
La popular y veterana emisora de radio "Radio faro del Noroeste" sigue su proyección hacia una mayor ampliación de su cobertura.
Hay personas que dejan huella en las instituciones y otras que, como Jerónimo Saavedra, además, permanecen en la memoria afectiva de quienes compartimos camino con ellas. Fue político de Estado, intelectual, humanista y canario universal; pero también un compañero leal, un amigo generoso y una referencia moral para quienes entendemos la política como servicio público
La presentación del libro Jerónimo Saavedra: el último prócer, escrito por su sobrina Marta Saavedra, fue una buena ocasión para volver sobre una trayectoria esencial en la historia reciente de Canarias. Se trata de reconocer al hombre que hizo de la política una herramienta útil, serena y comprometida con la ciudadanía en cada etapa de servicio.
Jerónimo fue decisivo en la construcción de la Canarias moderna. Desde la Transición participó en el pensamiento político que dio forma a nuestra autonomía y perteneció a una generación que miró más allá de la coyuntura inmediata. Defendió instituciones democráticas y al servicio de la gente. Su compromiso no fue retórico, sino ejercido desde la convicción de que esta tierra solo podía avanzar unida, desde la solidaridad entre islas.
Esa lección conserva hoy plena vigencia. En tiempos en los que el ruido sustituye al diálogo, Jerónimo representa una forma de hacer política que merece ser reivindicada. Defendía sus principios con firmeza, pero sin imposición. Creía en la palabra, la inteligencia, el respeto a la discrepancia y la búsqueda de acuerdos. Sabía que la política no se engrandece levantando muros, sino tendiendo puentes.
Para mí, hablar de Jerónimo es hablar también de una amistad de más de cuatro décadas. Compartimos responsabilidades, debates, decisiones complejas y momentos de mi memoria personal y política. Fue mentor, compañero y amigo. Con él se podía hablar de Canarias, de España, de Europa, de cultura o de la vida con profundidad y naturalidad, porque tenía formación intelectual, curiosidad permanente y una mirada lúcida y sensible.
La Gomera ocupó un lugar especial en muchos de esos recuerdos. Jerónimo entendió que el equilibrio territorial no podía quedar en una declaración de buenas intenciones. Lo demostró en momentos decisivos, como el impulso a nuestro aeropuerto. Un gesto de apoyo en un contexto de dificultades, en el que comprendió que el desarrollo de una isla no podía estar condicionado por la resignación.
También estuvo cerca de La Gomera en momentos de dolor, como el incendio de Agando de 1984, y en proyectos como la construcción de la actual sede del Cabildo. Gestos que no deben olvidarse, porque hablan de una política útil y atenta a las necesidades reales de nuestra isla en aquel entonces.
Su relación con La Gomera fue también afectiva. Disfrutaba de sus paisajes y su patrimonio gastronómico, recuerdo sus tardes de campaña electoral en Alojera, en el municipio de Vallehermoso, donde siempre le gustaba hacer una parada para compartir con los vecinos. Esa cercanía nacía de una manera auténtica de entender Canarias: desde el conocimiento directo de sus singularidades.
Si algo definió su trayectoria fue la coherencia. Ocupó responsabilidades estatales, autonómicas y locales, y en todas dejó una impronta de dignidad, integridad y compromiso con el interés general. Fue referente del socialismo canario, aunque su figura trascendió las siglas. Sin renunciar a sus ideas, sabía que la democracia exige diálogo, generosidad y altura de miras.
Hoy recuerdo a Jerónimo con emoción y gratitud: por su amistad, por su compromiso con Canarias, por su cariño hacia La Gomera y por habernos enseñado que la política, ejercida con dignidad, inteligencia y vocación de servicio, contribuye al progreso de una sociedad. Sin duda, fue un gran político. Pero, sobre todo, fue una gran persona y un canario universal.
Casimiro Curbelo. Presidente del Cabildo de la isla de La Gomera. Islas Canarias.
El Parlamento de Canarias aprobó, por unanimidad, el pasado 29 de abril, instaurar el 10 de diciembre como Día de las Ciencias Canarias. Se trata, según el texto consensuado, de un reconocimiento al legado del físico lanzaroteño Blas Cabrera, uno de los científicos más relevantes de la historia de las islas y, a la vez, de refuerzo “del compromiso de Canarias con la divulgación, la investigación y el conocimiento"
Rendir homenaje a uno de nuestros más grandes científicos es loable, y también que la cámara legislativa canaria plantee la necesidad de reforzar el desarrollo científico de nuestro archipiélago, pero hablar del estado de la ciencia en Canarias obliga a abandonar ciertos lugares comunes y afrontar una realidad incómoda y estructural. No se trata simplemente de invertir más en investigación o de formar más talento, sino de entender cómo encaja —o más bien, cómo no encaja todavía— la ciencia dentro del modelo económico del archipiélago.
Y eso no parece entenderlo el Gobierno de Canarias que tramita en estos momentos el proyecto de la Ley Canaria de la Ciencia. Rectores de la ULL y la ULPGC, partidos opositores y sectores universitarios han denunciado en los últimos meses la escasa participación de las universidades públicas canarias en la elaboración del texto, pese a concentrar gran parte de la I+D+i del archipiélago. También cuestionan la falta de financiación estable y la ausencia de medidas claras para fortalecer la carrera investigadora. Reclaman una normativa más inclusiva, consensuada y orientada al interés público y científico.
Es lo que plantea el último informe anual, presentado por el Consejo Económico y Social de Canarias el pasado día 15 de mayo: nuestra comunidad, para luchar contra las altas tasas de pobreza y exclusión social, necesita transformar su modelo económico apostando más por la ciencia, la innovación, la formación y por sectores de alto valor añadido como la economía azul, la biotecnología, la digitalización o las renovables.
El dato más revelador en torno a la ciencia en nuestra comunidad autónoma es también el más repetido: Canarias destina en torno al 0,5 % de su PIB a I+D, muy por debajo de la media española ( 1,50%) y lejísimos -cuatro veces por debajo- de los estándares europeos (2,2%). Además, mientras en España creció el gasto en el último año en un 6,9%, en esta comunidad cayó un 1,1%. Pero reducir el análisis a estas cifras sería simplificar en exceso. La cuestión clave no es solo cuánto se invierte, sino quién invierte, para qué y con qué consecuencias.
En las economías más avanzadas, la mayor parte del gasto en investigación proviene del sector privado. Las empresas investigan porque necesitan innovar para competir. En Canarias, sin embargo, el peso de la I+D recae de forma desproporcionada en el sector público y en las universidades, más de un 85%. Esto genera un sistema científicamente digno en ciertos ámbitos, pero débil en su conexión con la economía real.
La razón fundamental es que el tejido productivo canario está dominado por sectores de bajo valor añadido, especialmente el turismo y los servicios asociados. Son actividades que, por su propia naturaleza, no demandan grandes niveles de investigación tecnológica. Y cuando la economía no demanda ciencia, la ciencia queda inevitablemente aislada.
Es lo que explica que Canarias cuente con investigadoras e investigadores cualificados, infraestructuras científicas relevantes en áreas concretas y universidades consolidadas, pero que, aun así, no logre traducir ese conocimiento en desarrollo económico significativo. La ciencia existe y produce resultados, pero no transforma el sistema.
A esta desconexión se suman otros factores estructurales. La insularidad, por ejemplo, limita la creación de ecosistemas empresariales densos. La lejanía de los grandes centros industriales europeos dificulta la aparición de empresas tecnológicas de gran tamaño y reduce las oportunidades de colaboración y crecimiento.
Otro obstáculo importante es la falta de financiación especializada para proyectos innovadores. Muchas iniciativas con potencial terminan dependiendo de inversores externos o trasladando parte de su actividad fuera para poder crecer.
El talento, por su parte, representa otra pieza crítica. Canarias forma profesionales cualificados, pero no siempre es capaz de retenerlos. Muchos acaban marchándose en busca de mejores oportunidades o permanecen en el sistema público sin posibilidad de desarrollar carreras vinculadas a la innovación empresarial.
Esta tierra necesita construir un modelo propio basado en la especialización inteligente. El archipiélago posee una serie de ventajas únicas que, bien aprovechadas, pueden convertirse en pilares de un sistema científico-tecnológico sólido. La astrofísica es quizá el ejemplo más evidente: las condiciones naturales de las islas han permitido desarrollar infraestructuras de referencia mundial. Lo mismo ocurre con las ciencias marinas, la vulcanología o el estudio del cambio climático en entornos insulares.
Estos ámbitos no son solo campos de investigación académica sino que pueden convertirse en nichos económicos si se articulan correctamente con el sector productivo. El desafío no consiste únicamente en producir conocimiento científico, sino en lograr que parte de ese trabajo termine generando actividad económica, tecnología útil y oportunidades empresariales. Aquí es donde entran en juego las políticas públicas, pero con un enfoque distinto al tradicional, concentrando recursos en áreas concretas donde Canarias tenga ventajas comparativas reales.
Además, es fundamental activar la participación del sector privado. Canarias cuenta con un régimen fiscal singular (REF) que no se está utilizando suficientemente de manera estratégica, a tenor de los datos, para atraer empresas tecnológicas y fomentar la inversión en I+D. Estos incentivos deben estar vinculados a resultados reales, no convertirse en simples herramientas de optimización fiscal, una de sus grandes rémoras.
Otro elemento clave es la creación de centros tecnológicos orientados a la transferencia. No basta con investigar; hay que conectar esa investigación con las necesidades de las empresas. Esto implica cambiar incentivos, estructuras y, en muchos casos, mentalidades. La colaboración público-privada no puede ser un eslogan, debe convertirse en el núcleo del sistema.
También hay margen para aprovechar el auge de la economía digital. A diferencia de la industria tradicional, muchas actividades tecnológicas no dependen tanto de la proximidad geográfica. El desarrollo de software, la inteligencia artificial o los servicios digitales pueden operar desde Canarias hacia el mundo. En este terreno, factores como la calidad de vida, el clima o la fiscalidad juegan a favor del archipiélago. La posición geoestratégica del archipiélago abre otra vía interesante: actuar como plataforma entre Europa, África y el Atlántico. Esto no implica convertirse en un gran centro logístico tradicional, sino en un nodo de servicios, conocimiento y tecnología vinculado a ese espacio geográfico.
El futuro de la ciencia en Canarias dependerá de su capacidad para integrarse en la economía. No basta con tener buenos investigadores o infraestructuras destacadas. La ciencia solo despliega todo su potencial cuando se convierte en motor productivo, cuando genera actividad, empleo y valor.
El reto, por tanto, no es menor. Implica repensar y diversificar de manera real el modelo económico. Pero también abre una oportunidad: la de construir un sistema propio, adaptado a las características del archipiélago y centrado en aquello que realmente puede hacer bien.
Canarias no será un gigante tecnológico global. Pero tampoco necesita serlo. Su camino pasa por ser algo diferente: un territorio especializado, eficiente y conectado, donde la ciencia deje de ser un elemento periférico y pase a ocupar un lugar central en su desarrollo. Ese es el verdadero desafío. Y también, si se aborda con realismo, su mayor oportunidad.
Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.
El 30 de mayo no es solo una fecha de celebración. Es, sobre todo, una fecha de memoria y de compromiso. Hace 43 años, con la primera sesión del Parlamento de Canarias, esta tierra comenzó a ejercer de forma efectiva su autogobierno. Aquel día no se resolvieron todos los problemas del Archipiélago, pero sí se abrió un camino: el de una Canarias capaz de decidir más cerca de su gente, de ordenar sus prioridades y de defender sus singularidades
Desde entonces, Canarias ha cambiado profundamente. Hemos construido instituciones, reforzado servicios públicos, ampliado derechos, modernizado infraestructuras y situado al Archipiélago en el mapa económico, turístico y social de España y de Europa. Hoy somos una autonomía más preparada, más conectada y con mayor capacidad para afrontar los grandes retos de nuestro tiempo.
Pero el Día de Canarias no debe servir para instalarnos en la autocomplacencia. El mejor homenaje a quienes pusieron en marcha el autogobierno es mirar de frente la realidad. Y la realidad nos dice que, aunque Canarias crece, ese crecimiento no llega con la misma intensidad a todos los hogares. Generamos riqueza, pero no siempre la distribuimos bien. Tenemos cifras económicas positivas, pero convivimos con pobreza estructural, salarios insuficientes, dificultades para acceder a una vivienda y una burocracia que, demasiadas veces, aleja las soluciones de quienes más las necesitan.
Ese es el gran reto de esta etapa: no crecer más sin preguntarnos para qué, sino crecer mejor. Crecer para que un joven pueda emanciparse en su isla. Para que una familia trabajadora no destine la mayor parte de su salario al alquiler. Para que una persona mayor no espere meses por una prestación o una operación. Para que vivir en La Gomera, El Hierro, La Palma, Fuerteventura, Lanzarote, Gran Canaria, Tenerife o La Graciosa no determine las oportunidades de nadie.
El autogobierno ha sido útil cuando ha servido para mejorar la vida cotidiana. Y debe seguir siéndolo. Por eso, Canarias necesita estabilidad política, sentido común y capacidad de acuerdo. No necesitamos ruido estéril. Necesitamos decisiones, presupuestos que se ejecuten, viviendas que se construyan, listas de espera que se reduzcan, ayudas que lleguen a tiempo, centros educativos que abran futuro y una economía que genere el empleo y bienestar real, en ese camino estamos.
También necesitamos defender con firmeza nuestra condición singular. Canarias no es una comunidad autónoma más. Somos una región ultraperiférica, fragmentada, alejada del continente y con sobrecostes permanentes derivados de su insularidad. Y ante esta realidad debemos consolidar el REF como instrumento de justicia territorial, de mano de una nueva financiación autonómica, y medidas fiscales singulares para las Islas Verdes.
El futuro de Canarias exige diversificar la economía sin renunciar al turismo, pero haciendo que el turismo genere más valor social; proteger el sector primario; acelerar la transición energética con garantías; ordenar el crecimiento demográfico; atender el fenómeno migratorio con humanidad y corresponsabilidad; y asegurar que la cohesión territorial no sea una frase, sino una política medible.
Este 30 de mayo nos recuerda hacia dónde debemos ir: hacia una Canarias más justa, más equilibrada, más sostenible y más capaz de convertir su crecimiento en oportunidades reales. Cuarenta y tres años después, el autogobierno ha sido para bien, aunque nos quedan conquistas de gran actualidad por alcanzar.
Casimiro Curbelo. Presidente del Cabildo de la isla de La Gomera. Islas Canarias.
La visita del papa León XIV a Canarias tiene un valor religioso, social, político y económico relevante en el contexto actual, marcado por conflictos internacionales y tensiones geopolíticas. Y es también definitivamente simbólica. Su presencia en este archipiélago atlántico va a permitir proyectar a las islas como un espacio históricamente vinculado a la convivencia, a la paz y al encuentro entre continentes y culturas, lo que contrasta con el clima de confrontación global. Tiene un especial significado para la comunidad católica en Canarias, pero va más allá
Me gustaría destacar tres aspectos que me parecen de especial significado para nuestra tierra y que la visita papal proyecta al mundo: el ecumenismo y la multiculturalidad que nos representa, nuestra vocación de territorio de paz y la realidad de las personas migrantes que han llegado a Canarias -una ruta que le quitó el sueño a su predecesor, que llegó a recibir a migrantes que la habían cruzado- y las aviesas intenciones de Europa con respecto a la migración.
El ecumenismo y el pluralismo religioso son, sin el menor género de dudas, vías fundamentales para fomentar el diálogo entre culturas y avanzar hacia sociedades más justas e inclusivas. En territorios como Canarias, caracterizados por su posición estratégica entre continentes, la diversidad cultural y religiosa se convierten en una oportunidad para promover la convivencia, la cooperación y el entendimiento entre los pueblos. En este contexto, la presencia de un líder religioso de la dimensión de León XIV debe servirnos para proyectar y reforzar valores como la paz, la justicia social y la sostenibilidad. Lejos de ser un elemento de división, la dimensión religiosa puede actuar como un punto de encuentro capaz de unir a distintas comunidades en torno a objetivos comunes. Así, el diálogo interreligioso y cultural - el templo ecuménico de Maspalomas es un ejemplo pionero que singulariza la realidad multicultural de Gran Canaria-, no solo enriquece a la sociedad, sino que contribuye a construir espacios compartidos donde la fraternidad y el respeto se convierten en pilares fundamentales para el desarrollo de la humanidad.
Canarias ha protagonizado, también, diversos hitos históricos que reflejan una arraigada cultura de paz marcada por la negación de la guerra, la exigencia de una neutralidad real, la defensa del territorio y una clara voluntad popular de mantenerse al margen de confrontaciones bélicas. Uno de los momentos más significativos fue el referéndum de 1986 sobre la permanencia de España en la OTAN: mientras que en el conjunto del Estado ganó el “sí”, en Canarias se impuso el “no” de forma clara, evidenciando una posición diferenciada y un fuerte rechazo a la integración en estructuras militares internacionales. Este resultado reflejaba, además, el temor a que el archipiélago se convirtiera en un enclave estratégico en conflictos globales debido a su posición geopolítica.
Años antes, durante el final del franquismo y la transición, ya se había producido una importante movilización social contra la posible instalación de una base militar en Arinaga, en Gran Canaria. La población local, junto a distintos colectivos sociales, protagonizó protestas y acciones de presión que lograron frenar el proyecto. Esta oposición no solo respondía a la defensa del territorio, sino también a un rechazo más amplio a la militarización de las islas y a la imposición de un modelo ajeno a las necesidades de la población.
Asimismo, la sociedad canaria ha mostrado su compromiso con la paz a través de movilizaciones contra conflictos internacionales, como la Guerra del Golfo y la Guerra de Irak. Estas protestas han estado siempre acompañadas de críticas al uso estratégico del archipiélago por parte de potencias militares, reforzando la idea de que Canarias no debía ser una plataforma para la guerra, sino un espacio de convivencia y cooperación.
Este enfoque está en línea con numerosas declaraciones del papa Francisco en los últimos años y de León XIV en este año de papado. Han denunciado reiteradamente la guerra como una “derrota de la humanidad” y han advertido sobre el auge de actitudes autoritarias, criticando los nacionalismos excluyentes y la política del miedo. En el contexto de conflictos como el de Ucrania o Gaza, han insistido en la necesidad de negociación, diálogo y desarme, rechazando la lógica de bloques y la escalada militar.
Durante los últimos años hemos vivido choques importantes, sobre todo en temas como la inmigración, el cambio climático o el papel del capitalismo, donde los sumos pontífices defendían posturas más sociales y humanitarias frente a las posiciones de muchos líderes mundiales.
Sin embargo, ahora el conflicto ha dado un paso más con el actual obispo de Roma y ha pasado a ser un enfrentamiento abierto con el autoritarismo desbocado y su figura insigne, Donald Trump. El presidente estadounidense lanzó críticas muy duras contra el papa, acusándolo de ser “débil”, de “complacer a la izquierda radical” y de meterse en política en lugar de centrarse en su papel religioso. Estas declaraciones llegaron en un contexto especialmente sensible, marcado por desacuerdos sobre conflictos internacionales y el uso del discurso religioso en política.
La respuesta de León XIV fue inusualmente clara y firme: afirmó que “no tiene miedo de Trump” y que seguirá defendiendo sus posiciones, especialmente en contra de la guerra y a favor de la paz. Dejó meridianamente claro que no le tiene ningún miedo y que no piensa callarse ante lo que considera una distorsión del mensaje cristiano.
En su última visita a África, el papa afirmó con rotundidad que “el mundo está siendo devastado por una pandilla de tiranos… los señores de la guerra fingen no saber que basta un instante para destruir, mientras que a menudo no basta toda una vida para reconstruir. Se gastan miles de millones en matar y devastar, mientras que los recursos necesarios para curación, la educación y la reconstrucción no se encuentran en ninguna parte”.
En conjunto, lo que estamos viendo no es solo un cruce de declaraciones, sino un choque de visiones mucho más profundo: por un lado, una política basada en la fuerza, el totalitarismo, la antidemocracia, el desprecio a la multilateralidad, los Derechos Humanos y el Derecho Internacional y, por otro, una autoridad moral que insiste en la justicia social, la acogida, la diplomacia y el diálogo entre las naciones. Esa tensión, que ya existía en tiempos de Francisco, ahora se ha convertido en un enfrentamiento mucho más explícito con León XIV, marcando uno de los episodios de enfrentamiento más directos entre un papa y un líder estadounidense en la historia reciente.
Además, y por último, la presencia del papa en el Archipiélago va a visibilizar ante Europa y ante la comunidad internacional la realidad migratoria en Canarias, una de las principales puertas de entrada de la migración africana hacia la Unión Europea. Su estancia en Canarias va a poner el foco en la dimensión humanitaria del fenómeno y, por tanto, en la situación de miles de personas que llegan por la ruta atlántica y las dificultades de acogida en territorios insulares. Es nítida también su denuncia de la pobreza, el hambre,la desigualdad y la inacción - o la explotación- del mundo rico con los países pobres del mundo.
En materia migratoria, su posición ha sido especialmente clara y constante: ha pedido acoger, proteger, promover e integrar a las personas migrantes, denunciando la “globalización de la indiferencia” y cuestionando políticas que priorizan el control de fronteras sobre los derechos humanos. También ha criticado duramente la externalización de fronteras y los sistemas que convierten a ciertos territorios en espacios de contención, alertando de que eso deshumaniza a las personas y erosiona los valores democráticos.
En ese sentido, su presencia en las islas servirá para amplificar el debate sobre las políticas europeas que tienden a convertir territorios fronterizos en lugares de retención, y para dar mayor legitimidad a una crítica ética de esas prácticas que pretenden convertir a Canarias en un contenedor de personas que han atravesado el océano a la intemperie, aterrorizadas. Por eso, los sarpullidos que han provocado en Abascal y Vox las palabras del obispo José Mazuelos - que tiene todo mi apoyo y solidaridad- a favor de la regularización de las personas migrantes o los circunloquios del PP que dice apoyar al obispo pero, al mismo tiempo, que se deben reforzar las fronteras.
Es especialmente significativo el momento. La Unión Europea está desarrollando el Pacto de Migración y Asilo, una reforma amplia que busca endurecer el control de fronteras exteriores, agilizar los procedimientos de asilo y facilitar las devoluciones de personas migrantes sin derecho a protección. También plantea un sistema de “solidaridad flexible”, donde los países pueden elegir entre acoger migrantes o aportar recursos.
Aquí, en Canarias, lo vivimos con una enorme preocupación porque este modelo podría reducir la distribución efectiva de personas entre Estados y reforzar el papel de los territorios fronterizos. Esto implicaría, en la práctica, insistir en convertir a las islas en espacios de contención o retención, dada su posición geográfica como frontera sur de Europa.
En conjunto, más allá del componente religioso, que lo tiene para miles de canarios y canarias, una visita así supone un fuerte impacto como gesto de denuncia, visibilización y reafirmación de valores como la paz, la dignidad humana y la solidaridad en un momento especialmente delicado para este planeta y para la humanidad.
Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.
El mercado laboral no puede entenderse sólo como un espacio de productividad y cifras. El empleo es una herramienta de dignidad, autonomía personal y cohesión social. Por eso, cuando hablamos de políticas activas de empleo, hablamos de personas, familias y oportunidades reales para quienes encuentran dificultades para acceder a un puesto
En La Gomera conocemos bien esa realidad. Somos una isla con una estructura social, territorial y económica singular, donde cada medida pública debe responder a las circunstancias de nuestra gente. Una de ellas es la situación de muchas personas mayores de 60 años que, después de una vida de esfuerzo, se enfrentan a obstáculos para reincorporarse al mercado laboral.
A esa edad, perder un empleo o no poder acceder a uno nuevo no es solo un problema económico. También puede dificultar completar cotizaciones y alcanzar la jubilación con garantías, por lo que no podemos permitir que quienes han contribuido al desarrollo de esta isla queden al margen por edad.
Desde el Cabildo de La Gomera llevamos dos años impulsando medidas para abrir oportunidades, reforzar la protección social desde el empleo y demostrar que las administraciones públicas deben estar al lado de quienes más lo necesitan.
La segunda edición del programa de inserción laboral para mayores de 60 años refleja ese compromiso. Con una inversión de 3,4 millones de euros, ha permitido la contratación de 155 personas desempleadas en los seis municipios de la isla. Se trata de una línea de trabajo destinada a fortalecer el empleo, atender a colectivos con mayores dificultades y garantizar que el desarrollo llegue equilibradamente a todo el territorio.
Estos programas tienen un doble valor. Generan empleo directo para personas que necesitan una oportunidad laboral y, al mismo tiempo, mejoran servicios públicos: mantenimiento de infraestructuras, limpieza y acondicionamiento de zonas verdes, caminos y vías.
Es más que evidente que para que esto funcione la cooperación con los ayuntamientos es fundamental. La Gomera se construye desde sus pueblos y distribuir las contrataciones entre los municipios garantiza equilibrio territorial y eficacia en la respuesta a necesidades cotidianas de la ciudadanía.
También debemos reivindicar el valor de la experiencia. Las personas mayores de 60 años no son un problema para el mercado laboral; son parte imprescindible de él. Aportan conocimiento, responsabilidad, oficio y compromiso. Frente a la barrera injusta de la edad, defendemos una idea clara: la experiencia también es talento y debe tener espacio en las políticas de empleo.
Una sociedad justa debe acompañar tanto a los jóvenes que inician su trayectoria profesional como a quienes están en la etapa final de su vida laboral. El empleo debe ser un derecho efectivo y una oportunidad accesible, con planificación, inversión y sensibilidad social.
Porque detrás de cada contrato hay una familia que gana estabilidad y una isla que se beneficia del trabajo realizado, porque una isla que quiere avanzar no puede dejar atrás a quienes todavía tienen mucho que aportar.
Casimiro Curbelo. Presidente del Cabildo de la isla de La Gomera. Islas Canarias.
El pasado 5 de mayo las “Económicas” de Gran Canaria y Tenerife, en colaboración con una representación cualificada de la sociedad civil de Canarias presentaron, al unísono, un manifiesto de apoyo a la universidad pública canaria y solicitaron a la ciudadanía su firma en señal de respaldo
Desde el Cabildo de Gran Canaria quiero expresar mi aliento firme a cada una de sus reivindicaciones. La actualidad trepidante de las islas, marcada por la saturación turística y las urgencias migratorias, no puede seguir dejando en un segundo plano el debate sobre las decisiones de singular calado que el gobierno autonómico está adoptando contra nuestro sistema universitario público. Ante esta situación no podemos permanecer impasibles. La aportación de la ULPGC y la ULL es fundamental para nuestro desarrollo integral en las próximas décadas. Debilitarlas o desmantelarlas es poner en riesgo un modelo de progreso equilibrado, innovador y socialmente justo.
Hablar en Gran Canaria de la universidad es revivir una catarsis que movilizó a toda la sociedad isleña y que culminó con una conquista histórica. La Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, como ha recordado en muchas ocasiones el ex rector Rubio Royo, nació del pueblo y existe para servirle. Pocas universidades tienen el respaldo, la complicidad y la estima social que arropa a la ULPGC. Por eso, todo lo que le afecta tiene una trascendencia pública enorme. Han pasado 36 años desde su creación, y hoy como ayer reafirmo mi convicción de que es una herramienta imprescindible para generar conocimiento cualificado, favorecer la igualdad de oportunidades y democratizar la educación y la cultura.
Lo reitero con rotundidad: la universidad pública canaria es clave para nuestro progreso social, económico, cultural y tecnológico. El manifiesto, y la amplia presencia de la ciudadanía en su presentación, nos recuerda que la sociedad que conquistó la ULPGC no está dispuesta a permitir su deterioro. Desde el Cabildo nos mantendremos firmes en la colaboración y en la denuncia de cualquier actuación que debilite o cuestione su papel trascendental.
Hay cuatro cuestiones que me preocupan profundamente y que el manifiesto ha puesto negro sobre blanco. Constituyen una estrategia deliberada en contra de nuestras universidades públicas: su financiación permanentemente deficitaria, la Ley de Consejos Sociales recientemente aprobada, el nuevo proyecto de Ley de la Ciencia y la potenciación de las universidades privadas. No es casualidad que se hayan precipitado y coincidido en el tiempo. Demuestran un diseño claro para debilitarlas.
La asfixia económica. La ULPGC nunca ha estado correctamente financiada, pero en los dos últimos años la situación ha empeorado hasta extremos insostenibles. En 2025, el proyecto de presupuesto no alcanzaba para garantizar las retribuciones del personal ni los costes de la Seguridad Social. Las partidas de infraestructuras no permiten ni el mantenimiento básico. Llevamos años sin un contrato programa que establezca un marco de financiación estable. Según el último informe del Ministerio de Universidades, Canarias destina menos del 0,7% de su PIB a educación superior, frente al 1% estatal y el 1,3% europeo. Somos la comunidad que menos invierte por estudiante y en investigación. Las plantillas envejecen y se precarizan. No podemos seguir a la cola. Es absolutamente de justicia reclamar ese 1% del PIB a la financiación de las universidades públicas canarias.
El control político. La nueva Ley de Consejos Sociales se aprobó contra el parecer de los órganos de gobierno de ambas universidades. Los rectores, que han acudido al Tribunal Constitucional para recurrir la ley, denuncian falta de diálogo, imposición e invasión de la autonomía constitucionalmente garantizada. Lo que han manifestado públicamente es muy grave: ”esta actitud de ignorar a nuestras universidades públicas, por desgracia, no es nueva en Canarias, llueve sobre mojado". Con el paraguas de la participación social, lo que se esconde es el interés por controlar la universidad pública, limitar el disenso y promover visiones partidistas de la historia, la economía o la cultura.
La exclusión científica. El proyecto de Ley de la Ciencia alcanza niveles irracionales. Se ha empezado a tramitar sin consultar a las dos universidades, que concentran más del 95% de la investigación del archipiélago. Se proponen órganos asesores donde las universidades públicas quedan en minoría. Este maltrato frustra una progresión investigadora en la que estábamos esperanzados.
La apuesta por lo privado. En los últimos años, el 80% de los nuevos títulos oficiales en Canarias se han aprobado para universidades privadas y solo un 20% para las públicas. En el último curso, a las privadas se les aprobaron 15 grados y a las públicas ninguno. No se trata de prohibir la competencia, sino de exigir que no sea tramposa. La universidad privada supone una selección social: no toda la población puede pagar matrículas elevadas. El manifiesto que está siendo firmado por una amplia mayoría denuncia con claridad esta deriva.
Esta ofensiva no es un fenómeno aislado canario. Responde a una estrategia global de las derechas para controlar, limitar y debilitar las universidades públicas. Desde Trump presionando a Harvard o Columbia por sus posturas sobre el genocidio en Gaza o el cambio climático, hasta Macron creando un observatorio contra "derivas ideológicas" en Francia; desde Ayuso estrangulando financieramente a la Complutense —con un plan de recortes de 33 millones de euros que elimina optativas y no repone jubilaciones— hasta la criminalización de la protesta estudiantil. En todas partes se repite el mismo guion: se desgasta la autonomía con recortes, se potencia a las privadas, se controlan los consejos sociales. Lo que ocurre en Canarias es un espejo de esa corriente mundial.
Por eso hoy cobra tanta importancia el manifiesto de las sociedades económicas de Tenerife y Gran Canaria. Es la voz de una sociedad civil que no ha olvidado cómo se conquistó la ULPGC. Sin embargo, debo decir con sinceridad que la respuesta de la comunidad universitaria en los últimos meses no había estado a la altura de la gravedad del momento. El malestar de los equipos rectorales no llegaba con suficiente claridad a la calle. Tampoco había percibido una movilización del profesorado, los sindicatos o el estudiantado acorde con la situación. El manifiesto corrige ese rumbo. Es el primer paso de una respuesta plural y proporcional que necesitamos urgentemente.
Reclamo con la mayor energía un nuevo pacto por la educación superior en Canarias. Necesitamos cinco líneas fundamentales. Primera: mejorar e incrementar la financiación pública con un marco plurianual estable. Segunda: estabilizar, motivar y garantizar el relevo generacional del profesorado y del personal de administración y servicios. Tercera: mejorar la empleabilidad del estudiantado y fomentar la colaboración empresarial. Cuarta: visibilizar la relevancia social del conocimiento que se genera en nuestras aulas. Quinta: incentivar el acceso de toda la población juvenil, especialmente de aquella con menos recursos.
Desde el Cabildo de Gran Canaria sabemos de la trascendencia de un sistema universitario público de calidad y accesible para todas y todos. Hoy, con el respaldo del manifiesto ciudadano, reafirmo mi compromiso. Si hace 40 años nos movilizamos y conseguimos la creación de la ULPGC, hoy, cuando vive momentos de riesgo para su autonomía y progresión de futuro, debemos volver a manifestarnos de todas las maneras posibles. La universidad que nació de una marea social debe seguir contando con ese respaldo colectivo. No permitamos que languidezca el gran sueño nacido en el siglo XX. Lo necesitamos para ganar el siglo XXI.
Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.
La agricultura gomera ha sido, y sigue siendo, una pieza esencial de nuestra economía. En municipios como Hermigua, donde la platanera forma parte del paisaje y del sustento de muchas familias, hablar del futuro del sector primario es hablar necesariamente del agua y de la responsabilidad de gestionarla mejor
El proyecto piloto de riego eficiente que se desarrollará en fincas de plataneras del Valle de Hermigua supone un paso decisivo en esa dirección. Permitirá comprobar, en condiciones reales, la eficacia del riego localizado por goteo, la sensorización del suelo y la automatización. No se trata sólo de incorporar tecnología, sino de ponerla al servicio de los agricultores para ahorrar agua, mejorar el rendimiento de las explotaciones, reducir costes y optimizar el uso de fertilizantes.
Hermigua parte de una realidad conocida: la ausencia de explotaciones equipadas con riego por goteo y la persistencia de métodos tradicionales que generan mayor consumo de agua, pérdidas por escorrentía y evaporación, distribuciones desiguales del recurso y más necesidad de mano de obra. Por eso, este proyecto tiene un valor que va más allá de las fincas en las que comienza. Permitirá obtener datos, medir resultados y valorar si este modelo puede trasladarse a otras zonas agrícolas de La Gomera.
Esta actuación forma parte de una planificación insular más amplia, que combina ahorro, modernización, almacenamiento, reutilización, mejora de redes y nuevas fuentes de producción de agua. En los últimos años, La Gomera ha impulsado inversiones en presas, redes de riego, conducciones, depósitos, embalses, cauces y nacientes, con un objetivo claro: reducir pérdidas y asegurar que cada metro cúbico llegue donde tiene que llegar.
La gestión eficiente del agua es uno de los grandes desafíos del sector agrario, especialmente en un territorio insular como el nuestro, donde los recursos proceden principalmente de presas, nacientes y sondeos. Los efectos del cambio climático y los episodios de sequía de los últimos años nos han demostrado que no basta con reaccionar cuando el problema ya está encima. Hay que planificar antes, invertir antes y tomar decisiones antes.
En esa estrategia preventiva se enmarca también la dotación de desaladoras. La desalación no sustituye a la buena gestión del agua tradicional, sino que la complementa y la refuerza. Las plantas de San Sebastián de La Gomera y Playa de Santiago representan una garantía adicional para atender necesidades domésticas, agrícolas e industriales, especialmente en escenarios de escasez.
La clave está en anticiparnos. Cada presa mejorada, cada depósito impermeabilizado, cada conducción reparada, cada fuga detectada, cada sistema de riego modernizado y cada nueva infraestructura hidráulica forman parte de un mismo objetivo: garantizar agua suficiente para la población y para el campo gomero.
También es fundamental la colaboración institucional y la implicación directa del sector. Este proyecto es posible porque administraciones, cooperativa, comunidad de regantes y agricultores caminan en la misma dirección. Además, el compromiso del Gobierno de Canarias de dar continuidad a la iniciativa permitirá estudiar la incorporación de nuevas fincas y ampliar sus beneficios.
Desde el Cabildo de La Gomera defendemos que invertir en el sector primario y, por supuesto, en infraestructuras agrarias e hidráulicas es invertir en empleo, en fijación de población, y en la conservación de nuestro paisaje. Hermigua puede ser el punto de partida de un modelo de gestión del agua agrícola más eficiente, sostenible y preparado para los retos de las próximas décadas. Porque el agua no es sólo un recurso. Es una garantía de futuro para nuestras familias, nuestros agricultores, nuestros pueblos y La Gomera.
Casimiro Curbelo. Presidente del Cabildo de la isla de La Gomera. Islas Canarias.
En un contexto económico cada vez más exigente y cambiante, el papel de las administraciones públicas trasciende la mera gestión de recursos para convertirse en un verdadero motor de cohesión social y generación de oportunidades. Una de las responsabilidades más relevantes que asumimos desde lo público es, sin duda, la de facilitar el acceso al empleo, especialmente en aquellos segmentos de población donde más dificultades existen: los jóvenes que se incorporan por primera vez al mercado laboral y las personas que se encuentran en la antesala de la jubilación
En La Gomera hemos asumido este compromiso como una prioridad estratégica. Actuar donde más se necesita no es solo un principio político, sino una línea de trabajo consolidada que orienta nuestras decisiones y la planificación de nuestras inversiones. Porque entendemos que el empleo no es únicamente un indicador económico, sino un factor clave para la estabilidad social, la dignidad personal y el arraigo en el territorio.
En el caso de los jóvenes, el acceso al primer empleo supone, en muchas ocasiones, una barrera difícil de superar. La falta de experiencia se convierte en un obstáculo que limita sus oportunidades, incluso tras haber completado su formación. Por ello, desde el Cabildo de La Gomera hemos destinado, en los dos últimos años, más de 2,2 millones de euros para facilitar la incorporación laboral de jóvenes recién titulados. Gracias a este esfuerzo, 60 gomeros y gomeras han tenido la oportunidad de iniciar su trayectoria profesional en condiciones dignas.
Los resultados son evidentes. Hoy, la tasa de desempleo juvenil en La Gomera se sitúa por debajo del 4%, una cifra significativamente inferior a la media de Canarias. Este dato no es fruto de la casualidad, sino de una política activa y sostenida en el tiempo, que demuestra que cuando las administraciones se implican, los resultados llegan.
Pero no podemos olvidar a otro colectivo igualmente vulnerable: las personas mayores de 60 años. En muchas ocasiones, quienes se encuentran en esta etapa de la vida ven cómo se reducen sus oportunidades laborales, pese a contar con una amplia experiencia y un conocimiento valioso. Desde el Cabildo hemos querido dar respuesta a esta realidad, destinando más de 5 millones de euros a programas de inserción laboral dirigidos a este colectivo, con un impacto que, al cierre de este año, supera las 300 personas beneficiarias.
Estas políticas no solo contribuyen a mejorar la calidad de vida de quienes participan en los programas, sino que también refuerzan el tejido social y económico de la isla. Porque cada empleo generado es una familia que gana estabilidad, un proyecto de vida que se consolida y una comunidad que avanza.
Ahora bien, la empleabilidad no puede depender exclusivamente de programas directos. Es imprescindible avanzar hacia un modelo en el que los incentivos desde lo público actúen como catalizadores de la iniciativa privada. En este sentido, desde el Cabildo hemos impulsado medidas de apoyo a pymes y autónomos, facilitando la contratación y promoviendo la creación de empleo en el ámbito local.
Se trata, en definitiva, de construir un ecosistema en el que lo público y lo privado trabajen de la mano, generando sinergias que multipliquen las oportunidades. Solo así podremos garantizar un desarrollo equilibrado, inclusivo y sostenible.
El reto es claro: seguir avanzando en políticas que sitúen a las personas en el centro, que reduzcan las desigualdades y que ofrezcan oportunidades reales a quienes más lo necesitan. En La Gomera hemos demostrado que es posible. Y vamos a seguir trabajando en esa dirección.
Casimiro Curbelo. Presidente del Cabildo de la isla de La Gomera. Islas Canarias.
Hablar de progreso en La Gomera es hablar de personas
De familias que necesitan apoyo, de jóvenes que buscan oportunidades, de mayores que merecen cuidados dignos y de una sociedad que aspira a avanzar con cohesión. Ese ha sido, y sigue siendo, el principio que guía la acción del Cabildo de La Gomera: construir una isla en la que nadie se quede atrás
Durante el último año hemos consolidado un modelo de gestión que sitúa a las personas en el centro de todas las decisiones. No es una declaración de intenciones, sino una realidad medible. Más del 75% del gasto público se ha destinado a políticas sociales, educativas y de apoyo directo a la ciudadanía. Esto significa que cada decisión presupuestaria tiene un impacto directo en la vida de las gomeras y de los gomeros.
Ese compromiso se traduce en hechos concretos. El fortalecimiento del escudo social insular ha permitido atender a más de 3.000 familias, ampliar la red sociosanitaria y mejorar la atención a los colectivos más vulnerables. Detrás de estos datos hay realidades cotidianas con personas mayores que reciben cuidados, familias que encuentran respaldo en momentos difíciles y ciudadanos que ven garantizados sus derechos.
Pero no se trata solo de proteger, sino también de generar oportunidades. La educación y la juventud son ejes estratégicos de nuestro proyecto de isla. Más de 2.200 estudiantes han recibido apoyo a través de becas, ayudas y programas de movilidad, mientras que las políticas activas de empleo han contribuido a reducir el desempleo juvenil en torno a un 30% , porque apostar por nuestros jóvenes es apostar por el futuro de La Gomera.
Al mismo tiempo, hemos reforzado el apoyo al tejido productivo, consciente de que una economía sólida es clave para garantizar el bienestar social. Más de 480 pymes y autónomos han sido beneficiarios de ayudas e iniciativas de dinamización económica, impulsando el empleo y la actividad en todos los municipios.
Este avance económico se ha desarrollado en paralelo a un firme compromiso con la sostenibilidad. La transición energética, el impulso al autoconsumo y la puesta en marcha de la primera comunidad energética insular son ejemplos de una apuesta clara por un modelo de desarrollo más responsable con nuestro entorno.
Los presupuestos para 2026 consolidan esta hoja de ruta. Con una inversión superior a los 180 millones de euros, el Cabildo mantiene su compromiso destinando 7,8 de cada 10 euros a políticas sociales, educativas y de apoyo directo. Todo esto refuerza un modelo de gestión redistributivo que busca garantizar la igualdad de oportunidades y el equilibrio territorial en toda la isla.
Porque el bienestar social no es un gasto, es la base del progreso. Y gobernar no es simplemente administrar recursos, sino también mejorar la vida de las personas. Ese es el sentido de cada decisión que tomamos.
Nuestro reto es seguir avanzando. Ampliar la red sociosanitaria, facilitar el acceso a la vivienda, consolidar el empleo juvenil y continuar impulsando un desarrollo económico equilibrado y sostenible . En definitiva, seguir construyendo una isla con más igualdad, más oportunidades y más futuro.
Casimiro Curbelo. Presidente del Cabildo de la isla de La Gomera. Islas Canarias.
Esta semana, de la mano del Consejo Insular de la Energía, del área de Medio Ambiente, Energía, Clima y Conocimiento del Cabildo de Gran Canaria, de Infecar, de la SPEGC y de Island Innovation, celebramos en Gran Canaria la Cumbre Global de las Islas Sostenibles con el objetivo de abordar en profundidad algunos de los grandes retos estructurales que comparten las islas del mundo
A lo largo de la historia, las islas han sido mucho más que territorios en medio del mar.. Han sido refugio, frontera y promesa. Han sido, en la literatura, el espacio donde imaginar otros mundos posibles. Desde la Utopía de Tomás Moro hasta La isla del tesoro, han representado ese lugar donde lo conocido termina y comienza lo posible. Hoy, esa intuición literaria se ha convertido en una realidad política: las islas ya no son solo espacios donde imaginar el futuro, sino lugares donde ese futuro se está construyendo.
El poeta canario Arturo Maccanti escribió que “el horizonte es nuestra medida”, y quienes vivimos en islas sabemos bien lo que eso significa. Vivimos en un espacio condicionado por límites físicos, por la distancia y por la dependencia, pero también por una relación constante con el horizonte. Como señaló el Nobel caribeño Derek Walcott, “el mar es historia”, y en nuestras islas el mar es historia, pero también presente y, sobre todo, futuro.
Durante demasiado tiempo, las islas han sido percibidas como regiones periféricas, aisladass o vulnerables. Sin embargo, hoy sabemos que esa mirada es incompleta. Las islas no estamos en el margen del cambio, estamos en su primera línea. Representamos entre el uno y el dos por ciento de la población mundial, pero concentramos algunos de los mayores desafíos del planeta en términos de vulnerabilidad climática, dependencia energética y limitación de recursos.
Y precisamente por eso, este encuentro adquiere todo su sentido. Durante estos días se han abordado cuestiones decisivas para el presente y el futuro de las islas en el planeta: la transición energética, la adaptación al cambio climático, la gestión del agua, la economía azul, la biodiversidad, la financiación de la sostenibilidad y la innovación en la gobernanza.
No ha sido un congreso convencional, sino un verdadero espacio de trabajo global donde las islas del mundo se reconocen entre sí, comparten experiencias y construyen soluciones comunes. Lo demuestra la diversidad de quienes han participado, representando a más de cincuenta países y territorios insulares de todos los continentes: desde Tuvalu, en el Pacífico, hasta Jeju, en Corea; desde el Caribe hasta la Macaronesia; desde África hasta Europa, pasando por América y Asia. Esta diversidad es la mejor prueba de que las islas, en cualquier parte del mundo, comparten desafíos… y también la voluntad de construir soluciones conjuntas.
Este encuentro tiene además una trayectoria que merece ser destacada. La Cumbre Global celebra en Gran Canaria su cuarta edición. La primera tuvo lugar en Madeira, la segunda en Prince Edward Island (Canadá) y la tercera en Saint Kitts and Nevis (en el norte antillano). Tres territorios distintos, tres contextos diferentes, pero con una misma vocación: construir un espacio global para el diálogo entre islas.
A lo largo de estas ediciones se han abordado algunos de los grandes retos estructurales de los territorios insulares: la transición energética en sistemas aislados, el desarrollo de energías renovables y almacenamiento, la descarbonización de las economías y la seguridad energética. También han ocupado un lugar central la adaptación al cambio climático, la gestión del agua, la resiliencia frente a fenómenos extremos y la protección de los ecosistemas, especialmente en entornos costeros y marinos.
La economía azul, el turismo sostenible, la economía circular y la diversificación económica han sido igualmente ejes fundamentales, junto con la financiación de la transición, la gobernanza multinivel y la innovación tecnológica. En definitiva, la Cumbre ha ido construyendo una visión compartida: la de unas islas que no solo afrontan desafíos, sino que lideran respuestas.
Porque, aunque estemos en distintos océanos, compartimos una misma realidad. Compartimos la dependencia energética —que en muchos casos supera el 80% de combustibles fósiles importados—, la vulnerabilidad frente al cambio climático, con buena parte de nuestras poblaciones e infraestructuras en zonas costeras, y la presión sobre el territorio y los recursos hídricos. Pero también compartimos algo esencial: la capacidad de adaptarnos, de innovar y de anticiparnos.
Hay, además, una paradoja que merece ser destacada. A pesar de su tamaño, los territorios insulares han desempeñado un papel decisivo en la agenda climática global, situando el cambio climático en el centro del debate internacional y elevando la ambición de los acuerdos. Cuando una isla habla de cambio climático, no habla desde la teoría, habla desde la experiencia. Pero hay una idea aún más importante: las islas no son solo zonas vulnerables, son auténticos laboratorios vivos del planeta. En ellas, los efectos del cambio climático o de la presión sobre los recursos se manifiestan antes, de forma más intensa y más visible. Lo que en otros lugares ocurre de manera gradual, en las islas ocurre de forma acelerada. Por eso, lo que sucede hoy en las islas no es una excepción, es una anticipación de lo que sucederá en el resto del mundo.
Esta condición nos sitúa en una posición única: no solo estamos afrontando los impactos, estamos desarrollando soluciones. Y ese es precisamente el valor de este foro: conectar esas soluciones, compartirlas y proyectarlas a escala global. Esa ha sido la experiencia de Gran Canaria. Hace una década tomamos una decisión política clara: entender la transición energética no solo como un reto técnico, sino como una cuestión de soberanía energética, alimentaria y de seguridad hídrica. Esa visión se concretó en un modelo que hoy guía nuestra acción pública: Gran Canaria Ecoísla.
Diez años después, ese modelo está dando resultados. Hemos multiplicado por más de tres nuestra potencia instalada en energías renovables y hoy concentramos una parte muy significativa de la generación renovable del archipiélago. Hemos avanzado hacia un modelo más eficiente, desacoplando el crecimiento económico del aumento del consumo energético, uno de los cambios estructurales más relevantes para un territorio insular. Hemos impulsado comunidades energéticas que sitúan a la ciudadanía en el centro del sistema y desarrollamos infraestructuras estratégicas de almacenamiento como el Salto de Chira, clave para integrar renovables. También hemos desplegado una red de recarga para movilidad eléctrica y apostamos por nuevos vectores energéticos como la geotermia o el hidrógeno verde.
Pero esta transformación no se limita al ámbito energético. Estamos redefiniendo nuestro modelo económico desde una perspectiva insular. Hemos desarrollado una estrategia de economía circular orientada a reducir la dependencia exterior, optimizar recursos y generar nuevas oportunidades, y a esto le hemos añadido programas formativos en colaboración con la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.
Esta visión conecta directamente con el turismo sostenible. El reto no es reducir el turismo, sino transformarlo en un modelo más resiliente, eficiente e integrado en el territorio, capaz de generar valor sin comprometer los recursos. El futuro pasa por modelos regenerativos adaptados a los límites físicos. En esta línea, desarrollamos proyectos como MasDunas o ImpulsaMaspalomas.
Junto a ello, estamos impulsando de forma decidida la economía azul como uno de los grandes vectores de futuro. El mar no es solo un límite, es una oportunidad. En Gran Canaria desarrollamos proyectos vinculados al hidrógeno verde en entornos portuarios, a la descarbonización del transporte marítimo y a nuevas cadenas de valor asociadas al océano. En este camino, iniciativas como BIOASIS Gran Canaria representan un paso más: convertir la isla en un espacio de experimentación donde integrar economía circular, bioeconomía, innovación y sostenibilidad.
Pero también sabemos que no basta con mitigar. El cambio climático ya está aquí. Por eso hemos situado la adaptación en el centro de nuestras políticas públicas. Un ejemplo es el sistema ALERTAGRAN-5, una herramienta inteligente de alerta temprana ante inundaciones, con una inversión superior a 1,2 millones de euros, que mejora nuestra capacidad de anticipación y respuesta y que se suma a lo sistemas ya existentes.
Este tipo de actuaciones refleja un cambio de enfoque. Estamos pasando de una lógica reactiva a una lógica de anticipación, utilizando datos, tecnología e inteligencia pública para proteger mejor a la ciudadanía y al medio natural.
El foro ha servido para mucho más que debatir. Ha sido un instrumento clave para consolidar alianzas entre territorios que comparten desafíos, ambición y compromiso. Y por eso, lo que hagamos aquí importa. Importa mucho.
Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.

La popular y veterana emisora de radio "Radio faro del Noroeste" sigue su proyección hacia una mayor ampliación de su cobertura.