Como presidente del Cabildo de Gran Canaria me debo a la defensa del interés general de esta isla y me siento en la obligación, por tanto, de manifestar mi opinión -ya lo he hecho en otras ocasiones- sobre el marco de relaciones que se nos propone para con Marruecos y sus derivas para Canarias, para Gran Canaria y, especialmente, para el puerto de La Luz y Las Palmas. Lo hago días después de que una delegación de nuestra Comunidad Autónoma, encabezada por su presidente, Fernando Clavijo, visitara Marruecos para, según se nos dijo, generar espacios de colaboración económica entre el país alauita y Canarias

El diálogo entre los pueblos y establecer relaciones de buena vecindad es siempre bueno. Pero no es de recibo que se haga con las cartas marcadas y con la espada de Damocles de las exigencias marroquís de anexión de nuestros minerales y tierras raras del Monte Tropic, nuestras aguas territoriales y la seguridad aérea del Sáhara Occidental. Por eso es más necesario que nunca que los resultados de este viaje último a Agadir y su zona de influencia se trasladen a la sociedad canaria con total transparencia. Se nos debe mostrar nítidamente los beneficios reales que se han producido para nuestra tierra.

Y me preocupa, además de esa “visión atlántica” de Marruecos y sus ambiciones sobre Canarias, la estrategia portuaria diseñada por el país vecino en el Atlantico Oriental. Dice Fernando Clavijo que los puertos canarios y marroquís “deben actuar de manera complementaria y no competitiva”, repitiendo los mismos argumentos que las autoridades andaluzas expresaron en relación a los puertos de Algeciras y Tánger, hasta que este último ha terminado por fagocitar buena parte de la actividad del puerto gaditano. Curiosamente, en esos mismos días el expresidente de la autoridad portuaria de Santander, Jaime González, nos dejó claro, en declaraciones a este medio, que los puertos marroquís son la principal amenaza para los “hubs” portuarios de Canarias.

El Atlántico oriental vive una reconfiguración silenciosa pero profunda. Los flujos marítimos, las decisiones de las grandes navieras y las estrategias estatales están redefiniendo el equilibrio logístico entre Europa y África. En ese proceso, Marruecos ha emergido como un actor central, utilizando sus puertos no solo como infraestructuras económicas, sino como instrumentos de política geoestratégica. Esta transformación plantea riesgos reales de competencia para el Puerto de Las Palmas, riesgos que no son meramente comerciales, sino profundamente políticos.

Al mismo tiempo, el impacto de este fenómeno es claramente asimétrico dentro de Canarias, afectando mucho más al Puerto de La Luz y de Las Palmas que al Puerto de Santa Cruz de Tenerife. Quizás sea por esto que a algunos les preocupe poco esa competencia real con el puerto grancanario. Quizás por eso no se esté valorando en toda su dimensión el daño que se le hace.

El contraste con el Puerto de Santa Cruz de Tenerife es significativo. Su perfil es marcadamente distinto: tráfico regional, cabotaje, cruceros y mercancía con origen o destino canario. No aspira a ser un hub intercontinental ni compite por el gran transbordo o el bunkering a escala global. Esta menor ambición internacional actúa, paradójicamente, como un factor de protección. Santa Cruz no es un objetivo estratégico para Marruecos, ni un elemento central en la disputa logística entre la UE y el norte de África. Su exposición a la competencia marroquí es indirecta y limitada, y en segmentos como el turismo de cruceros incluso puede beneficiarse de una especialización más clara dentro del sistema portuario canario.

A diferencia de otros países donde el desarrollo portuario responde principalmente a dinámicas de mercado, Marruecos ha construido un modelo portuario de Estado. Tánger Med, Agadir y el emergente Puerto Atlántico de Dajla no compiten entre sí, sino que forman parte de una arquitectura planificada, con funciones diferenciadas y un objetivo común: posicionar al país como plataforma logística clave entre Europa, África y las grandes rutas marítimas globales.

Captura de pantalla 2026 02 08 093835Tánger Med es el ejemplo más evidente. En poco más de una década se ha convertido en uno de los mayores hubs del Mediterráneo y de África, superando en volumen de contenedores a puertos históricos del sur de Europa. Su éxito se explica por una combinación de factores: fuerte inversión pública, costes laborales y regulatorios más bajos que los europeos, zonas francas altamente competitivas y una integración estratégica con las grandes navieras internacionales, que han redibujado sus rutas para priorizar escalas en el enclave marroquí. Un ejemplo claro es el de la naviera noruega Maersk que dejó Algeciras para irse a ese puerto..

Agadir refuerza este sistema desde un perfil más sectorial, vinculado a la exportación agro-pesquera y a la logística regional. Representa una amenaza más acotada, pero es el proyecto del Puerto Atlántico de Dajla el que introduce una dimensión nueva y más inquietante para Canarias. Concebido como puerto de aguas profundas y orientado a África Occidental y el Sahel, Dajla -en contra del derecho internacional al estar construyéndose en territorio ocupado- aspira a captar tráficos que históricamente han encontrado en Las Palmas un punto natural de escala, redistribución y servicios.

El Puerto de Las Palmas ha sido, durante décadas, una pieza clave en el Atlántico medio. Su valor no reside únicamente en el volumen de mercancías, sino en su función como nodo de servicios marítimos avanzados: bunkering, reparaciones navales, apoyo a flotas pesqueras y offshore, y redistribución logística hacia África Occidental. Esta centralidad lo ha convertido en un activo estratégico para España y para la Unión Europea.

Sin embargo, esa misma posición explica su vulnerabilidad. Los segmentos en los que Las Palmas es fuerte coinciden exactamente con aquellos que Marruecos busca desarrollar y captar. La consolidación de Tánger Med ya ha reducido la importancia relativa de algunos puertos españoles en las grandes rutas, y la futura operatividad de Dajla introduce una presión adicional sobre el papel histórico de Las Palmas como hub atlántico intermedio.

No se trata de una amenaza inmediata ni de un “sorpasso” automático, pero tampoco que tarde en suceder veinte años. Estamos ante un auténtico riesgo estructural. A medio plazo, la combinación de menores costes, mayor respaldo estatal y creciente atractivo para las navieras puede erosionar la centralidad de Las Palmas si no se adoptan medidas estratégicas claras.

Uno de los elementos más delicados de este escenario es el marco europeo. Los puertos comunitarios operan bajo regulaciones ambientales y sociales cada vez más exigentes. Medidas como el sistema ETS aplicado al transporte marítimo o las normativas FuelEU incrementan los costes operativos, especialmente en puertos periféricos como los canarios. Los puertos marroquíes, por el contrario, no están sujetos a estas obligaciones en la misma medida. Esto genera una distorsión competitiva evidente: competir en el mismo mercado global con reglas diferentes. La paradoja se acentúa cuando se constata que parte del desarrollo portuario marroquí cuenta con financiación de entidades en las que participa la propia UE.

Luego se darán cuenta del error, como acaban de reconocer con la casi desaparición del tomate canario cuya fortaleza estaba en Gran Canaria: el Tribunal de Cuentas Europeo acaba de certificar que las ayudas comunitarias no han servido para proteger al tomate canario frente a las importaciones marroquís. Se dan cuenta muy tarde, después de que lo mataran, al igual que hicieron con la pesca artesanal.

Desde la perspectiva europea, Marruecos es un socio estratégico para la estabilidad regional y la proyección hacia África. Pero esa lógica tiene un efecto colateral: externalizar funciones logísticas fuera del territorio comunitario, debilitando puertos europeos que cumplen un papel geoestratégico clave, como Las Palmas.

La posición española no es sencilla. Las relaciones con Marruecos se han convertido en un eje central de la política exterior, especialmente en ámbitos como la migración, la seguridad y la energía. En ese contexto, la defensa activa de los intereses portuarios canarios no siempre aparece como una prioridad explícita. El resultado es una sensación de desprotección estratégica: Las Palmas es un activo europeo de primer orden, pero no siempre es tratado como tal en las decisiones políticas de mayor alcance.

El ascenso portuario marroquí no es un fenómeno coyuntural, sino parte de una transformación profunda del Atlántico oriental. Las Palmas está en el centro de esa transformación y por ello afronta riesgos reales que combinan economía, geopolítica y regulación europea. Santa Cruz de Tenerife, en cambio, permanece relativamente al margen de esta disputa estratégica. Y vuelvo a repetir que quizás sea por eso que en algunos ámbitos políticos eso importe menos.

El verdadero desafío para Canarias no es elegir entre cooperación o confrontación con Marruecos, sino definir una estrategia portuaria coherente y diferenciada, que reconozca el valor geopolítico de Las Palmas como activo europeo. Si esa estrategia no se articula con claridad, el riesgo no es el debilitamiento del principal puerto canario sino algo más sutil y preocupante: la pérdida progresiva de centralidad estratégica de Canarias en el Atlántico oriental en un momento en que el control de las rutas marítimas vuelve a ser, como tantas veces en la historia, una cuestión de poder.

Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.

Hay días que no se olvidan. Días que no son un acto más en la agenda institucional, sino un punto de inflexión. La inauguración de la interconexión eléctrica entre La Gomera y Tenerife es uno de esos momentos que marcan un antes y un después. No solo por lo que representa desde el punto de vista técnico, sino por lo que significa en términos de seguridad y futuro para nuestra isla

Durante demasiado tiempo, La Gomera ha vivido con la fragilidad de un sistema aislado. Un modelo en el que cualquier incidencia se convierte en una amenaza mayor y en el que el riesgo del “cero energético” deja de ser una posibilidad remota para convertirse en una realidad que ya hemos sufrido. Lo vivimos en julio de 2023 y lo hemos vuelto a comprobar en enero de este mismo año.

Por eso conviene decirlo alto y claro: el suministro eléctrico no es solo una cuestión de comodidad. Es salud, es seguridad, es economía y es vida diaria. Es el funcionamiento de un hospital, de una residencia, de un colegio o de una empresa. Es la tranquilidad de un hogar. Y, en una isla, esa tranquilidad no puede depender de la suerte o de la capacidad de respuesta ante una avería.

La interconexión que entra en funcionamiento une la subestación de Chío, en Guía de Isora (Tenerife), con la de El Palmar, en La Gomera. Un doble circuito subterráneo-submarino de 36 kilómetros que alcanza una profundidad máxima de 1.145 metros. Son cifras que impresionan, sí. Pero lo verdaderamente importante es lo que permiten: dejar atrás el aislamiento energético, avanzar hacia un sistema más seguro y estable, y facilitar una mayor integración de energías renovables.

Este enlace abre una puerta doble: la de importar energía cuando sea necesario, pero también la de exportar cuando haya excedente. Y esto es clave porque La Gomera no parte de cero en el camino hacia un modelo energético más limpio. Pero sería un error quedarnos solo en la celebración. Este logro no significa que todo esté hecho. Significa que hemos superado una barrera histórica y que ahora toca afrontar nuevos desafíos con responsabilidad.

El primero es evidente: culminar el cierre del anillo eléctrico insular por el sur. Sin ese paso, no tendremos una red de distribución realmente robusta, con capacidad de respuesta ante incidencias y con una estructura equilibrada y eficiente. El segundo reto pasa por reforzar los programas de conservación y mantenimiento de la red, porque de nada sirve una gran infraestructura si no garantizamos que la energía llegue con continuidad y calidad a cada hogar y a cada empresa.

Y el tercero, el más ambicioso y también el más ilusionante, es seguir avanzando hacia la autosuficiencia energética. Apostar por más renovables, especialmente energía solar en hogares, empresas y edificios públicos. Porque la transición energética no es una moda: es una obligación frente al cambio climático y una oportunidad para modernizar nuestra economía. En ese camino, La Gomera ya cuenta con “zonas de aceleración de renovables”, lo que abre nuevas posibilidades para atraer inversión y generar empleo vinculado a la economía verde.

Hoy La Gomera gana en calidad de servicio, en seguridad y en resiliencia. Pero también gana en imagen exterior y en oportunidades: para atraer inversión, para impulsar una economía más competitiva y sostenible, para modernizar sectores estratégicos y para avanzar con determinación hacia un futuro más limpio.

Nada de esto habría sido posible sin años de planificación, inversión y coordinación. Detrás de esta infraestructura hay ingeniería, compromiso y visión estratégica. Y, por supuesto, el esfuerzo conjunto de administraciones, profesionales y equipos humanos que han trabajado para que este día llegara.

Hace poco más de un siglo, la electricidad empezó a llegar a La Gomera de forma desigual, por etapas, con motores modestos y proyectos pioneros. Hoy, en cambio, nos conectamos a la estabilidad y a la seguridad. Nos conectamos a la posibilidad real de un futuro energético más limpio. Y, sobre todo, nos conectamos a la certeza de seguir avanzando como siempre lo ha hecho esta isla: con esfuerzo, unidad, sentido común y determinación para mejorar la vida de nuestra gente.

Casimiro Curbelo. Presidente del Cabildo de la isla de La Gomera. Islas Canarias.

Gran Canaria ha construido durante décadas un ecosistema científico, tecnológico y empresarial vinculado al mar que hoy es referencia en el Atlántico. En torno a Taliarte se ha consolidado un polo de conocimiento y economía azul en el que conviven centros de excelencia, universidad, empresas innovadoras e infraestructuras singulares que sitúan a la isla en una posición estratégica para afrontar retos globales como la transición energética, la adaptación al cambio climático y la soberanía tecnológica

En el corazón de ese ecosistema se encuentra la Plataforma Oceánica de Canarias (PLOCAN), una Infraestructura Científico-Técnica Singular (ICTS) única en España, clave para el desarrollo de la eólica marina flotante, las energías marinas, la robótica submarina, la observación oceánica, los nuevos vectores energéticos y la investigación aplicada al medio marino

Sin embargo, mientras el contexto internacional acelera la inversión en tecnologías oceánicas y energías renovables marinas, PLOCAN permanece atrapada en una hibernación institucional prolongada que amenaza seriamente su viabilidad futura.

Esta situación no es coyuntural ni accidental. Es el resultado de una congelación presupuestaria sostenida, de la ausencia de inversiones estructurales, del abandono del mantenimiento de sus instalaciones y de la parálisis de su estructura de personal, con consecuencias directas sobre su capacidad científica, tecnológica y de innovación.

De manera especialmente grave, la masa salarial de la Plataforma Oceánica de Canarias permanece estancada desde, al menos, el año 2014, sin que se haya producido desde entonces una actualización estructural de las retribuciones, ni adaptación al incremento del coste de la vida, ni equiparación con otras infraestructuras científico-técnicas singulares del sistema estatal de I+D+i. Este estancamiento salarial, que se prolonga ya más de una década, sitúa al personal investigador, técnico y de gestión de PLOCAN en una clara desventaja comparativa frente a otras ICTS y tiene efectos directos sobre la capacidad de la institución para retener talento, captar perfiles altamente cualificados y consolidar equipos estables.

El contraste con el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) resulta evidente. Mientras PLOCAN mantiene salarios congelados desde 2014 y financiación estructural estancada, el IAC ha visto incrementados de forma progresiva sus presupuestos y su capacidad de consolidación de personal, permitiendo atraer talento, estabilizar equipos y planificar estratégicamente su crecimiento. Este diferente tratamiento no se explica por resultados ni por impacto, ya que PLOCAN ha atraído a Gran Canaria más de 100 millones de euros en inversión apalancada, lidera ensayos internacionales de eólica marina y forma a especialistas de decenas de países.

Resulta especialmente llamativo que, mientras el Instituto de Astrofísica de Canarias cuenta en su Consejo Rector con la participación de los cabildos insulares de Tenerife y La Palma, garantizando respaldo territorial, coordinación institucional y alineamiento estratégico, el Ministerio de Ciencia, Innovación, y Universidades y el Gobierno de Canarias impidan al Cabildo de Gran Canaria su presencia en el Consejo rector de la Plataforma Oceánica de Canarias pese a estar ubicada en Gran Canaria y a estar situada físicamente en un terreno cedido por el Gobierno insular. Conviene subrayar, además, que el Cabildo de Gran Canaria ha invertido directamente 1,45 millones de euros en la PLOCAN entre 2017 y 2024, a través de distintas actuaciones vinculadas a la investigación marina, la explotación sostenible de recursos y programas educativos como EDUROV, sin haber formado parte en ningún momento de su Consejo Rector.

Captura de pantalla 2026 02 01 094512Por otro lado, lejos de encontrarse inactiva, la Plataforma Oceánica de Canarias mantiene en la actualidad un volumen muy elevado de actividad internacional, gestionando más de cuarenta proyectos de investigación e innovación en curso, en su mayoría financiados por programas europeos como Horizon Europe, Interreg, CINEA y otras iniciativas comunitarias, tal y como se recoge en su propia página web institucional. Estos proyectos abarcan ámbitos estratégicos como la eólica marina flotante, las energías del mar, la observación oceánica, la restauración de ecosistemas marinos, la robótica submarina, los sistemas multipropósito mar-energía-acuicultura y las infraestructuras de ensayo offshore.

Este elevado número de proyectos europeos en ejecución demuestra que PLOCAN conserva prestigio científico, capacidad técnica y reconocimiento internacional, y que su situación actual no responde a una falta de actividad ni de resultados, sino a una infrafinanciación estructural deliberada de su núcleo institucional. En la práctica, Europa está sosteniendo la actividad de PLOCAN, mientras el Estado y el Gobierno de Canarias mantienen congelada su estructura básica.

La consecuencia directa de esta situación no es únicamente un problema laboral o presupuestario: es un riesgo estratégico para Gran Canaria y para Canarias. La pérdida de investigadores altamente cualificados, la dificultad para atraer nuevos perfiles especializados y la dependencia excesiva de contratos temporales ligados a proyectos competitivos debilitan la capacidad institucional de PLOCAN y comprometen su liderazgo internacional.

A esta situación se suma, repito, un problema institucional de fondo, a pesar de que PLOCAN está ubicada en Gran Canaria y constituye uno de sus principales activos científicos, el Cabildo de Gran Canaria ha sido excluido reiteradamente de su Consejo Rector, pese a haber solicitado formalmente su incorporación en distintos mandatos autonómicos y estatales. Esta negativa resulta aún más difícil de justificar si se tiene en cuenta que el Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía (IDAE), adscrito al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), sí ha sido incorporado al Consejo Rector sin que ello haya supuesto ningún obstáculo ni conflicto institucional.

La pregunta es inevitable: si se permitió sin problema la entrada de un organismo estatal, ¿por qué se veta sistemáticamente la presencia del Cabildo de Gran Canaria, administración del territorio donde se asienta la infraestructura? ¿Acaso no se quiere que haya testigos institucionales de una degradación progresiva que amenaza con convertirse en una muerte lenta y silenciosa? Todo ello se produce, además, en un contexto de deterioro físico de las instalaciones, con problemas de mantenimiento no resueltos desde hace años impropios de una ICTS de primer nivel, lo que refuerza la percepción de una estrategia de dejación sostenida. Es necesario que se acometa un plan urgente de inversiones para la rehabilitación, mantenimiento y modernización de las instalaciones de PLOCAN y que se apruebe un plan de recursos humanos y de actualización salarial que permita corregir el estancamiento de la masa salarial existente desde 2014, estabilizar equipos y evitar la fuga de talento.

La PLOCAN no es un lujo prescindible ni una infraestructura secundaria. Es un pilar de la estrategia energética, científica y económica de Gran Canaria y de Canarias. Permitir su degradación silenciosa equivale a renunciar al futuro. El Cabildo de Gran Canaria no puede ni va a ser cómplice de este proceso.

El Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y el Gobierno de Canarias deben poner fin de manera inmediata a la hibernación institucional de la Plataforma Oceánica de Canarias, garantizando una financiación estructural suficiente, estable y acorde a su condición de Infraestructura Científico-Técnica Singular y Estratégica. De la misma manera, el Cabildo de Gran Canaria debería acceder al Consejo Rector de la Plataforma Oceánica de Canarias (PLOCAN) en igualdad de condiciones que otras administraciones públicas ya integradas en dicho órgano, tal y como se hace en otros territorios insulares y en otras entidades e instituciones de la misma dimensión. La discriminación y el abandono son flagrantes.

Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.

El denominado Decreto Canarias no es un documento más ni un simple trámite político: es una oportunidad real para reforzar la cohesión territorial del Archipiélago y responder, con medidas concretas, a las singularidades que condicionan la vida de miles de canarios. En un contexto marcado por la prórroga de los Presupuestos Generales del Estado y la necesidad de garantizar financiación suficiente para los servicios públicos esenciales, este borrador de decreto debe culminarse con responsabilidad, utilidad y pensando en la gente, bajo las premisas de nuestro Régimen Económico y Fiscal, el Estatuto de Autonomía y la condición de Región Ultraperiférica

Cuando se habla de igualdad entre territorios, es imprescindible entender que no se construye tratando a todos por igual, sino aplicando soluciones ajustadas a las condiciones reales de cada isla. La Gomera y El Hierro, soportan dificultades estructurales derivadas de la doble insularidad, del encarecimiento de la vida cotidiana y de una pérdida paulatina de oportunidades que alimenta el riesgo del despoblamiento. El propio texto del Real Decreto-ley reconoce esa realidad y plantea medidas urgentes para restaurar equilibrios y garantizar continuidad de políticas públicas esenciales.

Uno de los aspectos más relevantes del Decreto Canarias es que da cobertura a una reivindicación histórica: la extensión de la deducción del 60% del IRPF para los ciudadanos de La Gomera y El Hierro, en igualdad de condiciones con lo que ya el Estado aplica en La Palma tras la erupción. No se trata de privilegios ni de comparaciones estériles, sino de coherencia institucional y justicia territorial. Si una herramienta fiscal ha demostrado ser necesaria para compensar dificultades específicas y sostener el tejido social y económico en una isla, lo razonable es que también se aplique allí donde existen obstáculos similares y donde el futuro demográfico está en juego.

Esta medida, además, no solo representa un alivio directo para muchas familias, sino que envía un mensaje claro de compromiso con la igualdad real: vivir en una isla no capitalina no puede convertirse en una desventaja permanente. El borrador del decreto lo establece de forma expresa al extender esa deducción a La Gomera y El Hierro, reforzando la idea de que el Estado debe adaptar sus políticas a las singularidades de Canarias, especialmente en los territorios más vulnerables a la pérdida de población y actividad económica.

Pero si hay un elemento que resume la urgencia y el sentido común del Decreto Canarias, ese es la necesidad de garantizar la conectividad. La conectividad no es un lujo ni una cuestión secundaria: en un archipiélago es un derecho básico que condiciona el acceso a la sanidad, a la educación, al empleo, a la actividad empresarial y a la igualdad de oportunidades. Por eso resulta fundamental que este decreto impulse una obligación de servicio público que permita conectar de forma estable y eficiente La Gomera, El Hierro y La Palma, garantizando frecuencias, capacidad y tarifas razonables.

En definitiva, el Decreto Canarias debe entenderse como una hoja de ruta para avanzar hacia una Canarias más equilibrada, donde el progreso no dependa del lugar en el que se vive. No se trata solo de medidas fiscales o de transporte, sino de reforzar las bases del desarrollo económico y social del Archipiélago, con herramientas que protejan a las islas más expuestas a la pérdida de población, a la falta de oportunidades y a los sobrecostes derivados de la insularidad.

Ahora más que nunca, lo que corresponde es culminar este documento desde el consenso, el diálogo social, y acercándose a lo que realmente importa: la vida cotidiana de las personas. Porque si de verdad queremos avanzar hacia una Canarias de iguales, esta es la vía más sensata para lograrlo. Y porque cuando el objetivo es garantizar justicia territorial, cohesión y futuro, el sentido común no debería ser una opción: debería ser la obligación compartida de todas las instituciones e ideologías políticas.

Casimiro Curbelo. Presidente del Cabildo de la isla de La Gomera. Islas Canarias.

La acuicultura, definida como el cultivo de organismos acuáticos bajo control humano, es una actividad clave para afrontar los retos alimentarios, económicos y ambientales del siglo XXI. Su expansión responde al aumento de la demanda de productos marinos, la presión sobre las pesquerías tradicionales y la necesidad de producir alimentos de forma más sostenible. Actualmente, es un pilar de la seguridad alimentaria global y del desarrollo económico

Según la FAO, la producción acuática mundial alcanzó en 2022 los 223,2 millones de toneladas, un 6,6 % más que en 2020, superando por primera vez la acuicultura a la pesca extractiva. Este organismo impulsa el sector mediante la iniciativa de Transformación Azul, promoviendo prácticas sostenibles orientadas a la seguridad alimentaria y la resiliencia climática. Los productos acuícolas aportan proteínas de alta calidad (de menor impacto medioambiental que las de la carne) y nutrientes esenciales como omega-3, vitaminas y minerales. Ante una población mundial que superará los 9.700 millones en 2050, la acuicultura destaca por su eficiencia, al requerir menos recursos que la ganadería terrestre.

Más allá de su valor nutricional, la acuicultura refuerza la seguridad alimentaria local y preserva tradiciones en comunidades costeras. Al mismo tiempo, el sector avanza hacia modelos más sostenibles gracias a la innovación tecnológica, la automatización, la biotecnología y el desarrollo de viveros offshore con menor impacto ambiental. En un contexto de cambio climático y agotamiento de los recursos pesqueros, la acuicultura se consolida como una herramienta estratégica, complementaria a la pesca extractiva, capaz de satisfacer la demanda global sin comprometer los ecosistemas marinos.

Gran Canaria desde los años ochenta del siglo pasado ha sido el motor productor e investigador de la acuicultura en mar abierto de Canarias, con la aparición de las primeras empresas de viveros marinos en Arguineguín y su posterior desarrollo en la Bahía de Melenara, Castillo del Romeral y Arinaga. Y ha tenido que ver también en ello la existencia de centros investigadores de reconocimiento internacional como el instituto universitario ECOAQUA-ULPGC, entre otros.

Según la Asociación Empresarial de Acuicultura de España (APROMAR), la cosecha de acuicultura en España en 2024 fue de 268.564 toneladas (t), con un valor en primera venta de 856,5 millones de euros. La especie más abundante fue la de mejillón, con 184.593 t y un valor estimado de 138,1 M€. Le siguen la lubina con 27.376 t y un valor de 138,1 M€, la trucha arco iris con 16.693 t y un valor de 54,6,7 M€, la dorada con 10.765 t y con un valor de 72,0 M€ y el atún rojo con 10.312 t, con un valor de 184,4 M€. En Europa, la producción fue de casi tres millones de toneladas.

La cosecha de lubina en España en 2024 fue de un 11,4% más que en 2023 (24.580 t) y un valor de 123,7 M€. La Comunidad Valenciana ha encabezado la producción con 8.592 t (el 31,4% del total), seguida por la Región de Murcia (6.692 t, el 24,4%), Canarias (6.594 t, el 24,1%), Andalucía con 4.797 t (el 17,5%) y Cataluña con 701 t (el 2,6%).

Las cifras hablan por sí mismas: Gran Canaria genera actualmente más del 65% de la producción acuícola de Canarias, con un enfoque especial en la producción de lubina, representando un impresionante 88,5% de la producción regional. Estos logros demuestran no solo nuestra capacidad productiva, sino también el compromiso y la visión de un futuro próspero y sostenible de la isla.

Dos empresas copan la producción insular de manera preferente: AQUANARIA, que hasta 2023 contaba con dos instalaciones en mar abierto, en Melenara y Castillo del Romeral, donde producían y comercializaban 3.200 t/año, con un valor comercial de 35 M€, empleando para ello, de forma directa, a unas ciento ochenta personas. Además, dispone, en Castillo del Romeral, de una instalación en tierra de “preengorde”, donde se crían las lubinas antes de ser llevadas a las instalaciones en mar abierto, y una planta comercializadora en Las Majoreras (Ingenio).

Con una presencia menor opera también en la isla CANEXMAR, con una instalación de viveros en el mar en Tufia, Telde. Producen 550 t/año, con un valor comercial de 3,3 M€. Cuenta igualmente con una planta de procesado de pescado en Castillo del Romeral y emplea a una veintena de personas..

Las dos comercializan hasta la fecha un total insular de 3.750 toneladas /año, con un valor comercial de 38,3 M€ y unos doscientos empleos directos.

1 Captura de pantalla 2026 01 25 093327Tras la aprobación en 2018 del Plan Regional de Ordenación de la Acuicultura en Canaria (PROAC), las instalaciones de AQUANARIA en Salinetas y de CANEXMAR en Tufia se quedaron “fuera de ordenación”, debiendo por tanto reubicarlas a una zona de interés para la acuicultura (ZIA), a través de concurso público para el otorgamiento de nuevas concesiones en ese espacio. Tras los correspondientes concursos y otorgamientos, la empresa AQUANARIA consiguió en 2022 autorizaciones de producción de una máxima anual total de 9.150 t/año, entre las tres concesiones: Castillo del Romeral, Arinaga y Melenara (para trasladar más al sur, más lejos de la costa y a más profundidad la situada frente a la Playa de Salinetas). Cada una con una autorización de producción de hasta 3.050 t/año.

La inversión de estas dos ampliaciones y de una nueva instalación superan los 41 M€. En ello se incluye además una inversión importante de ampliación de sus instalaciones en tierra para el preengorde de alevines que luego irán al mar. El personal necesario para la gestión de las actuales y futuras instalaciones será de unas 400 personas.

Esta estrategia empresarial de crecimiento se inicia en 2015, decidiendo orientar toda su producción a un producto gastronómico selecto como es la lubina de gran tamaño, de entre 2 y 4 kilos cada pez, que tardan 42 meses en conseguir. Actualmente esta empresa comercializa un 50% fuera de España, en más de 24 países, a través de una red de 200 distribuidores, lo que la hace ser el mayor exportador por vía aérea de producto fresco de Canarias, ya que tienen envío por avión todos los días de la semana.

El Cabildo de Gran Canaria, a través de la Consejería de Sector Primario y de la SPEGC, ha apoyado este proceso, promoviendo y apoyando activamente el desarrollo de la acuicultura sostenible a través de iniciativas como BIOASIS Gran Canaria. Este programa, en colaboración con entidades públicas de investigación, proporciona apoyo especializado y soluciones concretas para los promotores y empresas que buscan invertir en nuestra isla.

Bioasis Gran Canaria no solo ha asesorado y acompañado a los promotores de proyectos acuícolas en la isla, sino que, además, a través de la Incubadora de Alta Tecnología en Biotecnología Azul y Acuicultura del Cabildo de Gran Canaria (en las instalaciones del ITC de Pozo Izquierdo) ha apoyado a más de 30 empresas emergentes que desarrollan proyectos innovadores. Y se ha hecho en procesos de investigación de tecnología para la cría y cultivo de algas, con aplicaciones en sectores como la alimentación, cosmética y biomedicina, en biotecnología azul que ha trabajado en innovación en la producción de bioplásticos a partir de recursos marinos, contribuyendo a la sostenibilidad y reducción de plásticos convencionales y, por último, en acuicultura de especies marinas, optimizando la acuicultura de de alto valor comercial mediante prácticas sostenibles y eficientes.

La polémica suscitada, tras la contaminación de diversas playas grancanarias por la muerte masiva de peces provenientes de la acuicultura, ha generado un importante debate social y cierto cuestionamiento de la acuicultura. Es un error, un tremendo error, demonizar a la acuicultura. Es una enorme irresponsabilidad el que desde las administraciones públicas se aliente el ataque y el rechazo a una práctica sostenible, clave para la alimentación del futuro y para la diversificación económica de Gran Canaria. Hace falta una política rigurosa de apoyo y desburocratización por parte de la administración responsable.

Gran Canaria ha conseguido ser pionera y puntera en el desarrollo científico, empresarial y económico del cultivo de peces y microalgas, haciendo de este sector una actividad compatible con otros usos de nuestro mar. Ha logrado una plena convivencia con la pesca artesanal de la que demanda servicios, conocimientos e infraestructuras para sus actuaciones.

Pero no es menos cierto que se hace urgente e imprescindible el conocer las causas de las muertes de los peces para que se asuman las responsabilidades a las que haya lugar. Y no se ha actuado con diligencia ni con transparencia por parte de las instituciones competentes. Está claro también que los viveros deben estar alejados lo más posible de la población para evitar alarmas sociales innecesarias, y en eso estaba la empresa. En cualquier caso, la mesura, la transparencia y la rigurosidad en las actuaciones deben ser el eje central sobre el que gire la necesaria convivencia entre la acuicultura, las instituciones y la sociedad grancanaria.

Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.

Canarias se encuentra en un momento decisivo para repensar su modelo turístico. Tras décadas de crecimiento sostenido en número de visitantes, el debate ya no gira en torno a cuántos turistas somos capaces de atraer, sino a qué tipo de turismo queremos y, sobre todo, qué retorno real genera para nuestra sociedad. Abrir un espacio sereno y riguroso para la reflexión no solo es oportuno, sino absolutamente necesario

En este escenario, todos tenemos la responsabilidad de saber qué isla y qué municipios queremos para los próximos treinta años, especialmente en crecimiento demográfico y en materia turística. Y ante este reto, el Gobierno de Canarias, los cabildos y los ayuntamientos juegan un papel fundamental

Desde La Gomera defendemos con claridad una premisa que debería marcar el futuro del Archipiélago: más gasto, menos turistas y más riqueza. Riqueza entendida no solo en términos económicos, sino también sociales, culturales y ambientales. Trabajamos por un turismo que respete los límites del territorio, que genere empleo estable y de calidad, que impulse al sector primario y que contribuya a fijar población, especialmente en los entornos rurales.

Nuestra isla lleva años avanzando en esa dirección. Frente a los riesgos de la masificación, hemos apostado por un modelo diferenciado, basado en la sostenibilidad, la autenticidad y el valor añadido. Los datos avalan esta estrategia: una estancia media elevada, un gasto diario por visitante por encima de la media y un impacto económico creciente que repercute de forma más equilibrada en el conjunto del territorio insular.

En este contexto se enmarca la puesta en marcha de seis nuevos productos turísticos, concebidos desde los valores del ecoturismo y diseñados para conectar al viajero con la esencia de La Gomera. No se trata de ofertas aisladas, sino de una propuesta integral que posibilita la actividad turística hacia las medianías, el litoral y las zonas rurales, integrando paisaje, cultura, patrimonio y sector primario.

Hablamos de experiencias vinculadas al cielo nocturno y el astroturismo, de senderismo y cicloturismo en espacios de baja densidad, de turismo costero ligado al disfrute responsable del mar, de turismo agrario que pone en valor la agricultura heroica y los productos locales, y de rutas culturales y etnográficas que permiten comprender nuestra historia y nuestras tradiciones. En total, 27 rutas temáticas que invitan a recorrer la isla con calma, respeto y conciencia.

Este modelo no solo mejora la experiencia del visitante, sino que redistribuye los beneficios del turismo, fortalece la cohesión territorial y convierte al turismo en una verdadera herramienta de desarrollo sostenible. Además, refuerza nuestra identidad como destino comprometido con la conservación del patrimonio natural y cultural, un valor cada vez más demandado por un viajero que busca autenticidad y compromiso ambiental.

Canarias tiene ante sí el reto de liderar un cambio de paradigma turístico. La Gomera demuestra que es posible crecer en calidad sin crecer en volumen, que se puede generar más riqueza sin aumentar la presión sobre el territorio, y que el turismo puede y debe ser compatible con el bienestar de la población residente.

Por eso, más que nunca, es tiempo de reflexión compartida, de decisiones valientes y de políticas públicas que apuesten por un turismo con futuro. Un turismo que sume, que cuide y que deje huella positiva.

Casimiro Curbelo. Presidente del Cabildo de la isla de La Gomera. Islas Canarias.

A principios de diciembre de 2025 escribí un artículo, que se publicó en este mismo medio, titulado “Dajla, una expansión que compromete a Canarias”. Lo hacía en el contexto de una misión comercial al citado puerto, diseñada por PROEXCA (Gobierno de Canarias) con la federación empresarial portuaria FEDEPORT, para animar al empresariado local a invertir en ese espacio del Sáhara Occidental. Denunciaba en aquel artículo la inoportunidad y la ilegalidad flagrante de la propuesta, al plantearse en un territorio ocupado y sometido a un proceso de descolonización, y porque supone, de facto, potenciar un puerto llamado claramente a competir con el Puerto de la Luz y de Las Palmas.

En el brindis de Navidad celebrado por FEDEPORT unos días después, su presidente hizo frente a estas críticas planteando que detrás de ellas se encontraban deslealtades empresariales y rechazando cualquier “manipulación pública”.

Unas semanas más tarde, y dejo para otro momento el análisis y sus posibles consecuencias, se hizo pública la adquisición del 45% de Boluda por parte de la empresa semipública marroquí Marsa Maroc. Dudo de que eso no afecte a Canarias ni a la seguridad del Estado. Entiendo que pasará por el control de la Junta de Inversiones Exteriores y el Consejo de Ministros. Insistiré en ello y ya he encargado un informe para valorar su alcance.

En medio de todo esto, Fernando Clavijo ha anunciado que viaja este mes a Marruecos para impulsar la cooperación con ese país en sectores sensibles como el turismo, entre otros. Más de lo mismo, de nuevo se anima a invertir en un sector que compite directamente con Canarias. No creo en las casualidades. Y me preocupa que muy pocos alcen la voz frente a hechos consumados que ponen en riesgo nuestro futuro.

Yo sigo en mis treces y así lo planteé en la última Junta de la Autoridad Portuaria. Potenciar Dajla, llamar a invertir en Dajla, supone un atentado al derecho internacional y también al Puerto de la Luz y de Las Palmas, especialmente. Y me pregunto si todo sería igual si el perjudicado fuera otro puerto canario. Pongo un ejemplo real: fíjense en lo que ha sucedido en los último años con el Puerto de Algeciras.

El desarrollo del puerto Tánger Med se ha presentado durante años como un éxito logístico incuestionable y como una oportunidad de cooperación regional en el entorno del Estrecho de Gibraltar. Sin embargo, desde la orilla norte, la lectura es necesariamente distinta. Para el puerto de Algeciras, el impulso sostenido de Tánger Med ha supuesto una pérdida progresiva de centralidad, tráfico y capacidad de influencia, con efectos económicos y laborales que no pueden seguir considerándose daños colaterales inevitables. Más preocupante aún es que este proceso se haya producido con la aquiescencia —cuando no con la colaboración indirecta— de España y de la Unión Europea, sentando un precedente que amenaza con repetirse en otros enclaves estratégicos como el del puerto grancanario.

Algeciras fue durante décadas el gran puerto de transbordo del Mediterráneo occidental, un nodo esencial de las rutas Asia-Europa y un pilar económico del Campo de Gibraltar. Hoy, ese liderazgo ha sido desplazado por Tánger Med, un puerto que ha crecido al calor de inversiones masivas, una estrategia de Estado claramente definida y un marco regulatorio mucho más permisivo que el europeo. La consecuencia es clara: tráficos que antes recalaban en Algeciras se concentran ahora en la orilla sur, atraídos por menores costes operativos, mayor capacidad instalada y la ausencia de determinadas exigencias normativas.

1 Captura de pantalla 2026 01 18 092606La aplicación del Sistema de Comercio de Emisiones de la UE al transporte marítimo ha actuado como un acelerador de esta dinámica. Mientras los puertos comunitarios asumen nuevos costes ambientales —legítimos desde el punto de vista climático, pero mal calibrados desde el estratégico—, puertos no comunitarios como Tánger Med compiten sin esa carga adicional. A ello se suman los costes salariales más bajos, la normativa de seguridad más laxa, las tarifas más reducidas… El resultado es una competencia desequilibrada que penaliza a Algeciras no por ineficiencia, sino por pertenecer al espacio europeo. Desde la Bahía de Algeciras se ha advertido reiteradamente del riesgo de desvío de tráficos, ingresos y empleo, sin que hasta ahora se haya articulado una respuesta eficaz a escala estatal o comunitaria.

Lo ocurrido con el puerto de Algeciras no puede seguir presentándose como un simple ajuste del mercado ni como una consecuencia inevitable de la globalización. Ha sido, en gran medida, el resultado de decisiones políticas concretas, de omisiones estratégicas deliberadas y de una colaboración europea mal entendida que ha fortalecido a un gran hub portuario extracomunitario —Tánger Med— a costa de debilitar uno de los puertos más estratégicos del sistema portuario español y europeo.

Desde Algeciras se alertó. Se advirtió del riesgo de pérdida de tráficos, de empleo y de centralidad estratégica. No se escuchó. Hoy, el puerto sigue siendo relevante, pero ya no lidera y el Campo de Gibraltar paga las consecuencias de una política que sacrificó soberanía logística en nombre de una supuesta cooperación regional.

Lo más inquietante es que este patrón amenaza con reproducirse casi punto por punto en el Atlántico. El Puerto de La Luz y de Las Palmas, uno de los grandes hubs logísticos de África occidental y pieza clave para Canarias, debe observar con inquietud el impulso al puerto de Dajla (Dakhla) en el sur de Marruecos. Dajla aspira a convertirse en un gran nodo logístico y energético entre Europa, África y América, replicando el modelo de Tánger Med: grandes infraestructuras, fuerte respaldo estatal y un entorno regulatorio más flexible que el europeo.

Si no se extraen lecciones del caso de Algeciras, el riesgo es evidente. Las Palmas podría verse sometido en los próximos años a la misma presión competitiva: desvío de tráficos de transbordo, pérdida de servicios marítimos, reducción de actividad logística y debilitamiento de su papel estratégico. Y, de nuevo, no por falta de capacidad, experiencia o posición geográfica, sino por competir desde un marco normativo más exigente frente a un puerto extracomunitario diseñado expresamente para captar esos tráficos.

Existe además, insisto en ello, un elemento político que no puede ignorarse. El desarrollo de Dajla no es solo una cuestión portuaria, sino que se inserta en una estrategia geoeconómica y geopolítica más amplia de Marruecos. Que España y la UE miren hacia otro lado —o incluso faciliten indirectamente esta dinámica mediante acuerdos comerciales, inversiones o regulaciones asimétricas— supondría repetir el error cometido con Algeciras, esta vez con consecuencias potencialmente graves para Canarias.

Pero hay un elemento que hace el caso de Dajla cualitativamente más grave y que no puede ser soslayado: Dajla se proyecta en un territorio ocupado, el Sáhara Occidental, pendiente de descolonización según el derecho internacional. España, potencia administradora de iure reconocida por la ONU, no puede alegar ignorancia. Impulsar, respaldar o tolerar el desarrollo de un gran puerto estratégico en ese enclave supone normalizar una ocupación ilegal y convertir la logística, el comercio y la inversión europea en instrumentos de consolidación de un hecho consumado contrario a resoluciones internacionales.

Si con Algeciras el daño fue económico y estratégico, con Dajla el error sería además jurídico y ético. Facilitar —directa o indirectamente— que Dajla compita con Las Palmas significa no solo poner en riesgo uno de los pilares económicos de Canarias, sino también legitimar un modelo de desarrollo asentado sobre la negación del derecho de autodeterminación del pueblo saharaui. No es una cuestión ideológica: es una cuestión de legalidad internacional.

El Puerto de La Luz y de Las Palmas es hoy un nodo esencial para el suministro, el transbordo y la proyección atlántica de España y de la UE. Si se permite que Dajla crezca bajo las mismas condiciones que hicieron de Tánger Med un competidor imbatible para Algeciras —y, además, en este caso un territorio ocupado—, el mensaje será demoledor: Europa está dispuesta a sacrificar sus propios puertos estratégicos y sus principios jurídicos a cambio de estabilidad aparente y ventajas a corto plazo.

Algeciras fue el aviso. Las Palmas puede ser la repetición y si no se actúa a tiempo, podría convertirse en el siguiente eslabón de una cadena de pérdidas estratégicas. Dajla, en estas condiciones, debería ser la línea roja. Porque cuando un Estado renuncia a defender sus puertos, renuncia a su economía; pero cuando renuncia a defender el derecho internacional, renuncia también a su credibilidad y pone en peligro su soberanía. Y eso, a largo plazo, no se compensa con ningún contenedor más movido al sur del Atlántico.

La lección es clara: no puede haber una política portuaria europea que fortalezca hubs extracomunitarios a costa de debilitar sus propios puertos estratégicos. La transición ecológica, la cooperación regional y la apertura comercial son objetivos legítimos, pero deben ir acompañados de mecanismos que eviten la deslocalización de actividad portuaria y logística fuera de la UE.

Si se pierde un puerto no se pierde solo tráfico: se pierde empleo, capacidad industrial, autonomía logística y peso geopolítico. Y eso, a largo plazo, es un precio demasiado alto para cualquier país y para Europa en su conjunto. Imagínense lo que supondría para Gran Canaria y para Canarias, aunque a algunos interlocutores políticos y empresariales les preocupe poco el puerto grancanario.

Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.

La firma del nuevo convenio de cooperación en materia de atención a la dependencia entre el Cabildo de La Gomera y el Gobierno de Canarias no es un mero trámite administrativo. Es, ante todo, una declaración de principios. Un compromiso firme de las administraciones públicas con las personas, con la dignidad de nuestros mayores y con la necesidad de garantizar una atención sociosanitaria de calidad en un contexto social que cambia a gran velocidad

La Gomera es una isla con una realidad demográfica muy definida: más del 24% de su población supera los 65 años. Este dato, lejos de ser una simple cifra, nos interpela como responsables públicos. Nos habla de una sociedad que envejece y que demanda, cada vez con mayor intensidad, servicios adecuados, cercanos y humanos. La atención a la dependencia no es un gasto, es una inversión social imprescindible para sostener la cohesión y el bienestar de nuestro archipiélago.

Por eso, el acuerdo suscrito hasta 2028, que moviliza más de 34 millones de euros para la isla —con una aportación cercana a los 11 millones de euros del propio Cabildo—, supone un paso decisivo para dar cobertura a 250 plazas sociosanitarias y seguir reforzando una red pública que debe estar a la altura de las necesidades actuales y futuras. Frente a otros modelos, desde La Gomera defendemos con claridad que los recursos públicos son el principal garante de una prestación de servicios de calidad, equitativa y accesible.

Esta apuesta se traduce en hechos concretos. La puesta en funcionamiento del centro sociosanitario de San Sebastián de La Gomera ha marcado un antes y un después en la atención insular. Pero no nos detenemos ahí. La red de centros se verá reforzada con las nuevas infraestructuras previstas en Agulo y Valle Gran Rey, que permitirán incrementar el número de plazas y reducir listas de espera, además de ofrecer una atención más cercana al entorno vital de las personas dependientes y sus familias.

Hablar de atención sociosanitaria es hablar también de profesionales, de formación y de sensibilidad. Necesitamos personal cualificado y con vocación, y debemos facilitar que esa formación se desarrolle también en las islas no capitalinas. Sin recursos humanos suficientes, no hay sistema que funcione. Por eso, este esfuerzo inversor va acompañado de una visión integral que sitúa a las personas en el centro de la acción pública.

Es evidente que desde el Cabildo de La Gomera mantenemos una convicción clara: una sociedad se mide por cómo cuida a quienes más lo necesitan. Este convenio es una muestra del compromiso de la Corporación insular por estar al lado de nuestros mayores, de las personas dependientes y de sus familias. Seguiremos trabajando, con responsabilidad y sensibilidad, para que nadie se quede atrás y para que La Gomera continúe siendo una isla que cuida de los suyos.

Casimiro Curbelo. Presidente del Cabildo de la isla de La Gomera. Islas Canarias.

En la era del turismo de masas y la información digital infinita, el papel del guía de turismo local ha evolucionado

Ya no es solo un proveedor de datos históricos o direcciones; se ha convertido en el principal formador de la imagen positiva de un destino. Su influencia trasciende la simple logística, impactando directamente en la percepción emocional y cultural que el visitante se lleva a casa

1. El Guía como Filtro Cultural y Humano

El primer contacto significativo que un viajero tiene con la realidad de un lugar suele ser a través de su guía. Mientras que los folletos ofrecen imágenes idealizadas, el guía local ofrece autenticidad.

Humanización del destino: Un guía transforma monumentos fríos en historias vivas. Al compartir anécdotas locales, tradiciones familiares o el contexto sociopolítico actual, convierte el espacio geográfico en un lugar con alma.

Traductor de realidades: El guía ayuda a interpretar comportamientos o costumbres que, sin contexto, podrían ser malinterpretados por el turista, evitando prejuicios y fomentando la empatía.

2. Constructor de Seguridad y Confianza

La imagen positiva de un sitio está intrínsecamente ligada a la sensación de seguridad y bienestar.

Un guía profesional actúa como una red de seguridad. Su conocimiento sobre las zonas seguras, la calidad de los servicios y el manejo de imprevistos reduce la ansiedad del viajero. Un turista que se siente cuidado es un turista que recordará el destino como un lugar acogedor y profesional.

3. El Impacto en la Sostenibilidad y el Respeto

La imagen de un destino también depende de cómo se conserva. El guía local es un educador ambiental y cultural:

Gestión del flujo: Dirigen a los visitantes hacia joyas ocultas, aliviando la presión sobre los puntos saturados.

Fomento del consumo local: Al recomendar artesanos y comercios de barrio, aseguran que el beneficio económico se quede en la comunidad, lo que mejora la actitud de los residentes hacia el turismo, creando un círculo virtuoso de hospitalidad.

4. La Creación del "Efecto Multiplicador"

Un buen guía no solo genera una satisfacción inmediata, sino que es el motor del marketing boca a boca.

Relatos compartibles: Los viajeros replican las historias que escucharon del guía en sus redes sociales y círculos cercanos.

Fidelización: Una conexión emocional lograda por un guía puede ser el factor decisivo para que un turista decida regresar o recomendar el destino fervientemente.

"El guía no enseña lo que ve el ojo, sino lo que siente el corazón de un pueblo."

Conclusión

El guía de turismo local es, en esencia, un relacionista público del territorio. Su capacidad para transmitir pasión, conocimiento y respeto es lo que diferencia una visita genérica de una experiencia transformadora.

Invertir en la formación y valorización de estos profesionales no es un lujo, sino una estrategia fundamental para cualquier destino que aspire a proyectar una imagen de excelencia, calidez y autenticidad en el escenario global.

José Antonio Cabrera (*) ASSOPRESS

(*) Diplomado del Máster Internacional de Turismo

En 1949, apenas una década después finalizada de la Guerra Civil Española, Agüimes, como el resto de Canarias, se enfrentaba a una realidad marcada por la represión, el racionamiento y una pobreza severa. La escasez de alimentos, la precariedad en el transporte, la sanidad y la educación definían la vida diaria en un municipio esencialmente rural y aislado. Las escuelas eran pequeñas y con recursos mínimos, y muchos niños alternaban los estudios con el trabajo en el campo

En este contexto difícil, María Jesús Melián Alvarado, una rica hacendada agüimense, aconsejada por sus albaceas, tomó una decisión trascendental: destinar recursos a la construcción de un colegio en lugar de un hospital. Esta elección buscaba acercar la educación a los niños del pueblo, una iniciativa que marcaría el futuro de la comunidad.

La llegada de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (La Salle) en 1949, para cumplir ese objetivo supuso una revolución educativa, social y cultural. Primero impartieron clases en las Casas Nuevas -hoy Complejo Parroquial- y, desde 1952, en el colegio Jesús Sacramentado. La pedagogía lasaliana, fundada en la inclusión, la gratuidad y la formación integral, se enfocaba especialmente en los más desfavorecidos. Su labor rompió el aislamiento secular de Agüimes, abriendo horizontes y formando en diversos oficios y disciplinas a profesionales que nunca imaginaron que se pudieran acoger a un ascensor social de esa magnitud en aquellos momentos.

Yo tuve la fortuna de ser educado por ellos hasta su marcha en 1968. Con ellos viví mis primeras experiencias culturales: cine, teatro, conciertos y deportes. También participé en un teleclub autogestionado por los alumnos. Estas vivencias, únicas en la Gran Canaria de la época, ampliaron nuestra mirada crítica y transformaron nuestro futuro, aunque hay que decir también, que todo este desarrollo estaba limitado a los niños, puesto que era un colegio masculino y que por tanto, las niñas quedaron excluidas. Ahora, afortunadamente, eso sería impensable

De ese espíritu transformador nació, impulsada por la Asociación de Antiguos Alumnos de La Salle, la Cabalgata-Auto de los Reyes Magos de Agüimes. La Asociación se creó para mantener los vínculos con el colegio y continuar la labor cultural iniciada por los hermanos. Su consolidación fue posible gracias a la voluntad de un maestro, el Hermano Lorenzo Martín González, y al impulso de más de un centenar de antiguos alumnos como Bernardino Romero Melián (presidente) y Orlando Hernández Martín (secretario).

El 5 de enero de 1956, con un texto de Orlando Hernández, se celebró por primera vez la Magna Cabalgata de Reyes. Hernández, Hijo Predilecto de la Villa, es un novelista, poeta, periodista y dramaturgo que renovó el teatro religioso en Canarias, adaptando la tradición medieval del auto sacramental a un lenguaje cercano y comunitario. Esta obra, junto al auto de Pasión "... y era el Hijo del Hombre", creada también por él, forman un eje cultural central en la identidad de Agüimes, compartiendo origen, autor y raíz dramática.

La Cabalgata-Auto no es un desfile convencional, sino una profunda manifestación cultural que embelesa, ilusiona y crea complicidad en la comunidad. Representa un mecanismo de cohesión social, identidad local y transmisión intergeneracional. Cientos de vecinos y vecinas participan voluntariamente como actores, figurantes o técnicos, haciendo de esta una obra colectiva donde el pueblo es creador, protagonista y transmisor.

Manteniendo la estructura de la Epifanía, el Auto combina devoción, teatro y participación popular. Los espectadores recorren con la comitiva las calles del casco histórico, convertidas en escenario, siguiendo el camino narrativo hacia el Nacimiento. Esta ritualización refuerza el valor patrimonial de Agüimes y atrae a miles de visitantes cada año, potenciando su visibilidad cultural sin perder su esencia comunitaria.

El auto es poesía viva. Cerremos los ojos y veamos cómo el desfile avanza por las calles del pueblo como una visión que entrelaza historia, tradición y sueño. Desde lejos se escucha el rumor de los pasos, el tintineo de los adornos y el murmullo expectante de quienes esperan cada año este momento. Vemos desfilar a los pastores y pastoras y a las hebreas, con sus telas suaves que se mecen al ritmo de la marcha, portando cántaros y lámparas que parecen traer consigo el eco de tierras antiguas. Sus rostros serenos y su caminar pausado abren la puerta a un tiempo remoto, casi sagrado.

Detrás irrumpen los romanos, imponentes y solemnes, con sus armaduras que reflejan la luz de las farolas y sus estandartes ondeando como lenguas de fuego. A su paso, se siente un leve estremecimiento, como si el pavimento recordara historias de poder y disciplina. Las cornetas y tambores nos llevan en volandas, con las mejores notas, a espacios celestiales. Los gladiadores, vigorosos y orgullosos, completan este bloque con su fuerza simbólica, representando la dureza del mundo que rodeaba el misterio del nacimiento.

Captura de pantalla 2026 01 11 082028Y entonces llega el corazón del desfile: los Reyes Magos. Se acercan montados en sus camellos, envueltos en capas que brillan con tonos de oro, púrpura y esmeralda. Melchor, Gaspar y Baltasar avanzan con una dignidad luminosa, saludando a los niños que levantan las manos con una mezcla de inocencia y veneración.

Repartiendo caramelos, recogiendo cartas, encendiendo miradas. Cada gesto suyo parece sembrar un pedacito de ilusión en el aire. A su alrededor, los pajes tejiendo un puente entre la nobleza de los Reyes y la emoción del público.

La Noche de Reyes en Agüimes brilla con luz propia. Es una noche de ilusión para los niños y niñas, que dejan agua y alfalfa para los camellos y sus zapatos en la ventana, y de emoción revivida para los adultos.

Porque la Noche de Reyes no es sólo el brillo de un milagro antiguo; es el mapa íntimo de nuestros deseos, la ventana por donde la inocencia vuelve a entrar, y la música secreta que cada corazón escucha cuando decide creer. Cada regalo al amanecer representa mucho más que un objeto: es un gesto de afecto, un símbolo de sueños compartidos y el eco de esa leyenda antigua que sigue viva.

Y para hacerlo posible, los Reyes Magos llegan hasta las casas de Agüimes en la madrugada del 6 de enero. Sí, realmente, físicamente. No estoy expresándome en lenguaje figurado. Nos lo anuncian de madrugada las cornetas y los tambores. Imaginen ese instante como un destello suspendido en el tiempo.

El niño, la niña, aún envueltos en la tibieza del sueño, abren los ojos, y de pronto descubren una silueta majestuosa inclinada sobre ellos: un Rey Mago, con su aroma a noche estrellada y viaje largo, sus ropajes que parecen traer consigo un murmullo de campanas lejanas. En sus manos, un juguete que brilla como si guardara dentro una promesa.

Primero llega la sorpresa, pura y desbordante: el corazón se acelera, los ojos se agrandan, la respiración se corta por un segundo. Luego asoma la incredulidad maravillada, esa mezcla de querer creer y no atreverse, hasta que el Rey sonríe y todo se vuelve cierto, tangible, inevitablemente mágico. Y finalmente, un torrente de emoción: alegría que sube desde el pecho, una ternura que lo envuelve todo, la sensación de que el mundo es más grande y más hermoso de lo que imaginaban.

Ese instante se clava para siempre en la memoria: no es solo un juguete, es el descubrimiento íntimo de que los sueños pueden tocarse, de que lo imposible puede entrar en la habitación a media noche y pronunciar su nombre. Es el tipo de emoción que, aun cuando pasan los años, sigue iluminando desde dentro.

Esta tradición no es un mero recuerdo del pasado, sino una forma de caminar juntos hacia el futuro sin olvidar los orígenes. Agüimes ha sabido equilibrar el progreso con el respeto a sus raíces, manteniendo vivas sus tradiciones como herencia activa y compartida. El Auto de Reyes, la Semana Santa y sus remates (donde La Salle también tiene un papel fundamental), el Carnaval y otras festividades son encuentros que fortalecen la identidad colectiva y el sentido de pertenencia.

La Asociación La Salle, con setenta años de trayectoria, es el pilar de esta continuidad. Su capacidad para reinventarse sin perder sus raíces, superando desafíos de espacio, recursos y nuevos tiempos, es admirable. Como alcalde, he compartido sus retos y he visto su compromiso inquebrantable.

Por ello tenemos que dar las gracias siempre a quienes trajeron a los Hermanos de La Salle, a los hermanos que educaron, a los antiguos alumnos y a todos los que mantienen viva esta tradición. A quienes ensayan, organizan y participan año tras año. A cada agüimense que aporta su grano de arena para que Agüimes siga siendo un lugar auténtico, con alma.

Mientras nuestras tradiciones vivan, vivirá lo mejor de nosotros. Honrando legados como este, en tantos lugares de nuestra isla, es la manera de afianzar el futuro de cada municipio, de Gran Canaria entera.

Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.

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