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Crónica: 'Jaén, singular joya andaluza', por Amado Moreno

Amado Moreno Junio 02, 2026

WhatsApp Image 2025 09 07 at 11.48.03Por los caminos de Antonio Machado y Jorge Manrique

“Campo de Baeza, soñaré contigo cuando no te vea”, escribió el poeta sevillano tras dejar la ciudad, Patrimonio de la Humanidad desde 2003

La inspiración manriqueña quedaría marcada por la infancia del autor en su casa materna de Segura de la Sierra jienense

Amado Moreno

Un año más, la capital del aceite oliva virgen es Jaén gracias a sus 60 millones de olivos sobre una superficie de 588.000 hectáreas. Aunque cada vez es más complicado que repita récords de años anteriores, en los que superó con más de quinientas mil toneladas de producción a Italia, segundo país en el ranking mundial. No sorprende entonces que diversas fuentes valoren en cierta medida a Jaén como un epicentro del mercado oleícola global.

Sin embargo, la pujanza de este registro agrario no garantiza el futuro. El escritor Juan Eslava Galán, natural de Arjona y Premio Planeta 1987, alertaba recientemente en las páginas del diario “Jaén” sobre el riesgo del monocultivo olivarero: “El porvenir está muy negro. No tenemos quién coja la aceituna. Traemos gente de fuera. Mi primo los trae de Mauritania”. El autor califica como “una desgracia” que en Marruecos planten aproximadamente un millón de olivos al año, lo mismo que en Chile, Argentina y China.

IMG 20260423 WA0032“Cada vez se va a tomar más aceite de oliva, de calidad en cualquier sitio, porque todo el mundo compra sistemas alemanes que son perfectos para sacar un producto decente.

Pronto tendremos una competencia que nos arruinará el negocio”, vaticina con pesimismo el mismo ensayista andaluz.

Frente al olivar, el turismo empieza a despuntar, aunque sin alcanzar aún las macrocifras de otros destinos consolidados en Andalucía.

El ciclo de borrascas en el primer trimestre de este año no impidió que el número de turistas subiera a 119.000, cuatro mil más que en el mismo periodo de 2025.

El total de plazas hoteleras se aproxima a las ocho mil, a las que habría que añadir unas doce mil camas de apartamentos y alojamientos rurales.

Jaén ostenta otros liderazgos, al margen del anotado con la aceituna y producción de aceite de oliva virgen extra.

Posee la mayor concentración de fortificaciones en España, más de doscientas, incluyendo 97 castillos, gran parte de ellos en estado aceptable. Sabiote, pintoresco pueblecito de unos cuatro mil habitantes, con su monumental casco antiguo, la fortaleza del siglo XIII y una alargada muralla de la época, es solo uno de los tantos ejemplos digno de admiración.

En cuanto a parques naturales, la provincia andaluza luce otro dato relevante. Sobresale como la mayor área protegida de España, y la segunda de Europa, al sumar las 214 mil hectáreas de las sierras de Cazorla, Segura y las Villas, entre otras.

MACHADO Y MANRIQUE, ALICIENTES

La oferta de otros alicientes como el puramente cultural, además de su variada riqueza gastronómica con productos frescos de la tierra, equivale a motivo suficiente para asumir que Jaén en su conjunto merece programarla como una estación de destino para viajar, y no de escala fugaz como ocurre a menudo.

Territorio de cobijo en periodos distintos para la infancia de Jorge Manrique en el siglo XV, y para la docencia de Antonio Machado en el XX, el recuerdo de ambos anima actualmente a transitar por los mismos caminos que ellos anduvieron, sin olvidar que, pese a estilos y modos de vida muy alejados, ambos personajes tienen en común haber alumbrado obras inmortales como figuras de la poesía.

WhatsApp Image 2026 06 02 at 18.38.44Todo lo aludido y apreciado debería servir para poner en valor el esfuerzo, el patrimonio, la cultura y la historia de una ciudad y una provincia, Jaén. Con su propio brillo, es una joya singular de Andalucía, infravalorada cuando no olvidada a veces, en contraste con la cotización mediática y política más alta y permanente de sus vecinas Granada y Córdoba.

Sosiega pasear hoy sin prisas por las recoletas y silenciosas calles de la antigua Baeza (Patrimonio de la Humanidad desde 2003, igualmente que su cercana Úbeda). Sobresale por sus bellos edificios en su mayoría renacentistas, y su estilosa catedral. Un conjunto cargado de una riqueza historial que nuestro anfitrión para la ocasión, Eutimio Tercero Mora (natural de Baeza), nos desvela con el rigor y la maestría inherentes al ingeniero industrial que cursó gran parte de la carrera universitaria en los primeros años de la Escuela de Ingeniería de Las Palmas.

De su mano recorrimos determinadas sendas con afán de reproducir la rutina que protagonizó Antonio Machado de octubre de 1912 a noviembre de 1919 en la ciudad. Emulamos con imaginación y sentimiento las andanzas a pie de su casa al instituto de la Santísima Trinidad, donde ejercía como profesor del idioma francés. El antiguo centro exhibe con fidelidad el aula del inolvidable profesor sevillano, presidida por un crucifijo, junto a la clásica pizarra de la época y unos pupitres de madera para los alumnos, con los huecos para descansar el tintero, lápices o plumas.

No lejos del lugar, en la calle San Pablo, llama la atención una escultura sedente del ilustre personaje con un libro entre sus manos, obra de Antonio Pérez Almahan en 2009. Tampoco se halla distante el Palacio de Jabalquinto, con la sede Antonio Machado en la Universidad Internacional de Andalucía, ubicado en la céntrica plaza Santa Cruz, auténtico foco cultural divulgativo con abundantes presencias juveniles.

Evocar los caminos del poeta en Baeza sugiere caminar también hasta lo alto del mirador que lleva su nombre, para recrearnos en el paisaje panorámico del inmenso océano de olivos, atravesado por el manso discurrir del Guadalquivir.

“De la ciudad moruna/ tras las murallas viejas/ yo contemplo la tarde silenciosa/ a solas con mi sombra y con mi pena./ El río va corriendo, entre sombrías huertas/ y grises olivares/ por los alegres campos de Baeza”, concibió el poeta en el lugar, durante una de aquellas tardes a la caída del sol, después de impartir clases a voluntarios campesinos, cuando el maestro aún no habría superado la profunda tristeza por la pérdida de su joven esposa, Leonor, en Soria.

Machado aterrizó en Baeza, entonces con 15.000 habitantes –con censo similar hoy-, para convertirla en “el espacio más profundo y machadiano de su literatura”, según Carlos Aganzo, padre de un espléndido texto sobre las ciudades del autor sevillano, editado por Tintablanca, con ilustraciones de Daniel Parra. En la obra se cuenta, entre otros detalles, cómo peregrinó en 1916 desde Granada a Baeza un Federico García Lorca con 18 años, ansioso por saludar y conocer al lírico sevillano.

En octubre de 1919, Machado abandona la ciudad jienense y regresa a Madrid, para seguir luego al instituto de Segovia. Con lágrimas se despide entonando con pena “Campos de Baeza/ soñaré contigo/ cuando no te vea”.

A un centenar de kilómetros de esta ciudad inequívocamente machadiana se encuentra Segura de la Sierra, cuna y abrigo en la infancia de otro notable poeta muy anterior, Jorge Manrique (1440-1479). Emplazado a unos 1.200 metros de altitud en el Parque Natural de Cazorla, Segura y las Villas, y con el reconocimiento de Conjunto Histórico-Artístico, destaca la sede consistorial de estilo renacentista y el imponente castillo medieval del siglo XIII edificado sobre las ruinas de una anterior fortificación durante el dominio árabe.

Con el escudo heráldico de los Figueroa en su portada, se levanta la mansión en la que nacería y transcurrió la infancia del poeta, según reza una lápida visible del inmueble, hoy acogedor alojamiento rural con una decena de habitaciones. Hay consenso en los eruditos a la hora de admitir la residencia de Jorge Manrique en este punto geográfico, pero no en su venida al mundo, ya que Palencia reivindica ese honor para Paredes de Nava.

En cualquier caso, y como expone Antonio Lázaro en “La gran ruta interautonómica de Jorge Manrique”, editada por la Diputación de Palencia, lo fundamental es que el arte lírico del personaje muestra la síntesis genética y cultural entre dos herencias poderosas, la palentina de los Manrique, por su progenitor, y la norandaluza de los Figueroa, por su madre.

Reafirmando la niñez de Manrique en Segura de la Sierra, Lázaro agrega que “las leyendas, las fiestas, los usos, la sensibilidad, y el habla que envuelven al poeta en su infancia, mocedades y primera juventud, fueron las del norte andaluz”, de tal modo que le marcarían para siempre.

Siglos después, la poesía manriqueña siguió cosechando elogios de celebridades literarias, en particular sudamericanas: Neruda, Benedetti y Borges. Éste pregonó que la de Jorge Manrique es “la más escuchada voz que verso español habló de la muerte”. Y León Benarós, argentino también, sostuvo que la misma voz poética “durará/ como la sal/ como el agua/ como el hierro”.

Publicado en el periódico La Provincia / Diario de Las Palmas el martes 02-06-26

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Modificado por última vez en Martes, 02 Junio 2026 20:02
Publicado en Nacional, Sociedad, Cultura

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