguardia ferial de Canarias y que se desarrolla en paralelo a la ciudad del cine de Gran Canaria que ya cuenta con dos platós de última generación, uno de ellos con la mejor tecnología de Europa. Infecar, símbolo de una isla inteligente y motor de diversificación económica, se reordena para abrirse al barrio y al futuro. Nuevos espacios verdes, instalaciones deportivas y un pabellón emblemático impulsan la proyección ferial y el turismo de negocios.
O el Museo de Bellas Artes de Gran Canaria, el más importante museo de bellas artes del archipiélago que, a través del arte, narrará la historia de esta isla desde la llegada de sus primeros habitantes hasta la actualidad.
En Gran Canaria se construye también en estos momentos, por el IGN y en terrenos cedidos por el Cabildo, el radiotelescopio de Temisas, que nos convertirá en una referencia mundial de la geodesia, que generará sinergias con otros centros de referencia a nivel mundial. La ampliación y finalización del Museo Canario, la cápsula del tiempo de la identidad grancanaria que paralizadas sus obras desde el 2002 se reanudan ahora con financiación del Cabildo. La adaptación del antiguo psiquiátrico de Miguel Martín Fernández de la Torre a un centro sociosanitario de vanguardia, referencia del plan sociosanitario más importante en la historia de Gran Canaria que inaugurará próximamente los centros de Tamareceite, Tarazona o Taliarte.
Y, por ultimo, en este resumen apresurado, el tren de Gran Canaria, ahora más cerca que nunca, con todos sus proyectos ya redactados y con el reconocimiento del Estado como obra de interés general. Este ferrocarril representa el salto hacia un transporte alternativo, eficiente y respetuoso con el entorno. Una actuación de enorme trascendencia para el futuro socioeconómico de la isla.
Cada proyecto del que les hablo, al insertar una nueva forma, una función distinta o un uso diferenciado, reinterpreta las relaciones existentes entre las personas y su entorno. Los grandes equipamientos son bisagras del tiempo. Reconfiguran la manera en que una ciudad, una isla, se relaciona con el mundo y consigo misma. Son motores de cambio que reconfiguran el espacio, la economía y la vida social; inciden de manera directa en la configuración de las dinámicas sociales, económicas y ambientales que definen un territorio y terminan siendo elementos identitarios, hitos que marcan el paisaje y el imaginario colectivo. En el caso de una isla como la nuestra nos va a servir también para romper buena parte de nuestro aislamiento secular.
Observar, planificar, diseñar y construir. La política y las grandes obras, infraestructuras y equipamientos, los grandes hitos arquitectónicos o de ingeniería, tienen caminos comunes a la hora de afrontar los retos. En la gestión política del territorio y sus recursos hacemos del espacio que habitamos una obra colectiva, democrática y limitada en el tiempo, con todo lo que conlleva. Cincelamos, adaptamos, protegemos e innovamos para seguir haciendo no solo una Gran Canaria habitable, sino también reconocible y destacada por sus políticas referentes vinculadas a la sostenibilidad y a la atlanticidad que nos define.
Si repasamos brevemente las cuestiones que abordan estas grandes realizaciones comprobarán que hablamos de aspectos decisivos que definen a las sociedades avanzadas del siglo XXI. Pero contribuyen, sobre todo, a hacer de Gran Canaria una isla sostenible, habitable, atractiva para la inversión, el ocio y la celebración de eventos que nos identifiquen como un destino atractivo por su sostenibilidad y su calidad. Gran Canaria avanza. La ecoísla solo se entiende en esta combinación responsable de hacer compatibles todas estas variables y estas consideraciones. Cada obra, cada proyecto, cada decisión… forman parte de una visión común: una Gran Canaria más justa, sostenible e innovadora. Porque transformar la isla es construir bienestar y mirar al futuro sin olvidar lo que somos y de dónde venimos.
Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.
“El problema de América Latina es que la ideología no da de comer”, dijo el recientemente electo presidente de Bolivia, Rodrigo Paz. La frase, repetida ahora en distintos foros con un aire de sensatez práctica, encierra una trampa. Porque, en realidad, lo que perjudica a los pueblos no es la ideología, sino su ausencia. Lo que empobrece a las sociedades es la gestión sin alma, el cálculo sin principios, la política sin horizonte
En los últimos tiempos se ha extendido también en España y en Canarias la idea de que la política debe desprenderse de las ideologías, de que lo importante es “gestionar bien” y de que los proyectos nacionales deben construirse desde una supuesta neutralidad transversal que todo lo concilia. Se nos quiere convencer de que las diferencias ideológicas son un estorbo del pasado y que basta con la técnica o el pragmatismo para gobernar.
No es una novedad. De Gaulle o Perón ya defendieron la centralidad de la acción frente al dogma. Macron llegó a decir que le interesaba su economía, no las teorías. No las ideologías sino el progreso. Blair y Clinton propusieron una “tercera vía” que pretendía superar la confrontación entre derecha e izquierda, le dio forma a finales de los noventa Anthony Giddens (“Mas allá de la izquierda y la derecha”). Pero todas esas experiencias acabaron demostrando que la renuncia a la ideología no era un signo de madurez democrática, sino el inicio del conformismo. Las respuestas tecnocráticas de Draghi y Renzi en Italia, de Macron en Francia o de Ciudadanos en España, no solo han fracasado estrepitosamente, sino que han abierto la puerta a la extrema derecha.
Cuando la política renuncia a una visión transformadora y se reduce a mera gestión, la democracia se debilita. Se apagan los debates que hacen avanzar a las sociedades y la ciudadanía se refugia en el desencanto. Ese vacío lo llenan los populismos reaccionarios, que ofrecen certezas simples a problemas complejos. La supuesta neutralidad ideológica termina siendo una rendición ante el pensamiento dominante y ante los intereses de los poderosos.
Vivimos un proceso de derechización profunda del debate público y de los valores que sustentan la convivencia. Se normalizan discursos xenófobos, se cuestionan derechos conquistados, se criminaliza la diversidad y se blanquean los proyectos autoritarios. En este contexto, no dar la batalla ideológica, refugiarse en una gestión postpolítica o en un nacionalismo aséptico desligado de un modelo de sociedad hacia el que queremos avanzar, es una irresponsabilidad histórica.
Porque la ideología sí da de comer. Define el modelo económico y social, determina cómo se reparte la riqueza, qué papel tiene el Estado, qué derechos se garantizan y cuáles se dejan al mercado. La deriva ideológica de un país marca quién avanza y quién queda atrás. La economía nunca es neutra: siempre responde a valores e intereses que alguien decide defender o perpetuar.
Para Norberto Bobbio, las diferencias entre las derechas y las izquierdas perviven y giran fundamentalmente en torno a la igualdad. Este es el gran elemento diferenciador. Luchar contra las desigualdades sociales desde la justicia social y la equidad, desde el derecho al trabajo, a la salud y a la educación. También desde la búsqueda de la igualdad de oportunidades y la distribución de la riqueza, haciendo frente al capitalismo que afirma que la libertad se sostiene en la desigualdad.
Algunos discursos que hoy emergen en Canarias, apelando a un nacionalismo de conciliación interclasista y sin ideologías, pueden sonar amables a primera vista. Bajo la apariencia de un proyecto común se esconde, muchas veces, la renuncia a enfrentarse a las desigualdades estructurales o a los privilegios de unos pocos. Un nacionalismo que rehúye definirse acaba siendo solo regionalismo, sin capacidad de transformar la realidad ni de defender a quienes más lo necesitan.
Canarias no puede permitirse ese vacío. Esta tierra ha sufrido durante siglos las consecuencias del centralismo y de las decisiones tomadas desde la distancia. Hoy, más que nunca, necesita una voz propia y valiente, arraigada en los valores de justicia social, sostenibilidad y defensa de los derechos colectivos. Un gobierno ultraderechista y españolista, sostenido por PP y Vox, sería nefasto para los derechos de los canarios y canarias y para el futuro de esta tierra. No solo por sus efectos económicos o competenciales, sino porque supondría un retroceso moral y democrático de décadas.
El nacionalismo progresista que ha representado a Canarias en las últimas décadas ha demostrado que la identidad y la justicia social no son conceptos opuestos, sino complementarios. Defender Canarias es defender a su gente, su cultura, su dignidad y su derecho a un futuro mejor. Es apostar por un modelo de desarrollo que ponga la vida en el centro, que impulse la transición ecológica, que defienda la igualdad y que entienda la economía como una herramienta al servicio de las personas, no al revés.
Frente a los cantos de sirena de la “transversalidad” o de la política sin ideología, hay que reivindicar que el progreso siempre ha tenido una orientación clara. Las grandes conquistas sociales —el sufragio universal, la educación pública, la universalización de la sanidad, la igualdad de género, los derechos laborales— fueron fruto de luchas ideológicas. Nada importante se logró desde la neutralidad.
La neutralidad no transforma, solo perpetúa. Por eso, cuando se pide que los proyectos políticos “gestionen sin dividir”, en realidad se está reclamando que aceptemos sin debate las reglas de los que mandan. Pero las instituciones democráticas no están para gestionar inercias, sino para marcar el rumbo hacia una sociedad más justa, solidaria y sostenible.
Canarias necesita seguir ese rumbo con claridad y coraje. Nuestra condición insular y periférica exige una mirada ideológica fuerte, consciente de nuestra historia y de nuestras singularidades. Un proyecto que no aspire a contentar a todos, sino a convocar a quienes creen que la justicia, la igualdad y la sostenibilidad deben guiar el futuro.
Sin ideología no hay proyecto. Sin principios, la política se convierte en trámite y el nacionalismo en decorado. Lo que esta tierra necesita no es neutralidad, sino compromiso. Convicciones firmes, manos limpias y una idea clara de hacia dónde queremos avanzar.
Porque Canarias no puede ser un territorio sin alma política: su alma está hecha de lucha, mestizaje y esperanza. Y esa historia no se honra desde la asepsia, sino desde la convicción de que, incluso hoy, la ideología sigue siendo el alimento del pueblo.
Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.
Los productos de cercanía de Gran Canaria tienen nombre y apellidos. Y rostro. Como el de Antonio Ramírez, que lleva mucho tiempo abriendo surcos de papas en San Mateo y encarna la experiencia y la conciencia de la importancia de la unidad del sector como presidente de la Cooperativa Agrícola Coacen. Francisco Ramón Domínguez Trujillo, de Teror, es la juventud, la esperanza que crece en el campo. Carmen Delia Hernández Hernández da voz y presencia a la mujer rural cultivando sus papas en Moya y Arucas. El ingeniero agrónomo y especialista en nutrición del cultivo de la papa, Luis Ángel López Fernández, refleja la ciencia aplicada al territorio, en diálogo con la tradición, mientras que el Grupo Cencosu supone la vital y ejemplar apuesta empresarial por la producción de kilómetro cero en la isla.
Estas personas y miles más forman parte del universo de hombres y mujeres que mantiene el pulso del cultivo de la papa. Reconocimos hace muy pocos días su labor en el acto institucional de la VII Feria Insular de la Papa. No fueron los únicos. También se llevó a casa su galardón José Luis León, de la terorense finca Los Risquillos, con su papa de más de kilo y medio. Pero el verdadero peso de las papas del país y del conjunto del sector agrícola insular no puede calibrarse en toda su dimensión con una simple báscula.
Las papas poseen una silueta semejante al perfil de la isla de Gran Canaria. Es una casualidad. Pero también una coincidencia cargada de significado. La relación tiene cinco siglos de antigüedad, desde la introducción del cultivo en nuestro territorio insular en el contexto de su papel de puente entre América y Europa. Desde entonces, su historia se ha escrito de manera conjunta; en los libros y en las crónicas, pero ante todo en los surcos. En ese lugar, en nuestros campos, sin que gran parte de la población las vea ni sepa de sus esfuerzos y desvelos, es donde las manos de hombres y mujeres aferradas a la tierra hacen posible que sigamos escribiendo este relato coral.
Son las personas que con su tesón traducen en realidades gran parte de las políticas que desarrollamos en el Cabildo de Gran Canaria en apoyo al sector primario. Porque en esas manos están la soberanía alimentaria, la sostenibilidad, el cuidado del territorio, la protección de la biodiversidad, la lucha contra el abandono rural o la prevención de los incendios forestales. Y, sobre todo, entre esas manos se guarecen nuestras señas de identidad. Y fanegadas y fanegadas de memoria. Pero también de futuro… Lo sabemos muy bien en el Cabildo de la isla. Nuestro Plan Insular de Desarrollo del Fomento del Cultivo de la Papa (subvenciones, asesoramiento, lucha contra plagas, etc) es una expresión clara de la relevancia estratégica que le concedemos al.
La organización de este Plan Insular está adaptada a la realidad actual del sector y a sus retos e incluye, entre sus pilares más destacados, el asesoramiento técnico a productores y nuevos agricultores y agricultoras, la formación en técnicas de plantación, riego, fertilización y control de plagas, los análisis de suelo y fitopatológicos, el estudio de costes de producción tanto en sistemas convencionales como ecológicos y la celebración anual de la Cata Insular de Papas. Y además el Plan de Erradicación de la Polilla Guatemalteca, las subvenciones para la recuperación de terrenos en desuso y la mejora de instalaciones y maquinaria o la ejecución de proyectos hidráulicos para mejorar el riego agrícola. Solo en los últimos meses, hemos puesto a disposición de los cultivos de papas de medianías más de 3.600 horas de riego, suficientes para regar más de 26 hectáreas.
El trabajo realizado ha logrado que la superficie cultivada se haya incrementado en más de un seis por ciento en la última década, una tendencia positiva contraria a la del conjunto del archipiélago, donde ha descendido en un 26%. Las 1.200 hectáreas actuales conforman un paisaje productivo pero sobre todo de ilusión pues en estas fincas crecen productos del país de gran calidad. Y echa también raíces una economía vinculada a lo cercano, a lo propio. Crece, en definitiva, la posibilidad de una isla cada vez más autocentrada y consciente de sus retos y oportunidades. No es el único caso. Con la misma fórmula, Gran Canaria duplica en superficie de cultivo de frutales a la segunda isla y ha incrementado entre 2019 y 2024 su superficie de cultivo de regadío en unas 211 hectáreas.
Son pasos hacia la soberanía alimentaria que defendemos y por la que trabajamos a conciencia desde hace una década. Es un eje de una autonomía que ha de completarse con la energética, además de la seguridad hídrica. Un proyecto pionero, la central de Salto de Chira, unifica este triple anhelo, pues multiplicará la penetración de las renovables, la autosuficiencia en la generación y almacenamiento de energía y la desalación para regar las cuencas de cumbres y medianías con agua de la costa.
No obstante, necesitamos robustecer la conciencia ciudadana sobre la importancia de nuestras decisiones. En cada opción entran en juego muchas variables, pero quiero subrayar que una de ellas debe ser el respaldo a un modelo insular cada vez más sostenible. Una papa de Gran Canaria en la cesta de la compra, sancochándose al fuego, en el plato, es un mensaje; un apoyo a la isla donde desarrollamos nuestras vidas. Se hace política ante las urnas, pero también ante los lineales del supermercado o en las elecciones en el comercio del barrio y del pueblo.
Es importante que veamos las producciones del campo de Gran Canaria como una extensión de nuestra singularidad. Y de ahí surgirá necesariamente un sentimiento de compromiso y de defensa que debe traducirse también en mecanismos legales que nos permitan modular la entrada de productos foráneos mientras nuestros agricultores y agricultoras sean capaces de surtir la despensa insular. Da mucha rabia ver papas de Egipto - y más del genocida estado de Israel- en las superficies de venta compitiendo con nuestras papas aún en existencia. Obligan estos buitres sin escrúpulos al productor local a bajar sus precios o a quedarse con su cosecha.
Como saben muy bien y sufren en sus carnes nuestros agricultores y agricultoras, no compiten en igualdad de condiciones. Por un lado, porque los controles, costes y requisitos que afrontan no son los mismos. Y, por otro, porque se enfrentan en ocasiones a prácticas desleales que intentan acabar con la competencia de los pequeños y medianos productores locales. Produce pena, rabia y vergüenza ver cómo algunos se proclaman patriotas, nacionalistas y demás yerbas y realmente no hacen sino mirar para sus bolsillos. Desprecian a su tierra y a su gente.
Las producciones locales requieren iniciativas administrativas de protección y el respaldo de consumidores y consumidoras. El campo grancanario, además, demuestra que tiene unas espaldas amplias, pues al menos el 62% de las papas consumidas en la isla y más del 44% en el caso de Canarias proceden de nuestro territorio insular. Son porcentajes que superan ampliamente las recomendaciones de la ONU para la soberanía alimentaria de los territorios insulares. Pero no queremos conformarnos. Y sabemos que para que esto sea posible resulta imprescindible, entre otras medidas, garantizar el agua, hacia donde fluyen precisamente nuestras acciones en materia de regadío, reutilización de aguas y obras hidráulicas.
Quiero recalcar que esta cita anual ha brindado una oportunidad para encontrarnos alrededor de uno de nuestros productos estrella, en especial con la participación de más de un centenar de especialistas del más alto nivel de las islas y la península en las Jornadas Técnicas sobre la Papa. Ellos y ellas debatieron medidas para aumentar las cotas de soberanía alimentaria que se enfrentan además a las consecuencias del cambio climático. Todo ello, por supuesto, con el consejero y el equipo del área del Sector Primario, Soberanía Alimentaria y Seguridad Hídrica del Cabildo grancanario siempre detrás.
Regreso al inicio, a los rostros de la pasión, la entrega, la búsqueda de la excelencia, la lucha por aquello que nos identifica y distingue. Los premios fueron, en última instancia, coronas para esta viajera que atravesó el Atlántico y se quedó en Gran Canaria para ser parte de nuestra esencia. No obstante, el mayor de los galardones, el más luminoso, será que el sol y las estrellas sigan brillando sobre los terrenos sembrados de Gran Canaria.
Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.
El manifiesto de apoyo del Cabildo de Gran Canaria a la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria como Capital Europea de la Cultura 2031 contiene motivos de fondo que justifican nuestra identificación con la propuesta municipal de visibilizar la rebelión de la geografía. Tenemos el más absoluto convencimiento de que nuestra isla encarna un llamamiento a la diversidad y a la ruptura de las barreras físicas y mentales, evoca igualmente el rechazo a la discriminación por cualquier causa, e invita a reconocer que la cultura europea debe modelarse también con la arena de sus orillas.
Somos litoral, margen y frontera, y eso esculpe nuestra realidad y una singularidad que nos enorgullece. Pero que nadie se equivoque: nos resistimos a ser orillados, marginados o convertidos en muros de contención. Muy por el contrario, tenemos la convicción de que nuestra voz y nuestro ejemplo pueden ayudar a redefinir la diversidad intelectual y cultural del continente
Nada de esto es nuevo, en realidad. La memoria de la Europa clásica hace guiños constantes a los territorios insulares. El mito de Ulises sigue recorriendo los caminos que conectan a Europa, atravesando sus fronteras visibles e invisibles. Se mueve como una letanía que resuena en cada conciencia, recordando la importancia de la búsqueda de la verdad y la conexión con lo que realmente importa. La leyenda se enhebró, sobre todo, de isla en isla, a través de los seres que allí encontró y las enseñanzas que extrajo. La experiencia insular, por tanto, alienta la mayor alegoría mediterránea y europea.
Existen alrededor de 2.000 islas en Europa. Algunas son nidos de cormoranes. En otras apenas se distinguen los cimientos del castillo de un reino olvidado. O destella un viejo faro, aunque el farero haya sido sustituido por un ingenio moderno, porque el naufragio sigue siendo un riesgo que acompaña a la aventura humana. Otras, sin embargo, se elevan como paradigmas de sociedades insulares que han sido capaces de protagonizar una apasionante aventura social y cultural. Es, por supuesto, el caso de Gran Canaria, en este caso en el Atlántico, más allá de las también legendarias Columnas de Hércules que citó Homero. Aquí conocemos pronto la inmensidad y, con la humildad del que se sabe una parte del todo, aspiramos a dejar huella e ir un paso más allá de lo que parecía escrito de antemano. En ese proceso, desarrollamos nuestra singularidad, de la mano de nuestra condición de privilegiado lugar de encuentro entre continentes y visiones de la realidad.
Y desde el origen, cada nueva idea, cada siglo y cada movimiento de ida y vuelta han sido cubiertos por el salitre de nuestra profunda identidad isleña. Por eso podemos decir con orgullo que poseemos una voz propia que merece ser escuchada en el continente europeo; y en el mundo. Esta afirmación cobra especial importancia en el actual momento histórico, cuando Europa y el conjunto del planeta viven en la incertidumbre y contemplan cómo se dinamitan las vías de diálogo y desfallecen los viejos discursos, como olas que mueren frente a una escollera de intransigencia y regresión.
Las islas emergen en los lugares más imprevistos. Sobre el mar y en el pensamiento. El grancanario Galdós, uno de los grandes escritores europeos del siglo XIX, definió a Europa como “una gran isla dentro de la cual estaban otras islas”, según puso en palabras de Gabriel Araceli, hilo conductor de la Primera Serie de los Episodios Nacionales. Y añadió: “Llegará un día en que se abrazarán, conviniendo todos en no formar más que una sola familia”. Para que esto ocurra, hacen falta lugares donde se levanten puentes de entendimiento, lejos del aire enrarecido, donde las velas se vuelvan a llenar de un soplo ilusionante y sea posible volver a imaginar el futuro. Es precisamente lo que define a Gran Canaria. Hagámoslo desde Gran Canaria.
Gran Canaria jamás ha sido una orilla cultural. Ha sido un centro. Y merece que Europa lo refrende con la designación de la ciudad como Capital Europea de la Cultura. Es importante que se deje encandilar por las luces de esta urbe y de esta isla en la que se fusionan arte, convivencia, inclusión, participación ciudadana y sostenibilidad -ejes de la acción del Gobierno de la isla-, además de la memoria y el presente de las migraciones humanas. Le conviene abrir sus ventanas para que entren el alisio, y la maresía. La expectativa de situar la insularidad y la periferia en el corazón del continente es doble en 2031, pues, junto a una ciudad española, la Unión Europea designará también a una localidad de Malta, donde Ulises permaneció durante siete años.
La promoción y el apoyo a la cultura forman parte del ADN del Cabildo de Gran Canariades de su nacimiento. El protagonismo del Gobierno de la isla se ha acentuado en la última década y se percibe de manera especialmente clara en la capital, donde no puede concebirse el paisaje cultural sin su contribución, cristalizada en espacios, eventos, programaciones a lo largo de todo el año, proyectos de calado social y a la vez de gran proyección y, por supuesto, el respaldo decidido al sustrato creativo y artístico local.
En este sentido, el Cabildo eleva el pulso de la cultura en la ciudad a través de su Red de Museos. En el caso de Las Palmas de Gran Canaria, con el legado del novelista Pérez Galdós que conservamos y mostramos en su Casa-Museo en el corazón del histórico barrio de Triana, donde duermen manuscritos de obras que sustentan su talla universal. La escultura de Victorio Macho, hecha en arenisca para que el tiempo terminara de moldearla, es una metáfora a la inversa, porque los años menoscabaron la piedra mientras estuvo en el muelle, pero la influencia galdosiana sigue expandiéndose. En el barrio fundacional de Vegueta, la Casa de Colón exhibe e investiga la atlanticidad de Gran Canaria. Por su parte, el Centro Atlántico de Arte Moderno designa su filosofía en su propio nombre y en una programación expositiva que subraya la condición insular de encrucijada abierta a voces, pinceladas y propuestas que no siempre encuentran acomodo.
El relato museístico escribe una nueva y brillante página en la capital con el proyecto del Museo de Bellas Artes de Gran Canaria, el MUBEA, en el antiguo hospital y posterior San Martín Centro de Cultura Contemporánea. Este recinto se convertirá en el mayor de su clase en Canarias y en uno de los más destacados del país. Se trata de una apuesta por las artes plásticas en el lugar que merecen, rescatando un edificio histórico, enfatizando la identidad isleña y su divulgación. Y lo hará aprovechando las estancias sanitarias donde fue paciente Jorge Oramas. Desde su ventana observó y pintó las casas que cuelgan de las laderas de San Roque y San Nicolás, con su paleta de rojos, amarillos, verdes, azules y palmeras infinitas, una imagen que se ha convertido en una seña de identidad de los riscos y la capital grancanaria. La entrada en escena del MUBEA supondrá además un soplo de aire fresco en el entramado urbano, cultural, social y económico de la zona, a la que se sumará la renovación y ampliación del Museo Canario, con financiación del Gobierno insular, memoria arqueológica y cápsula del tiempo de la isla que sitúa en un lugar medular la herencia aborigen.
La cultura que emana del Cabildo se muestra como un libro abierto en la Biblioteca Insular. Levanta y baja el telón en el Teatro Cuyás o en la programación de la Fundación Teatro Auditorio. Hace que Las Palmas de Gran Canaria suene en el mundo como sede de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, una de las formaciones más prestigiosas de España y Europa. Abre la capital a la vanguardia visual y sonora en el Centro de Cultura Audiovisual, arquetipo de cómo la periferia se torna en enclave neurálgico de las artes.
La democratización de la actividad cultural y la cohesión social que proporciona se han aliado con la arquitectura y el urbanismo a través del proyecto ya licitado de Infecar. El proyecto impulsado por el Cabildo contempla un pabellón icónico que, además de los eventos feriales, acogerá eventos y espectáculos -igual que sucederá tras la reforma del Estadio de Gran Canaria o en el nuevo Centro Insular de Deportes- en el contexto de un recinto que dejará de ser un espacio cerrado para dejarse abrazar por los barrios del entorno.
El Gobierno de la isla promueve los rodajes y la posproducción cinematográfica con el plató virtual pionero en España, financia la restauración y promueve la conservación de múltiples elementos patrimoniales y colabora con entidades de sobresaliente importancia en el pasado y el presente de la ciudad, del Gabinete Literario a la Fundación de Arte y Pensamiento Martín Chirino o la de Alfredo Kraus, entre muchas otras. También rescata la memoria histórica, de la más oscura y cruel a aquella que habla del kilómetro cero de la capital, con la investigación y la difusión de la importancia del solar norte de la Catedral, labor a la que se añaden las visitas guiadas del Servicio de Patrimonio Histórico al Confital o el Jardín Canario, por citar solo las más recientes.
La rúbrica plasmada en el manifiesto de apoyo en nombre del conjunto de la corporación insular contenía la forma de los manuscritos de Galdós o de Pino Ojeda; el vuelo de las espirales de Chirino; las rimas portuarias de Tomás Morales; el trazo de Manolo, de Jane Millares y de Néstor; o el eco de Kraus. Pero estaba guiada sobre todo por la coherencia de la apuesta del Cabildo por la cultura en Gran Canaria y su capital. Nos anima hoy un sentimiento de justicia, de provocar que Europa enfoque su mirada en la isla, que contemple al ‘Atlante’ de Tony Gallardo, hecho con la piedra del fuego donde nos fraguamos y alzado desde el cantil al orbe. Deberían conocer sus secretos y escuchar su sonoro silencio. Ulises lo habría hecho.
Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.

La popular y veterana emisora de radio "Radio faro del Noroeste" sigue su proyección hacia una mayor ampliación de su cobertura.