Foto: Amado Moreno junto a Roberto Moreno, posando delante de dos de los retratos expuestos en el rectorado de la Universidad de Las Palmas

Cuelga en el rectorado del centro más de sesenta retratos de personas isleñas, colmados de luz y colores

Su exposición de más de sesenta retratos de personas de la sociedad grancanaria, conocidas su mayoría por su función pública, ofrece “la pintura no como objeto de contemplación, sino como objeto de la acción personal”

La muestra artística del científico Roberto Moreno (Gáldar, septiembre 1939) en el rectorado de la universidad de la capital grancanaria, inaugurada al comienzo del presente mes de febrero, camina hacia su última semana para ser clausurada el próximo viernes. El cierre se producirá un día después de que la visiten los miembros de la comunidad científica internacional que se reúnen en el Museo Elder a partir del lunes para la cita de Eurocast (Congreso Internacional sobre Teoría de Sistemas y Computadores), un evento impulsado también desde hace décadas por el inquieto investigador, Premio Canarias de Investigación 1985.

Su exposición de más de sesenta retratos de personas de la sociedad grancanaria, conocidas su mayoría por su función pública, ofrece “la pintura no como objeto de contemplación, sino como objeto de la acción personal”, en opinión de Lluís Serra, rector de la ULPG. Valora que Roberto Moreno “con paciencia y mano de orfebre ha sido capaz de reflejar no solo los rostros de muchos de quienes compartimos con él esta santa casa (la Universidad), sino también sus almas. Sus retratos nos ofrecen al trasluz un acercamiento a la psicología del retratado”.

La muestra, que se extiende a través de las salas Lola Massieu, Juan Hidalgo y Clara Muñoz de la sede rectoral, destaca por su luminosidad y colorido, además de la percepción singular del autor, inquieto creativo sin pretensión de deformar la imagen del sujeto artístico para alcanzar el logro expresivo que persigue, centrándose especialmente en ojos y rostros. Con humildad pero también con rotundidad, Roberto Moreno confiesa abiertamente que es un autodidacta en materia artística, formado día a día en el “autoaprendizaje”. Una tenacidad y disciplina que lejos de empujarlo a la imitación o copias, estimulan más su afán creativo y al que nunca renuncia cuando emprende sus retratos, o cuando afronta otros objetivos con su pintura.

Orillada por un momento su pasión por la ciencia y tarea investigadora en su otoño vital , Roberto Moreno explica esta manifestación artística con la que ha sorprendido a propios y extraños, declarando que “el arte universal es una vía de comunicación simbólica de alto nivel entre humanos, que no necesita intérpretes”. Este y otros mensajes dispares se deslizan en algunas de las obras expuestas al público para poner de relieve también el pensamiento o filosofía del propio autor. “Una mujer bien vestida, a pesar de que su bolso está dolorosamente vacío, puede conquistar el mundo” reza en otro retrato y lienzo de una joven.

Javier Cabrera, comisario de la muestra, apunta que se hace cada vez más evidente en el arte que brinda esta vez Roberto Moreno “una alusión al Bosco”, aunque en buena parte será la pintura contemporánea la que se traiga al contexto de muchas de sus piezas, para seguidamente considerar que hay igualmente pruebas “que abarcan desde el guiño al Expresionismo (…) al tiempo que fondos de composición traídos del neoplasticismo”.

Acreditado todo lo anterior, cabe concluir que la explosión artística no impide tampoco en este caso a Roberto Moreno aprovechar un resquicio para reiterar su fervor por la investigación y su interés por la pintura. Sentencia con breve texto en inglés junto a la figura femenina de uno de sus retratos que “cuando la religión, la superstición y el esoterismo se desvanecen, la ciencia y el arte son las opciones”.

*Publicado en La Provincia el 24 de febrero de 2024

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*Falangistas, liberales, socialistas y comunistas, pagados todos por Matías Vega Guerra, integraban “Diario de Las Palmas” en la década final de la dictadura

*En los años 50 y parte de los 60 del siglo pasado fue líder en venta de ejemplares, pese a su salida vespertina

*Ha sido una cantera de periodistas y maestros del oficio que dejaron su sello con primicias y reportajes de portada

*José Ferrera Jiménez accedió al camarote de Neruda cuando hizo escala en Las Palmas durante su viaje a Europa

*Diario de Las Palmas entrevistó al nazi Otto Skorzeny, liberador de Mussolini, tras localizarlo en la capital grancanaria

*Periodista todoterreno, Luis García Jiménez charló en el Puerto de La Luz con Gloria Swanson y Paul Newman, figuras de Hollywood

*Las viñetas de Eduardo Millares, “Cho Juáa”, eran un reclamo de los lectores por su humor canario con el dibujo

Un clásico sentenció que “la nostalgia envasada no siempre es una queja amarga, también puede ser un delicioso aroma”. Cobra plenamente sentido al celebrar la efeméride del 130 aniversario de Diario de Las Palmas, periódico vespertino de tendencia liberal inculcada en su origen por el fundador Fernando León y Castillo. Un espíritu que ha prevalecido tras la fusión con el matutino y hermano LA PROVINCIA en el arranque del siglo XXI (año 2000).

La mirada hacia atrás en el intento de rescatar recuerdos de una cabecera, que fue y sigue siendo referente de la Comunicación en Canarias, provoca inevitablemente nostalgia. También orgullo. Era un periodismo de masa madre, como el sello de calidad del pan saludable que hoy se demanda de los prestigiosos obradores. Periodismo de corazón y nervio. Periodismo vivo, a pie de calle. Pese al corsé y los filtros censores de la dictadura. Las difusiones y ventas de ejemplares se disparaban a cotas nunca soñadas. En la década de los 50 y primera mitad de los 60 del siglo XX alcanzó posiciones de liderazgo. La exitosa consolidación y sus beneficios económicos servirían a la postre a Prensa Canaria para alentar e impulsar en 1966 la reaparición matinal de LA PROVINCIA en el mercado editorial, acaparado hasta entonces en esa franja horaria por El Eco de Canarias, vinculado al denominado Movimiento del régimen gobernante. El apoyo de Diario de Las Palmas se reforzaría durante un tiempo insertando en sus páginas una viñeta en la que podía apreciarse un ejecutivo con corbata y un periódico desplegado, mas una sugerencia : “Lea usted también LA PROVINCIA”. Tres años más tarde de su vuelta a los quioscos, el nuevo matutino empezó a tomar velocidad de crucero con su creciente cifra de seguidores, al contrario que el vespertino, con síntomas de estancamiento y caída de las ventas. La irrupción de la Televisión marcó la lenta y progresiva decadencia de todos los periódicos de tarde.

En su fase de esplendor, los anunciantes se agolpaban y hacían cola en los mostradores de la Administración. Los vendedores ambulantes pregonaban las noticias de la portada en calles y playas. ¡Qué tiempos aquellos! Cuando los barrancos de las islas corrían con agua de banda a banda en inviernos casi siempre lluviosos: los Guiniguada, Guayadeque, Ayagaures, La Aldea, Mogán, Azuaje, Agaete, Gáldar, etc. Cuando la divertida y verbenera orquesta Mejías o la muy popular de Agaete hacían acto de presencia en las gradas del Estadio Insular (¡verdadero teatro de los sueños futbolísticos!) para animar a la UD Las Palmas en partidos cruciales. La penetración e influencia de la tinta y el papel impreso de la cabecera periodística en la sociedad eran colosales. Décadas después se ha demostrado que el ciclo del periodismo pujante en todas sus dimensiones, tal como se conocía y se fundía con el plomo (una de sus materias primas elemental), ha sido irrepetible.

El periodismo de masa madre de sus actores tenía un timbre de identidad: la frescura informativa combinada con la autenticidad que generaba el testimonio directo y personal del informador, a menudo in situ donde se registraba el hecho. El calor humano que dominaba las sucesivas Redacciones alrededor de un café durante una pausa, o bien en torno a un potaje de berros en un bochinche de las medianías, enriquecía los prismas de la realidad cotidiana para trasladarla matizada a la opinión pública. El contraste de pareceres en aquellas tertulias inolvidables favorecía un periodismo de proximidad a la gente.

Era como un “a Dios rogando y con el mazo dando”. La exclusiva de una noticia, una entrevista o un reportaje se convertían en una obsesión febril, motivados por llegar antes que nadie. La informática y las nuevas tecnologías, significando todo el progreso innegable y los resultados consiguientes, aparenta a veces haber arrasado en cierta medida con gran parte del romanticismo y la fibra propios del oficio en la época que otros vivieron antes.

Nunca resultó fácil planificar un periódico de tarde y resolver su portada cada día para ofrecer un contenido distinto a la prensa de la mañana. Obligaba a un esfuerzo creativo superior para no parecer una segunda edición de aquella competencia. Independientemente de recurrir a los reportajes de producción local –no de agencias-, procuraba salvar sus portadas con lo que sucediera de madrugada o durante la mañana. A las dos de la tarde habría de arrancar la rotativa para imprimir y enviar después la mercancía de papel a los quioscos.

Muy a pesar de todos, los años de plomo del terrorismo etarra en los 70 y 80 despejarían las dudas sobre la primera página, para decidir el título principal. Los atentados acontecían habitualmente a primera hora de la mañana. El asesinato en Madrid del presidente del Gobierno, Carrero Blanco, el 20 de diciembre de 1973, ocurrido después de las nueve de la mañana (hora canaria) fue el más sonado por las profundas consecuencias políticas para la decadencia de la dictadura. Precisamente este mes se cumple medio siglo del magnicidio. El suceso generó sentimientos dispares sin mucho disimulo entre los miembros de la Redacción de Diario de Las Palmas. Era patente la consternación de los más conservadores, en contraste con el júbilo autocontrolado de los que ansiaban un cambio y el final del régimen franquista. Entre éstos hubo dos compañeros que se escaparon unos minutos aquella mañana al cercano parque de San Telmo para celebrar el atentado pidiendo unos helados. Ambos “fugados” hicieron carrera política años más tarde en las filas de un partido político de izquierda. La retirada de España del Sahara y las tensiones precedentes con Marruecos y el Frente Polisario alimentaron también muchas portadas, mientras se agravaba la crisis política nacional.

MAESTROS DEL OFICIO

Mi balance individual de cuatro décadas en la plantilla de Diario de Las Palmas, incluyendo nueve años de su fusión con LA PROVINCIA (1969-2009), ofrece satisfacciones y sinsabores, aunque más de las primeras en esta viña del Señor. Los compañeros de travesía fueron decisivos con su experiencia y atinados consejos. Me allanaron el camino de tal modo que nos permite trazar ahora un resumen que se me antoja positivo. No puedo negar mi fortuna trabajando a las órdenes de directores que eran maestros de la profesión. Cada uno de ellos con su perfil singular. Andrés Ruiz Delgado trabajaba con rigor y caballerosidad; Pablo Hernández Montesdeoca representaba la pulcritud con la sintaxis y el gusto estético; Nacho Jiménez Mesa, olfato y visión periodística excepcionales para todo acontecimiento informativo; José Henríquez Núñez-Ojeda, sensibilidad y laboriosidad; Amado José El-Mir Sánchez, además de aleccionar a los recién llegados con la aplicación del “sujeto, verbo y predicado”, revolucionó y modernizó el diseño en profundidad; Santiago Betancort Brito era ejemplo de una entrega sin reservas hasta el momento de la impresión, atento y vigilante las veinticuatro horas. Sería el último director de Diario de Las Palmas antes de la fusión con LA PROVINCIA en el año 2000. La integración fue un delicado proceso laboral y tecnológico auspiciado por el presidente Javier Moll de Miguel, y ejecutado con pragmatismo y sin sobresaltos por el consejero- delegado Guillermo García-Alcalde, aunque requirió la amarga decisión de prescindir de leales y eficientes colaboradores para evitar duplicidad inviable de funciones. En la nueva situación seguí aprendiendo de Diego Talavera Alemán, Julio Puente y Ángel Tristán Pimienta, periodistas y compañeros que se sucedieron en la dirección hasta 2009.

PLANTEL VARIOPINTO

Imposible olvidar la primera vez que pisas una Redacción para cumplir con un sueño vocacional. La del Diario en 1968 estaba ubicada en la primera planta del edificio de la calle Murga, 21. Contigua a la del periódico LA PROVINCIA, por la pertenencia de ambas cabeceras a Editorial Prensa Canaria, presidida por Matías Vega Guerra, abogado y político de talante liberal, que gozaba de la confianza del régimen de Franco.

El director de Diario de Las Palmas que me abrió la puerta, Andrés Ruiz Delgado, era de estilo sobrio, azoriniano en lo periodístico, equilibrado a la hora de juzgar con su firma asuntos de interés local. De exquisita educación, se dirigía a todos con el tratamiento de “usted”, indiferente a la categoría jerárquica en la Redacción, Taller o Administración. En la relación personal o laboral no defraudaba como “hombre de palabra”, valor que cotizaba al alza en la sociedad, bastante más que hoy.

Su brazo derecho, Antonio Márquez, redactor-jefe, originario de Granada, volvió a su ciudad natal unos dos años más tarde, llamado por “El Ideal”, emblemática publicación granadina. Personaje simpático, culto, con dominio de la mecánica de trabajo. Mandaba con agilidad y reflejos, acompañando a menudo sus órdenes con unos “tacos” que difícilmente sonaban mal y no producían rechazo en quien los recibía, quizás por su extremo acento andaluz.

El otro jefe, Luis García Jiménez, fue elevado después a la subdirección. Uno de los reporteros más sobresaliente de la época. Firmante de textos reconocibles para la historia, como la escala en Gando del derrocado presidente venezolano Marcos Pérez Jiménez, camino de Madrid, tras abandonar su país, que había gobernado de 1952 a 1958. También abordó en Gran Canaria al mariscal Montgomery, figura británica relevante en la II Guerra Mundial al mando de las tropas aliadas en el Norte de África, y luego en la Italia ocupada por el ejército alemán.

Todoterreno del oficio, Luis García Jiménez anotó una colección de exclusivas. A las anteriores cabe añadir las conseguidas con el emperador etíope Haile Selassie, de paso por Gran Canaria para una cumbre de la ONU en Nueva York, con el presidente senegalés Leopold Shengor, con la actriz Gloria Swanson (“Crepúsculo de los dioses”) y el actor Paul Newman (“La ciudad frente a mi”), primeras celebridades de Hollywood entonces, cuando ambos hicieron escala en el puerto de la Luz con el crucero “Leonardo da Vinci” en su travesía de Europa a Estados Unidos.

Luis García Jiménez causó sensación informativa de alcance nacional e internacional al descubrir en febrero de 1965 al antiguo oficial nazi Otto Skorzeny en un hotel de la capital grancanaria. Le arrancó unas amplias declaraciones para Diario de Las Palmas al personaje, que siguiendo una orden de Hitler había sido protagonista de la liberación de Benito Mussolini en el Gran Sasso alpino, durante la denominada Operación Roble llevada a cabo en septiembre de 1943 por un comando de la Wehrmacht alemana.

Su capacidad de producción y organización como redactor jefe resultaría llamativa. También su formación, que abarcaba el dominio del idioma inglés y la taquigrafía. Se personaba temprano en su despacho con la prensa internacional del día anterior ya revisada, además de la nacional, debajo del brazo. Elaboraba a diario cuatro columnas de opinión con su firma, repartidas en las secciones de Internacional, Nacional, Local y Deportes. A la vez se ocupaba de la portada con diseño de Fernando Ramírez, y la supervisión del director.

En aquella primera Redacción, envuelta en una atmósfera de humo de cigarrillos y el ruido de las máquinas de escribir aporreadas por los usuarios escupiendo folios de textos con las noticias del día, coincidimos con Pedro Perdomo Azopardo, al cuidado de la información Nacional e Internacional que vomitaban los teletipos en una sala anexa. Amante de la poesía y la novela, escribió “La Italia roja y negra”, ambientada en los años de Mussolini. Hijo del poeta Pedro Perdomo Acedo, que había sido director de Diario de Las Palmas años antes.

Pepe Ferrera Jiménez, responsable de la sección portuaria, ocupaba la mesa más próxima. Periodista inquieto y honesto, dio un campanazo con su entrevista en exclusiva a Pablo Neruda al tocar previamente en la puerta de uno de los camarotes del trasatlántico francés “Louis Lumière” durante su parada en el puerto de La Luz en 1960, cuando trasladaba al escritor chileno de Buenos Aires a Europa con el resto del pasaje. El autor chileno le rememoró su estancia en España en los años 30, antes de estallar la Guerra Civil, y sus vivencias con Federico García Lorca, Miguel Hernández y José Bergamín.

Notables eran asimismo los demás componentes de aquel equipo de Diario de Las Palmas en 1969. Fernando Díaz Cutillas, figura bondadosa y extraordinariamente vitalista, jefe de la sección de Deportes, cuya “Chismografía Leve” diaria en Local constituía a veces una pesadilla para él por ausencia de temas de interés, o bien por las consecuencias de una noche de tenderete. Nada extraño. Todos disfrutábamos entonces de una capital grancanaria verdaderamente seductora. Presentaba un semillero de salas de cine, diversión y música en vivo, con actuaciones de artistas y grupos canarios, o sudamericanos de paso como Jorge Cafrune y Alberto Cortez. Con el devenir del tiempo, esos ratos de merecida evasión folclórica y musical inspirarían a Fernando el nombre de Tenderete para su programa televisivo, icono de la más acertada promoción de cantos canarios con timple y guitarras en TVE. Un espacio que él simultaneaba con el deportivo en el medio audiovisual, alternando con Pascual Calabuig.

En la nómina de Diario de Las Palmas de la década referida también estaba Alfredo Herrera Piqué. Sus querencias eran la Arquitectura y el Urbanismo, disciplinas en las que acreditaba estudio y autoridad académica. Después sería director de la revista “Aguayro”, editada por la Caja de Ahorros, y senador del PSOE por Gran Canaria.

Figura incomparable del periodismo canario se consideraba a Oscar Falcón Ceballos. Entre sus especialidades, su depurada artesanía documental en los obituarios. Muchos elaborados antes del fallecimiento del personaje para su posterior publicación. No en vano contaba con un valioso colaborador y confidente, su amigo Néstor Álamo, cuya pluma aparecía regularmente en el vespertino. Desde su taller de antigüedades en la calle Peregrina alertaba a Oscar cuando iba camino de apagarse la vida de alguien con relevancia social. Néstor, ya cronista oficial de Gran Canaria, permanecía al corriente de la trayectoria y milagros de la burguesía arraigada en Vegueta.

Otro miembro de aquella Redacción en los años 60 del pasado siglo fue Antonio Ojeda Frías. No resistió la tentación de buscar nuevo horizonte en Madrid. Sería redactor jefe del semanario “Cambio 16”, y después guionista de Antena 3 TV, medios que ratificaron su solvencia. Del mismo grupo y época del Diario formó parte José Carlos Mauricio, antes de desembarcar por completo y abiertamente en la política, donde se desenvolvía ya con el clandestino Partido Comunista. Sus artículos apuntaban una evidente propensión al enfoque de la precaria realidad canaria, agudizada con los problemas de vivienda y la sangrante sobreexplotación de los aparceros por los terratenientes. Visualizado por el radar de la Brigada Política Social (BPS) de la dictadura, los agentes no tardaron en intervenirle propaganda comunista para ser detenido y abortar temporalmente su ejercicio de la profesión.

Su padre, José Mauricio, especializado en temas agrícolas, fue durante décadas un colaborador asiduo del mismo periódico, hasta su fallecimiento. Tuvo una larga y célebre etapa de combate con la gestión de José Naranjo Hermosilla, dirigente de la CREP (patronal del plátano para la exportación), además de procurador de las Cortes franquistas.

Completaba aquel plantel variopinto del viejo Diario del siglo XX otro nombre, Gregorio Martín Díaz, redactor ocupado en echar una mirada a los sucesos del día. La remataba con un apunte personal. En paralelo puso de manifiesto su afecto por el teatro popular dando a conocer varias creaciones propias.

El cuadro de colaboradores era de nivel alto. Manuel González Sosa, coordinador del semanal “Cartel de las letras y las artes”. Orlando Hernández Martín, investigador del habla canaria, poeta y autor de “Catalina Park”, novela recreada en el ambiente cosmopolita del espacio capitalino del Puerto. Agustín Quevedo, modelo de excelencia en la crítica de los grandes conciertos clásicos de aquel tiempo en el teatro Pérez Galdós, celo profesional que compartía con su interés y amor por la UD Las Palmas.

Capítulo aparte merece Eduardo Millares, “Cho Juáa”. Cada mañana arribaba pletórico de ideas y optimismo para detenerse en cada mesa y deleitarnos con su viñeta humorística del día, antes de ser enviada a la rotativa. Su ingenio peculiar como dibujante y su talento para sintonizar con la actualidad, tirando de lo más castizo de la socarronería canaria, derivaron rápidamente en reclamo y exigencia fija de los lectores. Su aportación acentuaba una diferencia de calidad, al tiempo que ataba lectores en detrimento de opciones alternativas en el quiosco.

Antonio Cardona Sosa fue pionero con textos sobre Medio Ambiente y promotor de Ascán, entidad para la defensa de la Naturaleza, tarea que compatibilizó con la información de baloncesto y caza bajo los seudónimos de Pivot y Perdicero, respectivamente. Memorable su crónica viajera acompañando en una ruta por el centro de Gran Canaria a Henri Charrière, de apodo Papillon, personaje que había sido llevado al cine tras el éxito de la novela autobiográfica que narraba sus peripecias y la condena injusta por un crimen que no había cometido..

Muchos se sorprenderán hoy al saber que en el listado de colaboradores del Diario aparecía del mismo modo Lorenzo Olarte Cullen como especialista en tauromaquia, afición que no ha perdido pese a su avanzada edad, y alardeando de su relación con varios matadores. Publicó sesudas crónicas de las corridas de toros en las plazas de Gran Canaria, ilustradas con dibujos de Morote, comandante del Ejército del Aire. Por otra parte, Miguel Barrera desplegaría tesón informativo con el fútbol regional y la vela latina. Arturo Ponicke con el atletismo. José Eugenio de Armas con el balonmano, y Pepín Ruano con la Lucha Canaria. La natación era reserva de Fernando Díaz Cutillas. No en vano fue nadador de competiciones en su edad juvenil.

SAGASETA EN LA MEMORIA

La firma de Salvador Sagaseta, fallecido en Las Palmas de Gran Canaria en noviembre de 2010 a los 61 años, es indisociable de la historia de Diario de Las Palmas. “Fue un periodista precoz, vocación que compaginó en sus años adolescente con su militancia en las juventudes comunistas (PCE). Siendo estudiante en el Instituto Pérez Galdós comenzó a realizar una página en Diario de Las Palmas titulada “Luz verde a la juventud”, recordó Diego Talavera Alemán con motivo de su muerte en El País. Hizo hincapié en que su vida experimentó un cambio drástico a raíz de un artículo publicado en una de aquellas páginas del Diario de Las Palmas, al reproducir el 29 de junio de 1966 el poema “Consejo de Paz” de Pedro Lezcano: “Muchachos que soñáis con las proezas/y las glorias marciales./ Bajaos del corcel, tirad la espada;/ los héroes ya no existen o están en cualquier parte”.

Acusado de injuriar a la institución armada, Salvador Sagaseta tuvo que comparecer ante un consejo de guerra, y aunque sería absuelto por el tribunal , la decisión fue recurrida por el capitán general de Canarias ante el consejo superior de Justicia Militar, que anuló las actuaciones por no haber imputado a Lezcano, autor del poema y libro. La condena llegó en el segundo consejo de guerra en junio de 1967, cayéndole dos años de cárcel al periodista (que cumplió en distintos centros de la Península, además de Las Palmas), y seis meses y un día al escritor.

Hubo una segunda parte en su vida no menos dolorosa, tras cumplir con el castigo de la condena carcelaria. En octubre de 1969 se negó a ser reclutado para el servicio militar en el Batallón Disciplinario en el Sáhara español. Prefirió embarcar en un buque de polizón con destino a Italia, y después siguió a Suecia, de donde regresó a Canarias en 1978 para reencontrarse con sus lectores a través de LA PROVINCIA y Diario de Las Palmas, hasta 2009.

UN CACIQUE BUENO

La uruguaya Lilian Ordiéres sería la primera mujer en aterrizar en la Redacción del Diario de mi época. Le seguirían después María Isabel Rodríguez Suárez y la sudamericana Aglae Masini, elogiada por Arturo Pérez Reverte en “Territorio comanche”, una de sus primeras obras editoriales, centrada en su reporterismo de guerra.

En coincidencia con ellas recibió la bienvenida el terorense Sebastián Sarmiento Domínguez, que apostó años seguidos por Radio Nacional, tras dejar huella de su dominio del oficio y de su calidad como persona. Otros nombres se sumarían a una redacción renovada poco a poco, antes de la muerte de Franco, ocurrida en noviembre de 1975: Juan Trujillo Bordón, Diego Talavera y Pepe Alemán.

Más tarde aterrizaron Ramón Pañella, Luis León Barreto, Cristóbal Rodríguez, Rafael González Morera (redactores-jefes), Alfonso O´Shanahan, José Vera Suárez, Manuel Pío Rodríguez, Carmen Corredor, Adolfo Santana, Fernando Berenguer, Miguel Luis Barrera Ventura (jefe de Local), José Miguel Santana (jefe de Deportes), José Manuel Balbuena Castellano y Víctor Rastrilla, entre otros. Como columnistas de opinión aparecían Víctor Ramírez, Antonio Cubillo, Miguel Jiménez Marrero, Rafael Franquelo, Pinito del Oro, Donina Romero, Antonio Beltrán Sierra, Andrés Hernández Navarro, etc. Y en la condición de colaboradores gráficos Paco Luis Mateos, Luis del Rosario y Tino Armas contribuyeron a potenciar la calidad de contenidos con imágenes del momento que les tocó captar oportunamente.

Los corresponsales en Fuerteventura y Lanzarote, Gerardo Jorge Machín y Agustín Acosta, mas los fotógrafos Juan Santana, Juan Gregorio y Manuel Álamo Montañez, discípulos aventajados del maestro Fernando Hernández Gil, remataban el marco de una Redacción muy profesional, sin dejar de ser entrañable. Su funcionamiento era el adecuado en conexión con el archivo fotográfico gestionado por Ángeles Socorro, con el departamento de Corrección capitaneado por Eduardo Azofra, el taller de linotipistas y montadores coordinado por el veterano José Calderín, y la Administración pilotada por Antonio Ortega y Pedro Santana.

Todos conformaban la tripulación de un “barco” timoneado por el entonces consejero delegado, Tomás Hernández Pulido, “lugarteniente” de Matías Vega Guerra, presidente del consejo de administración de Prensa Canaria. En el campo de la anécdota cabe anotar hoy que éste fuese tildado de “cacique” por Pepe Alemán, bien es verdad que con su característico tono desenfadado, ante Nacho Jiménez Mesa, director de Diario de Las Palmas en aquel instante. Matías Vega era abogado de profesión, y ex presidente del Cabildo grancanario, ex gobernador civil de Barcelona, ex embajador en Venezuela y ex presidente de la Junta de Obras del Puerto de La Luz y de Las Palmas.

El dardo de Alemán (Premio Canarias de la Comunicación 2023) se suscitó en uno de los frecuentes y acalorados debates internos. Y Nacho Jiménez, con su vehemencia y pasión proverbiales, se apresuró a cuestionar y replicar el juicio del compañero: “Rechazo el calificativo que adjudicas a don Matías… Pero te puedo admitir que ha sido un cacique bueno”, puntualizó. La observación sirvió al menos para despertar la sonrisa cómplice de su interlocutor y la de los colegas, testigos divertidos de la discusión.

La sangre nunca llegaba al río en aquel clima de camaradería, pese a la pluralidad ideológica de quienes en diferentes etapas pertenecieron a la Redacción de Diario de Las Palmas. Un abanico de falangistas, conservadores, liberales, socialistas, comunistas, y hasta algún ácrata, pagados todos por Matías Vega Guerra.

Amado José El-Mir fue el primer canario doctorado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense, tras sus estudios iniciales en los Jesuitas de Las Palmas y luego en la Universidad de La Laguna. Durante un periodo de los años 80 del siglo pasado empuñó las riendas del periódico que hoy cumple 130 años. Afrontó su jubilación puntual con serenidad y sin el menor asomo de pesadumbre por lo que perdía o dejaba, que era mucho. Todavía hoy perdura su amor al oficio, aunque manteniendo una comprensible distancia protectora. “Hemos vivido y disfrutado con la mejor época quizás del periodismo. Quedémonos con este recuerdo”, declaró a colegas de su generación en la despedida. Sabia reflexión no rechazada por los que escucharon y nos sentíamos vinculados a su círculo más cercano.

Publicado en La Provincia el 19.12.23

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La congregación mantiene sus raíces en Gran Canaria y Tenerife, volcada en la docencia y la atención social

IMG 20231209 002148 1536x1152Foto: Fernando Miranda recibe de manos de José Antonio Perdigones un obsequio durante la gala del centenario

“Hemos de afrontar el reto de futuro con el estilo de don Bosco”, afirma José Antonio Perdigones, director del Colegio de Ciudad Jardín

Los salesianos han aprovechado la clausura del centenario de su primer centro en Canarias, abierto un 8 de diciembre de 1923, para mostrar músculo y desafiar el futuro de otros cien años con la fe y el optimismo que exige el mensaje de su fundador, don Bosco, a favor de la educación y la ayuda a los jóvenes, en especial a los más vulnerables por razón de su precariedad social.

La confianza de la dirección salesiana en potenciar los valores que han guiado su actuación en el Archipiélago durante este primer siglo es enunciada sin ignorar el desplome de las vocaciones que han padecido y padecen, al igual que otras comunidades religiosas, además de las diócesis de todos los territorios, motivo por el que el papa Francisco reclamó recientemente la presencia de los obispos españoles para una reunión en Roma.

IMG 20231206 205031Foto: En el centro, rodeado de alumnos, el rector mayor de los salesianos Ángel Fernández Artime, tras su llegada a Gran Canaria en mayo de 2023 con motivo del centenario. Meses después el papa Francisco lo hizo cardenal de la Iglesia católica.

Para enfrentar la dificultad, los salesianos sustentan su confianza en una eficaz red de cooperadores y cooperadoras, que han multiplicado en todas las latitudes de sus asentamientos, de modo que han conseguido mitigar el déficit de clero en muchas de ellas.

La clausura del centenario en el colegio de Ciudad Jardín de la capital grancanaria en la noche del viernes sirvió a los principales dirigentes no sólo para realzar la efeméride, sino también para evocar la tarea preferente con que nació la congregación inspirada por su fundador.

José Antonio Perdigones Bautista, director, enfatizó durante su intervención en la cena multitudinaria, celebrada en el patio del colegio, que corresponde a las nuevas generaciones el protagonismo y “aunque añoramos el pasado, toca vivir el presente y planificar el futuro.

IMG 20231206 WA0035Foto: Fernández Artime con José Carmelo Pulido, entonces director del centro docente de la capital grancanaria

Es el reto que hemos de afrontar en familia con el pegamento del carisma salesiano y el estilo de don Bosco. Nos hemos comprometido a seguir escribiendo la historia del segundo centenario”, sentenció.

En la concelebración eucarística por varios sacerdotes oficiada con anterioridad en la parroquia de Santa Catalina, anexa al colegio, Fernando Miranda Ustero, Provincial de la Inspectoría Salesiana María Auxiliadora, con sede en Sevilla, abundó en su homilía en el papel educativo de la comunidad, centrándose en la formación profesional de la juventud a lo largo de más de un siglo, después de resaltar la Inmaculada como festividad de la jornada.

La cena de gala propiciaría escuchar y distinguir con un obsequio a Sor Rosario Ten, inspectora provincial de las Salesianas de España, que estaba acompañada de representantes de todos los centros gestionados en Gran Canaria por las hijas de María Auxiliadora.

Otro detalle, consistente en un reloj con la silueta geográfica de Gran Canaria, fue entregado a Fernando Miranda en la velada gastronómica.

LABOR DOCENTE Y SOCIAL

La clausura del centenario de los salesianos en Canarias sugiere enfocar su realidad al día de hoy, un siglo después de su arribada a Gran Canaria, precedida por la iniciativa y esfuerzos del obispo Cueto en 1898, diez años más tarde del fallecimiento de don Bosco.

El prelado emprende la gestión a través de los salesianos de Sarriá y la continúa luego con los de Sevilla antes de comunicarse directamente con Turín, sede del mando general de la comunidad religiosa. El eclesiástico insular actuó entonces respaldado por el ayuntamiento de la capital grancanaria y una asociación de cooperadores, mas el concurso posterior y decisivo de Alejandro Hidalgo, Santiago Ascanio y la esposa de éste, Rafaela Manrique de Lara, para acabar adquiriendo la sede de Ciudad Jardín.

En palabras de José Carmelo Pulido Morales, salesiano y director del centro al inicio del programa centenario en enero pasado, la trayectoria descrita por la comunidad en este largo periodo ha permitido consolidar “una realidad educativa, religiosa y social comprometida con la sociedad canaria”. A los datos remite. El colegio cuenta con 1.300 alumnos. Curiosamente los dos primeros matriculados en 1923 eran dos niños del Puerto de La Luz que habían quedado huérfanos en el curso de una horrible epidemia de gripe durante la que perdieron a sus progenitores. En respuesta a una información de LA PROVINCIA sobre su drama (publicada el 22-XI-1923), los salesianos recién llegados acordaron acoger gratuitamente a ambos menores para su cuidado y educación.

IMG 20231206 WA0028Foto: Ángel Fernández Artime con tres alumnas canarias de los Salesianos, antes de ser designado cardenal por el papa Francisco

La congregación funciona además en la capital grancanaria con dos parroquias (Santa Catalina y María Auxiliadora), un centro juvenil y la Fundación Don Bosco, destinada a la promoción de los jóvenes en situación de desigualdad social, a la vez que atiende a otros grupos en condiciones de vulnerabilidad como los migrantes, mujeres, desempleados y personas con adicciones.

La implantación del primer centro de los salesianos hace un siglo incentivó el nacimiento de bastantes otros (sumando cinco de las Hijas de María Auxiliadora), tanto en Gran Canaria como en Tenerife, donde afianzaron sus raíces, pese a la progresiva crisis vocacional y al cierre de sus aulas en Guía de Gran Canaria (1955-1971) y Teror (1955-1968).

Cierres que merecieron calificarse de penosos, tras unas etapas verdaderamente fecundas en el campo de la enseñanza. El centro guiense produjo incluso dos salesianos misioneros: Gilberto González Díaz (Guía de Gran Canaria, 1945) destinado a Paraguay, donde aún sigue después de su jubilación, y Lucas Camino Navarro (Tejeda, 1948) que desplegó su labor durante treinta años en Senegal, Togo y Burkina Faso. Hoy ejerce en Málaga y apoya la parroquia de María Auxiliadora en Ronda.

IMG 20231208 232554 1536x1152Foto: La Parranda del Ejido agüimense durante su recital en la cena salesiana

Ambos colegios sufrieron en común los desencuentros entre el episcopado de la época y las reivindicaciones de la congregación, con ansias de mayor libertad y autonomía en su gestión educativa y religiosa frente a límites restrictivos de la diócesis. Tal circunstancia no fue la menor, entre otras, para frustrar la continuidad de los mismos en manos de los seguidores de don Bosco. El inmueble de Guía, de singular arquitectura, cedido temporalmente por el obispado al Cabildo, va camino de transformarse en residencia sociosanitaria, y el de Teror es casa consistorial de la villa mariana.

No obstante el descenso reconocido de vocaciones en distintos ámbitos, en el diocesano y en las órdenes religiosas, “el espíritu de don Bosco está más actual y vivo que nunca en las casas salesianas”, declaraba en mayo de este año a LA PROVINCIA-Diario de Las Palmas, Ángel Fernández Artime, rector mayor de la congregación, asturiano de Luanco, consagrado cardenal por el papa Francisco meses después.

Una manifestación, la suya anterior, en coherencia con los objetivos y la literalidad del texto con que el fundador, junto a dieciocho jóvenes, constituyó su congregación una fría tarde del invernal diciembre turinés en 1859. Suscribió la puesta en marcha de su movimiento “con el deseo y el mismo espíritu de promover y conservar el espíritu de auténtica caridad en la obra de los Oratorios a favor de la juventud abandonada y en peligro (…), determinan erigirse en sociedad o congregación”.

Hoy persisten con la novedad de integrar más que ayer a laicos y laicas como enorme fortaleza para ayudar “a un mundo falto de justicia real, solidaridad y paz”, como se encargó de añadir y subrayar también Fernández Artime en Las Palmas con motivo del siglo presencial de los salesianos en Canarias.

El impulsor, Juan Bosco, sería canonizado por el papa Pío XI en 1934. Por su parte, Juan Pablo II le concedió el título de “padre, maestro y amigo de los jóvenes”. Y otro, Francisco, el papa actual, admirador del sacerdote turinés, alardea con frecuencia públicamente de su educación salesiana en Argentina, antes de ingresar en la orden de los jesuitas.

*Publicado en La Provincia el 10 de diciembre de 2023.

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El historiador guiense cuenta la llegada de la familia británica en el siglo XIX y su establecimiento en la isla para invertir en la agricultura

En la presentación del acto, Amado Moreno destacó la tarea laboriosa del investigador sobre la trayectoria particularmente de David John Leacock

En el transcurso de una charla ofrecida el pasado 29 de septiembre en la Real Sociedad Económica Amigos del País de Gran Canaria, el investigador guiense Sergio Aguiar Castellano hizo una amplia descripción de la historia de la familia Leacock, de origen inglés radicada en Madeira desde el siglo XVIII, donde se relacionó con el comercio del vino, hasta crear una de las empresas exportadoras más importante de la isla portuguesa.

IMG 20221017 WA0035 2José Joaquín Díaz de Aguilar, presidente de la Real Sociedad Económica de Gran Canaria, y Sergio Aguiar/ C. MARIN

Destacó que los primeros pasos que la familia dio en las Islas Canarias fueron en 1887 cuando John Milberne Leacock comenzó a negociar con vinos de Canarias, especialmente de Lanzarote, instalando unas oficinas en la calle Triana de Las Palmas de Gran Canaria, y diversificando poco a poco los negocios: venta de abonos, seguros contra incendios, etc.

En 1887 Edward Wathen Fyffe, miembro de una familia exportadora de té, visita las islas Canarias, por problemas de salud de su esposa, ya que ésta tenía tuberculosis. Permanece más de un año en las islas, lo que le da oportunidad de conocer el estado de la agricultura en Canarias, además de conocer a la colonia inglesa que vivía en ella.

Al ver el potencial de la exportación de plátanos llegó a acuerdos comerciales con algunos de los británicos establecidos en Gran Canaria y Tenerife: Barkers, Blandys, Wolfson Ossipoff y John Milburn Leacock.

Un año después, en 1888, comenzó a operar la casa comercial “Fyffe’s Ltd”. La iniciativa británica ya no se reduciría a la exportación de la fruta, sino que también se ocuparía de su producción. Arriendan y compran terrenos allí donde había suministro seguro de agua.

John Milberne crea el 7 de febrero de 1903 junto a Francisco Lorenzo Rodríguez vecino de Gáldar, la firma comercial “Leacock & Lorenzo”:

“El objeto principal de la Sociedad consiste en el aprovechamiento, alumbramiento, elevación, conducción y explotación de aguas, existentes, ya en terrenos de la Sociedad, ya del Estado, Municipio o particulares, practicando al efecto las obras, adquiriendo e instalando los aparatos y máquinas que se juzguen necesarios, solicitando las oportunas concesiones administrativas, constitución de servidumbres de acueducto, expropiación de terrenos, y todos lo demás que se tiene conveniente al indicado fin”, recordó.

A la vez que Mr. John M. Leacock comenzaba su nueva andadura empresarial de explotación de aguas, se convirtió en representante de firmas comerciales de fabricación de maquinaria y productos relacionados con esta materia, especialmente motores y molinos de viento.

Los negocios de la firma Leacock tanto en Madeira como en Gran Canaria fueron experimentando una diversificación, hasta tal punto que en 1909 se encuentra a John Milberne como miembro del consejo fiscal de la “Compañía de Tabacos de Madeira”. Pero sin duda la apuesta más importante de los Leacock en 1909 fue la de invertir en el sector de la caña de azúcar, tanto en Canarias como en Madeira.

En el año 1909 compra la fábrica de azúcar de Guía, propiedad de la firma comercial radicada en Manchester “Lathbury y Compañía”, por 2.000 libras esterlinas,

John Milberne Leacock falleció en la ciudad suiza de Lausana el mes de mayo de 1915, a la edad de 67 años. Como era de esperar la prensa de Madeira y de Gran Canaria se hicieron eco de su muerte.

Al fallecimiento de John Milberne Leacock el 19 de mayo de 1915, su esposa Mary Silence (Erskine) Leacock es la heredera de todos su bienes. John Milberne había firmado su testamento el día 8 de septiembre de 1908, donde declaraba a su mujer única heredera.

A partir de 1915 el primogénito David John Leacock -siguió describiendo Sergio Aguiar-, adquiere un protagonismo más que evidente en la administración de los bienes que la familia posee en Gran Canaria, isla donde se instalará con su esposa Jessie Etchels y donde en el mes de agosto nacerá la primogénita del matrimonio, Elizabeth Leacock.

David Leacock se había casado a finales de diciembre de 1914 en Inglaterra con Jessie Etchels. Aficionada a la pintura y a las bellas artes, su padre John Charles Etchells era un ingeniero de prestigio. A través de su hermano Ferderick, reconocido arquitecto y pintor contactan con el Grupo de Bloomsbury influyente grupo de escritores, intelectuales, filósofos y artistas ingleses, entre cuyos miembros más conocidos estaban Virginia Woolf, John Maynard Keynes, E. M. Forster y Lytton Strachey. Sus obras y perspectivas influyeron profundamente en la literatura, la estética, la crítica y la economía, creando actitudes modernas en el feminismo, el pacifismo y la sexualidad.

Influenciado por el pacifismo, David J. Leacock se declaró objetor de conciencia en la Primera Guerra Mundial. Muchas de las personas con las que él se relacionó en el denominado Círculo de Bloomsbury -relató Aguiar- fueron destacados antimilitaristas. Fue el caso de Bertrand Russell (premio Noel de Literatura en 1950) muy conocido pacifista durante la Primera Guerra Mundial, lo que acabó llevándolo a la cárcel durante seis meses por la publicación de artículos y panfletos.

De la amistad con Russel han quedado para el recuerdo unas fotografías de la visita que éste hizo a Leacock en el año 1935 a su casa en Guía. Al respecto, el hijo de David John, Richard Leacock en sus memorias recuerda que conoció a Russel en Guía con motivo de la citada visita.

Leacock tuvo cuatro hijos con su primera esposa, Jessie, que falleció a los 41 años de edad, el día 7 de diciembre de 1933 en el barco que la devolvía a Inglaterra. Elizabet nacida en San Lorenzo (Gran Canaria) en 1915 se graduó en Trabajo Social en la Universidad de Pennsylvania, trabajó en diferentes lugares, y finalmente en la Oficina de Servicios Comunitarios de Brooklyn hasta su jubilación en 1980.

Philip, que fue un destacado director de cine. En la década de los 60 se mudó a Hollywood y se concentró casi exclusivamente en dirigir películas y episodios para televisión. Ursula, pintora, vivió en Guía entre 1959-1960 con su primer marido George Knox que fue gerente de la empresa. Richard, que estudió Ciencias Físicas en la universidad de Harvard, fue un destacado documentalista. El festival de Cine de Las Palmas tiene un premio con su nombre.

Apuntó Sergio Aguiar que David Leacock comienza en septiembre de 1920 una aventura empresarial en solitario, que durará 60 años, si bien desde los primeros meses de 1920 ya se observa una cierta independencia en las gestiones de la empresa familiar. De hecho, en la prensa tanto de Gran Canaria como de Tenerife se publican diversos anuncios con la única referencia a él, tal es el caso de la publicidad que hace en el periódico “La Tarde” editado en Santa Cruz de Tenerife en los primeros meses de 1920, como agente exclusivo para Canarias de la marca de motores “Crossley”.

Años 30 del pasado siglo XX. David John Leacock y su primera esposa, Jessie, sentados en su casa de Becerril de Guía, lugar en el que recibieron y alojaron después a su amigo Bertrand Russell, premio Nobel de Literatura 1950.5. Jessie y David John en su casa de Becerril de Guia 1426x1536

A los pocos días del Golpe de Estado en julio de 1936, David John Leacock y su segunda esposa Florence Elizabeth, son detenidos.

Su libertad tuvo que pagarla, disfrazándose la misma como un donativo que éste hacía a las autoridades militares. Al respecto Leacock en una carta de protesta, informaba que “hemos sido molestados seriamente por las nuevas autoridades militares que asumieron el control […] Por sugerencia de cónsul en Las Palmas, Mr. Head, hice una donación de 5.000 pesetas al fondo de las autoridades militares, quienes prometieron entonces que yo no sería molestado más […] las molestias se incrementaron después de esto”. Pero a Míster Leacock no sólo se le impone una multa de 25.000 pesetas, sino que se le obliga a colocar al frente de sus negocios a un ciudadano español, si bien tenía un apoderado inglés Mr. Federico Ernesto Clark.

Además, se muestra convencido de que la intención de las autoridades militares es destruir su negocio, amparándose en acciones realizadas por él de tal manera que le sirva para justificar la confiscación de su propiedad. Aunque manifiesta que: “Deseo afirmar categóricamente que ni mi esposa, ni yo, tomamos parte en la oposición a la ocupación militar, ni tampoco ninguno de los dos ayudó a los funcionarios del gobierno local o líderes políticos para escapar”.

Este comentario hay que enmarcarlo -puntualizó Sergio Aguiar- en la huida del diputado comunista Eduardo Suárez Morales y Fernando Egea Ramírez, delegado gubernativo en el Norte de Gran Canaria, que organizaron la resistencia contra los golpistas en la comarca norte, y que en su huida, según datos recabados por el Cronista Oficial de La Aldea, Francisco Suárez Moreno, se pertrecharon de combustible en el fallido intento de escapar de la isla, en el pozo propiedad de Mr. Leacock en Agaete. Además de que diversas fuentes orales señalan que el chófer de Mr. Leacock fue el que los llevó desde Guía a Agaete

La ya citada carta que envía Leacock en agosto de 1936 al secretario de Estado, “nos proporciona una destacada información sobre su propiedad en Gran Canaria, que él manifiesta es de 432 fanegadas de tierras, 48 km de tuberías, estanques y presas y estaciones de bombeo de agua. Y además indica que las ganancias de su empresa en 1935 ascendieron a casi 10 mil libras esterlinas, siendo sus cuentas auditadas por una firma del Instituto de Contadores Públicos de Inglaterra”.

Después de un año en Inglaterra, en octubre de 1937, se va a los Estado Unidos, de donde era natural su segunda esposa Florence Elizabeth, nacida en 1905, con la que tuvo una hija, Martha Leacock (Estados Unidos,1939).

1973. Amado Moreno (d) entrevista para "Diario de Las Palmas" al cineasta internacional Philip Leacock, en presencia de su padre David John Leacock/PACO LUIS MATEO27. Amado Moreno d entrevista en Becerril de Guia para Diario de Las Palmas al cineasta Philip Leacock i en presencia de su padre D.J. Foto de Paco Luis Mateo 1971

MISIONES INTERNACIONALES

El exilio de Míster Leacock se prolongó 27 años. Comienza a trabajar en INDUSCO Cooperativas Industriales de China, una organización en el norte de este país, que jugó un papel importante en la lucha de los chinos contra la ocupación japonesa y el ejército de Chiang Kai-shek, indicó el conferenciante. Indusco, fue creado para desarrollar una nueva base económica en China inspirado en principios democráticos, buscó proporcionar trabajo, educación, bienes de consumo e industriales, y una oportunidad para que los trabajadores chinos controlaran sus propias fábricas y organizaciones, explicó Aguiar seguidamente.

En los Estados Unidos se estableció un departamento técnico, dirigido por David John Leacock, que obtuvo la ayuda de muchos prominentes ingenieros y técnicos estadounidenses, encabezados por el decano de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Columbia, Walter Rautensrauch, con el objetivo de resolver problemas de las Cooperativas Chinas.

“Sin duda la experiencia adquirida en Indusco y su buen hacer como responsable técnico, consolidó el prestigio como ingeniero de Leacock, lo que le abrieron puertas en otras organizaciones -expuso Sergio Aguiar-. De tal manera que con 54 años de edad se incorpora en los primeros meses de 1944 en UNRRA: Administración de las Naciones Unidas para el Auxilio y la Rehabilitación o Administración de las Naciones Unidas para el Socorro y la Reconstrucción. El propósito de la UNRRA era “planificar, coordinar, administrar u organizar la administración de medidas para el alivio de las víctimas de la guerra”, en cualquier área bajo el control de cualquiera de las Naciones Unidas a través de la provisión de alimentos, combustible, ropa, refugio y otras necesidades básicas, servicios médicos y otros servicios esenciales”.

Míster Leacock fue nombrado representante del UNRRA para Yugoslavia, cargo que desempeñó entre 1944 a 1949.

Al concluir sus trabajos en UNRRA David John Leacock comenzó a trabajar en Ginebra (Suiza) como consultor especialista en la Comisión Económica para Europa (ECE), organismo perteneciente a la ONU, que se creó en 1947 para promocionar la cooperación económica entre sus Estados Miembros. Trabajó en el área de servicios públicos, construcción, minería, maquinaria agrícola y metalúrgica. Una de las tareas específicas realizadas fue recopilar información sobre las necesidades y disponibilidades de los soportes de mantenimiento de los vehículos de motor y examinar los medios para facilitar su adquisición por parte de los gobiernos integrados en la CEPE. Además, desde Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa, destacó por sus trabajos en la búsqueda de métodos para aumentar la producción y distribución de penicilina. De tal manera que participaba en el Consejo Ejecutivo de la Organización Mundial de la Salud, como especialista en equipamientos, industrias y materiales de base. Y en junio de1952, al cumplir los 62 años, deja de trabajar y se va a vivir a Francia, en concreto a la Costa Azul.

En la Navidad de 1963, después de 27 años de exilio, vuelve a Gran Canaria, y toma directamente las riendas de la empresa. No dudando en vender algunas fincas para capitalizarse, trasladando sus decisiones directamente a sus gerentes o encargados y estos a su vez al resto de empleados.

FALLECIMIENTO Y LEGADO A LOS TRABAJADORES

Por último, el historiador Sergio Aguiar aludió al final de los Leacock en Canarias, confirmando que David John Leacock falleció en su casa de Guía de Gran Canaria a las 14,00 horas del día 22 de abril del año 1980. Había realizado testamento abierto a las 13,30 del día 18 de agosto del año 1977, ante el notario D. José Gómez de la Serna Nadal. En el remanente de todos sus bienes, derechos y acciones que posee en España, instituye por sus únicos y universales herederos a 11 de sus trabajadores. Manifiesta el otorgante que dado el régimen de separación de bienes que rige su matrimonio y el principio de libertad de testar establecido por la legislación inglesa, sin prejuicio del profundo afecto que profesa a su esposa y a sus hijos, es su voluntad instituir e instituye únicos y universales herederos de todos sus bienes, derechos y acciones que posee en España a los anteriormente expresados.

Con la muerte de David John Leacock acaba la historia de la presencia de la familia Leacock en Canarias.

LABOR RIGUROSA, SEGÚN AMADO MORENOAMADO 2018 300

El protagonista de la charla había sido presentado en los inicios del acto por el periodista Amado Moreno, quien agradeció en primer lugar la invitación de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria para referirse a Sergio Aguiar, como autor con Augusto Álamo, de la primera obra biográfica sobre David J. Leacock y su familia. A continuación, el texto íntegro ofrecido por el presentador:

“Agradezco la invitación, no porque yo persiga salir en la foto. En absoluto. Bien lo saben aquellos que me conocen. Les confieso que tampoco ayuda a aceptar este pequeño reto el miedo escénico que nos impone intervenir en esta entidad con más de doscientos años de historia y prestigio, dispuesta siempre al servicio de la sociedad grancanaria.

Hoy he recogido el guante para intervenir en este acto por resultarme difícil rechazar una propuesta cuando procede, como en este caso, de un amigo entrañable de muchos años como Francisco Reyes, con una acreditada labor ininterrumpida y admirable en esta Real Sociedad, ahora estimulada por una nueva etapa ilusionante con otro director, José Joaquín Díaz de Aguilar.

Influyeron además para corresponderle dos factores no menos importantes: mi estrecha relación de amistad igualmente con Sergio Aguiar, y el encuentro profesional que he tenido en el pasado remoto y reciente con miembros de la familia Leacock en sendas ocasiones. Con David J. Leacock y dos de sus hijos: con el conocido cineasta Philips, contacto en el que su padre hizo de intérprete (año 1973 del siglo pasado), y no hace mucho tiempo, con Martha, la única superviviente, residente hoy en Escocia, pero que de vez en cuando vuelve a Gran Canaria para evocar su infancia en el Norte de nuestra isla, donde todavía conserva parte del legado de su padre, y algunas amistades, como las de los dos autores de esta biografía de su padre.

De hecho, ambos, Sergio y Augusto, hicieron un viaje a Escocia para recopilar documentación e impresiones de la propia Martha, en casa de ésta.

Lástima que haya trascendido sólo una entrevista concedida por David J. Leacock para hablar de su llegada a Canarias y la visión de la realidad a la que enfrentó su sueño empresarial. Tal entrevista fue localizada por Sergio Aguiar en un ejemplar del desaparecido periódico El Eco de Canarias, con fecha 25 de julio de 1964.

En ella David J. Leacock es definido y destacado como “el hombre enamorado de su tierra adoptiva que gracias a su iniciativa privada más puestos de trabajo había creado en Gáldar y Guía”.

Cuenta él su impacto inicial con el transporte de la fruta en camellos hasta su llegada al muelle para embarcarla. Se muestra satisfecho de su contribución al mantenimiento del viejo dique de Sardina del Norte. Lamenta la extinción progresiva del “toro de Gáldar”, de gran utilidad entonces para arrastre del transporte, y adelanta su ambicioso proyecto de una red de tuberías para bajar el agua de la cumbre a los cultivos de costa. También revela su total sintonía con los análisis de Manuel Bermejo para el desarrollo agrícola y ganadero de la comarca. Y aprovecha Mr. Leacock para dejar claro su pensamiento al respecto: “Necesitamos ofertar en el mercado frutas y verduras de primera calidad, para cuyo cultivo es preciso estiércol bueno. Promover la crianza de ganado vacuno con pastos de calidad para lograr buena carne y leche, a precios asequibles”. Finaliza nuestro personaje inglés efectuando un llamamiento a los canarios y autoridades “a mecanizar las fincas de forma radical y total, introduciendo modernos sistemas científicos de cultivo”. Una tarea en la que fue un verdadero avanzado de su tiempo, como así recoge y describe el libro firmado por Sergio Aguiar y Augusto Álamo.

¿Pensamiento político de Mr. Leacock? “Era mitad socialista y mitad comunista”, me respondió rotunda su hija Martha durante la conversación que mantuvimos hace pocos años en Sardina del Norte para ser reproducida un domingo en el periódico LA PROVINCIA-Diario de Las Palmas. La foto de portada de aquel día no podía ser más elocuente: Martha sentada con un ramo de flores junto a la tumba de su padre inolvidable, en el cementerio de La Atalaya de Guía.

Por cierto, la sencilla tumba de David J. Leacock contrasta y se halla junto al mausoleo de José Samsó, destacado militar y general monárquico, que fue comisionado para inspeccionar las condiciones de los prisioneros de la Primera Guerra Mundial en Europa, como representante de España, país neutral en el conflicto.

Ambos personajes, Leacock y Samsó, compartieron metas comunes para impulsar la agricultura canaria y potenciar la apertura de mercados en el exterior. Tras crear la primera cooperativa en 1922, Samsó, de ascendencia catalana, promovió el Consejo Regulador de la Exportación de Plátanos.

Curiosamente, su ideología política conservadora no fue obstáculo para sellar una amistad duradera con David J. Leacock, desde el mutuo respeto que ambos se profesaban. Toda una lección de civismo y convivencia la de ambos, anteponiendo el interés colectivo al individual, a diferencia de lo que sucede en este tiempo actual tan convulso en casi todos los órdenes con muchos de nuestros personajes públicos descalificándose permanentemente en pandemia y sin pandemia. Y nada digamos del vertedero incontrolable de determinadas redes sociales, alentadas a través de la nueva tecnología.

Es oportuno recordar que entre los títulos editoriales que ha producido Sergio Aguiar antes que este de Mr. Leacock, figura uno sobre José Samsó, lanzado por editorial Mercurio.

Para no caer en la tentación de irme por los cerros de Ubeda con otras disquisiciones, según “uso y costumbre” de los que ya sumamos unos cuantos años, ofrezco rápidamente una pincelada o perfil de nuestro amigo y autor de la biografía sobre David J. Leacock y su familia, junto a Augusto Álamo.

Sergio nació en Guía de Gran Canaria en 1966. Se licenció en Filología Hispánica por la universidad de La Laguna. Es especialista en Análisis y Diseño de Sistemas de Gestión Documental.

Desde el año 2001 ejerce como técnico del Archivo y Biblioteca Municipal de Guía. Es miembro de la Asociación de Archiveros de Canarias.

Por diversas razones, especialmente de amistad, reconozco que no soy yo el más indicado para catalogar la solvencia de Sergio Aguiar como investigador. Prefiero por consiguiente remitirme al juicio certero y brillante que hizo de su trabajo semanas atrás, con total independencia, el profesor Juan Ferrera Gil en el digital Infonorte, sin la menor sospecha de que exista una relación o connivencia entre ambos, salvo la atribuible conexión que podría darse entre un autor y un lector:

“Sergio Aguiar da muestras sobradas de trabajo efectivo y realizado, de esfuerzo constante que se confunde con la pasión investigadora, donde la seriedad y eficacia han encontrado por fin su sitio verdadero –escribe el mencionado profesional de la docencia-. (…) Es –añade- un auténtico valedor de la historia, de los legajos oficiales y de todos aquellos documentos que hablan de momentos pasados que resultan muy significativos, más que nada por su consideración de papeles vivos en un mundo que los intenta olvidar, (o, incluso, en algunos casos, secuestrar”.

El articulista se deshace en estos reconocimientos, tras haber leído la obra dedicada a David J. Leacock, y otra –la última- sobre el filólogo guiense, Miguel Santiago, afincado en Madrid, donde falleció hace cincuenta años, después de haber sido uno de los discípulos predilectos de Ramón Menéndez Pidal. Ambas publicaciones lucen la firma de Sergio Aguiar como denominador común.

Acabo pidiendo perdón a todos por mi extensión y saltarme la escaleta. Admito que es irrefrenable mi afán de compartir información que considero de interés en cuanto a hombres o mujeres que forman parte de nuestra historia canaria como algunos de los ya citados. Sorry, diría Mr. Leacock.

Cedo ya la palabra a Sergio Aguiar, verdadero protagonista de este acto. Muchas gracias”.

EANDRO CESAR 2 279x300Félix Delgado, historiador: “Es un escritor comprometido con la sociedad canaria, que ponderó la importancia de lo humano, y la peligrosidad de mercantilizar lugares, relaciones e ideas”

La Biblioteca Insular grancanaria ofrece una muestra del legado documental del autor lanzaroteño, tras el centenario de su nacimiento, incluyendo su peripecia vital en las minas de Bélgica

“Leandro Perdomo Spínola (Arrecife, 1921-Teguise, 1993) es uno de los periodistas y escritores importantes de Canarias de mediados de siglo XX”, destaca con rotundidad Félix Delgado López, historiador y comisario de la muestra que ayer fue inaugurada en la Biblioteca Insular grancanaria con gran parte del legado documental del autor lanzaroteño, tras cumplirse el centenario de su nacimiento en 2021.

leandro perdomoFélix Delgado, Sara Bermúdez, Francisco Hernández y Herminia Fajardo, ayer junto al retrato de Leandro Perdomo, realizado por su hijo Manuel Perdomo/A.M.

Al margen de sus aportaciones periodísticas y cabeceras propias, publicó media docena de libros: “Diez cuentos” (1953), “El Puerto de La Luz” (1955), “Nosotros los emigrantes” (1970), “Lanzarote y yo” (1974), “Desde mi cráter” (1976) y “Crónicas isleñas” (1978).

Manolo Millares, César Manrique y Julio Viera ilustraron portadas de algunas de sus obras, según testimonia la exposición abierta al público hasta el 7 de octubre, con un recorrido por la vida y producción literaria del protagonista. La iniciativa cuenta con el respaldo del Cabildo de Gran Canaria, ayuntamiento de Teguise, el Archivo Histórico y el Pacto por la Lectura y la Escritura de Gran Canaria, además de la Fundación César Manrique y la familia de Leandro Perdomo.

Luego de examinar un recorrido por su vida y su obra, parece existir consenso generalizado en muchos de sus seguidores para concluir que el personaje lanzaroteño era “un libertario, amante de la integridad y eterno inconformista”. La opinión de Félix Delgado no se aleja de este juicio, matizando que “ciertamente se ha dicho que fue un hombre íntegro, de hechos e ideas parejas. También una persona buena, siempre atenta a generar el bien”.

JEANDRO CESARLeandro Perdomo Spínola con César Manrique

El historiador y comisario pone su énfasis en la primera entrega relevante de Leandro Perdomo: “Con ´Pronósticos´ promovió, en un momento de posguerra y dictadura, una plataforma que podía recoger problemas y mejoras que necesitaba la isla, y que sirvió de lugar donde desarrollar la vocación y creatividad de periodistas y escritores.

En este sentido fue muy importante porque acogió la participación de literatos como Ventura Doreste, José María Millares…“Diez Cuentos” o “El Puerto de la Luz” son ejemplos de su impulso creativo, piezas cortas donde ahondó en varios lugares de Las Palmas, o en tipos humanos”.

Agrega y explica cómo Gran Canaria constituyó un estímulo para su crecimiento vital y cultural: “Arrecife era una población pequeña, con poco movimiento social y cultural.

Las Palmas de Gran Canaria era un puerto comercial, con una población mayor, lo que le prometía más publicidad y lectores para su cabecera y escritos, y además era un lugar donde había más estímulos intelectuales y donde pudo colaborar con escritores o artistas como Manolo Millares”.

LEANDRO ESPOSALeandro Perdomo Spínola con su esposa Josefina Ramírez y cinco de sus seis hijos

Definido con ideología de izquierda, sus textos expresan una crítica solapada a la dictadura de su época: “Leandro Perdomo ha dejado escrito que en la España de los años cincuenta no había libertades, ni trabajo -recuerda ahora Félix Delgado-. Por sus venas corría la emigración como una solución. Su familia había ido a América, pero para los españoles Europa aparecía como un lugar moderno, propicio para el desarrollo social e intelectual. Tras contraer matrimonio, y con varios hijos (tuvo seis), igualmente le debió parecer como un sitio donde probar fortuna para solventar problemas económicos. Había un convenio entre Bélgica y España para trabajar en las minas. Y se acogió al mismo”. A los dos años de su actividad en los yacimientos de San Quintín y del Goufre tuvo que abandonar a consecuencia de una bronquitis que le diagnosticaron.

Al principio se trasladó sin su familia para trabajar en el fondo de la tierra, relatando después la dureza de la experiencia. Con el tiempo se le unieron su mujer e hijos. Consiguió permiso para desarrollar su profesión, e impulsar otra cabecera: “Volcán”, que se distribuyó no sólo en Bélgica, también en Holanda y Alemania. “Gracias al estimulo de intelectuales emigrantes lograría dar voz a los problemas y soluciones que les acuciaban, significando un soporte que los enriqueció culturalmente”, resalta el historiador y coordinador de la muestra.

“Cuando vuelve de Bélgica en 1968, Lanzarote ha cambiado mucho –cuenta-. Sobre todo se percata que hay una mutación económica con el desarrollo del turismo y la paulatina caída del mundo rural y pesquero. Asimismo, registra un crecimiento demográfico y una transformación social y cultural. Con la democracia pudo intuir que había mayores oportunidades para ejercer la libertad de expresión y pedir derechos y deberes. Leandro asume su papel de escritor comprometido con el desarrollo y mejora de la sociedad canaria”.

No duda en reflejar en sus libros y artículos periodísticos siguientes “el ponderar la importancia de lo humano, y la peligrosidad de la mercantilización de lugares, relaciones e ideas -subraya Félix Delgado-, a la vez que aboga paralelamente por la elaboración de una mitología insular anclada en la memoria”.

La inauguración de la muestra concitó ayer en la sala de la Biblioteca Insular grancanaria la presencia y las intervenciones de la concejala de Archivo, Patrimonio, Biblioteca y Juventud del municipio de Teguise, Sara Bermúdez Aparicio, el cronista oficial de la misma villa, Francisco Hernández Delgado, la periodista Herminia Fajardo, vinculada a la familia de Leandro Perdomo, además del comisario del evento, Félix Delgado López.

Todos ellos coincidieron en congratularse con esta apuesta institucional que potencia la divulgación y conocimiento de la trayectoria y trabajos de este sobresaliente literato canario del pasado siglo, enraizado en la saga de los Spínola, conocida estirpe familiar de Lanzarote por su mecenazgo en pro de la cultura.

*Publicado en La Provincia el 3 de septiembre de 2022.

Detenido por los sublevados durante la guerra civil del 36, compró su libertad y la de su familia para volver a Londres

«David J. Leacock fue uno de esos británicos que trajo un tipo de agricultura nueva y fue probablemente en su momento la persona más impresionante en el sector». El botánico y director del Jardín Canario, David Bramwell (Liverpool, 1942-Las Palmas de GC, 2022) definió así a su compatriota y personaje, recién biografiado en una obra de casi 500 páginas, que será presentada el jueves próximo en el teatro consistorial de Gáldar. La ciudad norteña le había declarado hijo predilecto años atrás, y Guía rotuló con su nombre una de las calles del casco urbano.

27. Amado Moreno d entrevista en Becerril de Guia para Diario de Las Palmas al cineasta Philip Leacock i en presencia de su padre D.J. Foto de Paco Luis Mateo 1971Foto: David J. Leacock (c), testigo de la entrevista entre su hijo Philip, cineasta, y Amado Moreno, para Diario de Las Palmas en 1971/PACO LUIS MATEOS

La publicación alumbra de lleno por vez primera sobre la figura y la trayectoria en Canarias del empresario inglés que catapultó al sector agrícola canario, y contribuyó decisivamente a su modernización, en particular el cultivo de plátanos durante los siglos XIX y XX en la comarca Noroeste de Gran Canaria, tras fijar su residencia en Guía, donde hoy descansan sus restos.

La voluminosa documentación, tanto literaria como gráfica, ofrece una amplia mirada sobre la incesante actividad y vida apasionante de David J. Leacock, «un hombre republicano, mitad socialista, mitad comunista», como confesó su hija Martha Leacock Crawford en noviembre de 2017 a LA PROVINCIA/Diario de Las Palmas, durante unas vacaciones suyas en Sardina del Norte, dejando atrás por unos días el duro invierno escocés.

Sergio Aguiar: «Pasó un calvario para recuperar las propiedades que le habían sido embargadas tras ser perseguido»

El pensamiento político de izquierda del biografiado tuvo consecuencias. Al inicio de la Guerra Civil sería detenido y, posteriormente, forzado a abandonar Gran Canaria para regresar a Inglaterra, de donde no volvió hasta el año 1963. Durante aquella veintena de años que estuvo ausente de Canarias por no tener garantizada su seguridad tras la Guerra Civil, David J. Leacock protagonizó misiones internacionales en distintos países y ciudades como Belgrado y Ginebra, en calidad de comisionado por Naciones Unidas para la Agricultura, siendo acompañado de su segunda esposa, Florence Elizabeth, y Martha, su hija más pequeña.

RUSSELL CON MISTER LEACOCK 1Foto: Año 1935. Bertrand Russell, Premio Nobel de Literatura 1950 (i), sentado frente a David J. Leacock con su segunda mujer, Florence Elizabeth, y la madre de ésta, Marta Church, en la residencia guiense del empresario británico/LP-DLP

Avatares importantes como su detención y puesta en libertad, y otros no menores que afectaron profundamente a su ámbito personal y al económico, son recogidos en la biografía aludida, que llega a las librerías ahora con el sello de la editorial Mercurio y las firmas del historiador y archivero municipal guiense Sergio Aguiar, y del ingeniero agrónomo Augusto Álamo. Ambos demuestran haber buceado en multitud de archivos de España, Inglaterra, Portugal y Estados Unidos para obtener un retrato fidedigno, vital y empresarial de David J. Leacock, incluyendo un desplazamiento al norte de Escocia, donde sigue viviendo Martha, la única hija superviviente.

El libro no se limita a describir el liderazgo del protagonista en el campo canario. También aborda su incursión en la selecta sociedad londinense de la época, gracias a los contactos de su primera esposa, Jessie Etchells, vinculada al ‘Círculo de Bloomsbury’, refugio de intelectuales y artistas. Nada extraño resultaría entonces que los Leacock alojaran en 1935 en su mansión de Becerril de Guía al literato y filósofo inglés Bertrand Russell, Premio Nóbel de Literatura quince años después.

La atractiva personalidad e influencia de la primera esposa de David J. Leacock serviría a éste de gran ayuda para proyectar su futuro, como pone de relieve la biografía. Ella, además, inspiró no hace mucho tiempo al escritor Javier Estévez una luminosa obra de teatro, con un pulcro texto literario centrado en el pensamiento, carácter, energía y empatía de Jessie.

De su matrimonio con DJ Leacock nacieron cuatro hijos. Los dos varones, Philip y Richard, alcanzaron notoriedad internacional en el cine y en las televisiones de Inglaterra y EE.UU.

Robert de Niro y Martín Scorsese, entre otros, lamentaron el fallecimiento en París, en 2011, de Richard Leacock, cuando estaba a punto de cumplir 90 años. Confesaron su reconocimiento por el trabajo excepcional de este compañero suyo como realizador técnico, aunque su prestigio como documentalista no era inferior, labor en la que brilló como militar de Aviación en Asia durante la II Guerra Mundial.


5b7ce62e 45c5 4294 aefe 5bf791dd9f76 16 9 discover aspect ratio default 0Foto: Estado actual de abandono y ruina de la antigua mansión de los Leacock en Guía, donde se alojó Bertrand Russell. | | PACO L. MATEOS

A Philip la fama le sobrevino en la dirección de títulos cinematográficos de Hollywood en los años 50 y 60, con actores de renombre, Steve McQueen, Shirley Amne Field y Robert Wagner (El amante de la muerte), o Dirk Bogarde (El jardinero español). También cultivó las series televisivas, dirigiendo Falcon Crest, Dinastía y El Virginiano, entre otras muchas.

Decisión cuestionable
La primera idea de David J. Leacock respecto al futuro de su patrimonio agrícola –con más de medio millar de trabajadores en cuatro municipios del Noroeste- era legarlo a sus hijos. Sin embargo, la voluntad de todos éstos por orientar sus vidas por otros derroteros –desveló una de las hijas al cabo de los años-, obligaría al patriarca a confiarlo a un reducido grupo de su personal más cercano. El paso del tiempo mostraría lo cuestionable de la decisión, tras el resultado decepcionante en la gestión de los herederos, extremo que no habría entrado en los cálculos del gran benefactor testamentario, fallecido en 1980.

Sergio Aguiar, firmante de la biografía, llama la atención sobre las variadas facetas del personaje estudiado: «Destacaría, de acuerdo a la tradición oral, su bonhomía, que se traducía como indica el término en afabilidad, sencillez y honradez en el carácter y en el comportamiento. David J. Leacock fue en el periodo de la Guerra Civil perseguido por los militares y civiles sublevados. Sus tierras eran muy apetecibles para un sector de la oligarquía agraria de la comarca. Fue detenido y tuvo que comprar su libertad y la de su familia con una generosa «ayuda» al ejército golpista. La presencia de un barco de guerra en las islas y la presión del cónsul inglés hizo posible su puesta en libertad. Pasó un verdadero calvario para recuperar sus propiedades que fueron embargadas, cerrándole además el acceso a los bancos españoles».

IMG 20180818 WA0039 1024x768Foto: Los autores de la biografía, Augusto Álamo y Sergio Aguiar, en Escocia para citarse con Martha Leacock/ CATALINA RIVERO

«En mi opinión, este estudio biográfico no es un capítulo cerrado, pues al tratarse de un personaje tan poliédrico, hay aspectos de su vida que aún son desconocidos, pero que ante la falta de fuentes documentales en España no se ha podido indagar», añade Aguiar.

Recuerda que los Leacock eran ante todo una familia de comerciantes de origen inglés, radicados en Madeira, que a finales del siglo XIX comenzaron a invertir en Canarias con motivo de la crisis de la filoxera en las vides de aquella isla. Con John Milberne Leacock expandieron los negocios a los cultivos de exportación que se daban en Canarias: plátanos, tomates y papas principalmente. Todo ello dentro del imperialismo económico inglés, muchas veces en manos de particulares, organizados en poderosas compañías, respaldadas por el Estado británico para asegurar sus inversiones respecto a posibles conflictos locales o con otras potencias.

«En el caso de Canarias los ingleses monopolizaron durante varias décadas el comercio del plátano y tomate. Una de las razones por la que surgió en 1922 el Sindicato Agrícola del Norte de Gran Canaria, al que en 1926 se une David J. Leacock, heredero de la propiedad que la familia tenía en la Isla», remata el investigador.

Por su parte, Augusto Álamo, coautor de la misma obra, evoca determinadas vivencias para explicar su dedicación intensa a este trabajo: «La curiosidad mía por conocer al personaje se remonta a los ya lejanos años 60 del pasado siglo. Cuando jovencito acompañaba a mi padre por las tardes en su comercio en Guía y veía pasar a un señor alto con sombrero blanco y corbata de pajarita en un Peugeot 404 furgoneta. Nos levantaba la mano en señal de saludo, siendo correspondido por mi padre con un ¡ahí va el hombre! Mi interés por saber más de aquella persona se acentúa cuando en el año 1980 lega al fallecer sus propiedades a once de sus más allegados trabajadores. Aquella curiosidad se convierte a partir de aquel momento en una necesidad, que se ve recompensada años después con este libro».

Augusto Álamo: «Mi interés por su figura se acentúa cuando fallece en 1980 y lega su patrimonio a once trabajadores»

Abunda en otro detalle significativo: «Cuando D.J. Leacock tiene que salir precipitadamente de Gran Canaria el 2 de agosto de 1936, ignoraba que no regresaría a ver su montaña hasta las navidades del año 1963. Es decir, 27 años después. Durante ese tiempo soportó un doloroso exilio en el que tuvo traumáticas añoranzas de su amada montaña, pero siempre mantuvo la ilusión por verla de nuevo. De ahí surgió el título editorial: El inglés que amaba la montaña.

5. Jessie y David John en su casa de Becerril de Guia 951x1024Foto: Con Jessie Etchells, su primera esposa, David J. Leacock en su casa de Becerril de Guía/Archivo de la familia Leacock

Considera por último que «si interesante fue la vida de David J. Leacock, no lo ha sido menos la de sus esposas Jessie y Florence Elizabeth, ni la de sus hijos Lisbe, Philip, Ursie, Ricky y Martha, siendo una de las familias más singulares e internacionales que han residido en la comarca Noroeste de Gran Canaria, formando parte ya de nuestra historia, que también es la de ellos».

Justo homenaje

Jorge A. Liria, editor de Mercurio, expresa su satisfacción por esta obra biográfica en la medida que «responde a un proyecto de varios años de indagación en archivos canarios y extranjeros. Los autores rinden justo homenaje a una de las personalidades más trascendentales para el Noroeste grancanario. Su biografía presenta una dimensión mayor al espacio físico de los municipios de Guía de Gran Canaria, donde residió, y los de Gáldar, Agaete o La Aldea de San Nicolás, donde radicaba la mayoría de sus negocios.

Su impronta personal fue más allá de continuar con la tradición de la empresa familiar de los Leacock. Sumó a su perfil de empresario otro más social, cultural y filantrópico que le granjeó a lo largo de su vida alegrías, y también disgustos con las autoridades del momento».

A su juicio, el personaje analizado está en el ideario colectivo de la comarca y por extensión a todo el agro canario. «Sin embargo –advierte-, el paso del tiempo va dejando en el olvido lo que significó, más aun en unos momentos actuales donde los tiempos vitales son tan caníbales.

imagen portada Leacock 3 725x1024La edición de esta obra permite que su figura, en toda su amplitud, sea reconocida y descubierta a todos los que lo pudieron conocer, pero también a quienes lo desconocían y que podrán descubrir hoy gracias al trabajo de Aguiar y Álamo. Sin duda, David J. Leacock es fascinante, idealista, y sin cuya existencia es posible que la historia de la comarca Noroeste de Gran Canaria fuera distinta».

Su biografía, de casi 500 páginas, fue presentada el jueves en el teatro consistorial de Gáldar, con el sello de Mercurio

El tinerfeño Nicolás González Lemus, autor del laborioso prólogo, escribe que la publicación «contribuye a rellenar el vacío existente en la historiografía canaria de una de las familias más destacadas de la comunidad británica entre los siglos XIX y XX. Enhorabuena a los autores por el espléndido trabajo monográfico para la historia social y económica de las Islas Canarias contemporáneas».

Trae a colación, con sentido de oportunidad, que no en vano la presencia británica en Canarias es un rasgo distintivo de la historia de las islas: «Para hablar de ella probablemente debemos empezar a hacerlo desde el mismo momento de la expansión atlántica por los europeos. Ya desde las primeras décadas del siglo XVI los británicos aparecieron por nuestras latitudes y desde entonces hasta hoy su presencia nos resulta muy familiar».

*Publicado en La Provincia el 3 de julio de 2022.

Diferentes protagonistas del municipio que nos dan a conocer este rincón de Gran Canaria.

Agradecer a ellos y ellas el esfuerzo y cariño que han puesto en el reportaje.

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